logo_aresprensa_notas
BREXIT, PARTE DE LA GRAN CRISIS

ACTUALIDAD  //  DOXA  //  Publicado el 29 de septiembre de 2019  //  15.30 horas, en Bogotá D.C.

 DOXA *

 

BREXIT, PARTE DE LA GRAN CRISIS

 

El ascenso de Boris Johnson a la cúpula de decisiones de brújula en el Reino Unido, enconó lo que eran unas uñas encarnadas por un Brexit en el cual todos los interesados tienen demandas y urgencias. En esa mixtura no están ausentes los resentimientos históricos, la displicencia añeja de los sajones frente al continente y los resentimientos de los continentales ante los británicos. En  apariencia todos tienen razón pues nadie puede obligar a los  orondos habitantes de las islas a ir aparejados con las crisis de los vecinos y los  otros, que tienen de arranque un peso específico propio, no están dispuestos a soportar más desplantes de los insoportables que se quieren ir del pacto europeo sin mayores traumatismos. Quieren por ejemplo apartarse a medias pues pretenden evitar los chamuscones económicos, políticos y de peso simbólico que deja la separación, pero eso cada vez está más lejano. Aunque agitada con trazas de alta temperatura a lado y lado del Canal de La Mancha, tanto como dentro del propio territorio donde surgió el lío y la furrusca, por momentos la polémica parece bajar de decibeles, aunque con esa calma que anuncia mayores tormentas. Esa agitación ya dejó por el camino a David Cameron y a la ex primera ministra Theresa  May. En tanto Johnson aun cuando no está tan lastimado por lo reciente de su gestión, tampoco deja de estar en capilla porque ya muestra raspones que pueden convertirse rápido en heridas mayores con la evolución de la crisis sin salida a la vista.

 

Si esa sin salida se prolongase la suerte del nuevo primer ministro estaría echada y la decisión de la monarca en el  sentido de autorizar de forma implícita una salida de la Unión sin acuerdos, le agrega combustible al incendio en las relaciones con los vecinos siempre prevenidos ante las decisiones del país que fue imperial y lo hizo notar a lo largo de  su hegemonía de más de un siglo. Es que  la incertidumbre generada después de la decisión entre paréntesis por parte del electorado británico, en julio de 2016,  de alejarse del acuerdo europeo no podía prolongarse al infinito. El límite en el tiempo está a  la vista, ya que los partidarios de volver al aislamiento temen que una nueva consulta sea negativa para ellos. En tanto, los opositores apuestan por un cambio en la suerte de las urnas con un nuevo referendo para mantener el statu quo de la unidad europea. Unidad ahora resquebrajada y con una Europa que está cargando su propia crisis.

Porque queda claro que en buena medida Londres no quiere seguir atada a los problemas del continente, como siempre pretendió con políticas de antaño y de largo plazo, las que le dieron buen rédito. Baste recordar que su intervención en las  dos últimas guerras mundiales alcanzaron una victoria que les significó el final del imperio pero la victoria pírrica en el campo de batalla. Incluso antes, se debe también evocar que la victoria de Nelson en Trafalgar -1805- les permitió consolidar el proyecto  imperial que gestó la Revolución Industrial, e iniciar el crepúsculo irreversible de quienes eran sus verdaderos rivales de la época: los españoles. En ese mismo hecho naval comenzó también el declive del enemigo de coyuntura: Napoleón Bonaparte y de una Francia con desmedida pretensión imperial. Ya habían  intervenido con cuentas propias a favor -obtuvo Gibraltar- en la sucesión española de inicios del siglo XVIII, para que los borbones se hiciesen con el trono del imperio español, por entonces en todo su esplendor.

Queda claro con esa descripción que a los  británicos solo les interesaron los conflictos europeos en tanto tuviesen la alternativa de definirlos con ventajas para sí mismos. Lo que ocurre ahora es bien distinto. Aparte de la  baja en la capacidad europea para hacer frente a la crisis de baja productividad, pérdida de competitividad y crisis laboral, también debe afrontar la crisis migratoria. Tanto la que fluye desde Europa oriental como la que se desborda por el Mediterráneo y está compuesta por los desesperados de África y del Medio Oriente, ambas regiones bajo el peso de los conflictos sin salida o de la miseria a secas. Es eso uno de los grandes frentes de conflictividad que en la perspectiva del inglés del común y conservador, es para ellos  una amenaza latente y presente. También lo es para los otros prejuiciosos que habitan el continente pero es claro en ambos casos que Europa ya no volverá a ser la tierra en que reinaba la gente rubia y de ojos azules.  

Además se debe tener en cuenta que mientras estuvo el Reino Unido en el acuerdo europeo no adoptó el euro como moneda propia y se mantuvo en la libra esterlina. Es decir con un pie económico y de soberanía por fuera de los convenios que aceptaron los demás socios. Por otro lado, Londres por fuera de la unidad es una suerte de canto de sirena para Washington y eso es algo que ya hizo evidente de varias maneras el presidente Donald Trump. La amenaza del terrorismo basado en ideologías fundamentalistas es un factor agregado que también atemoriza a quienes aspiraban a estar apartados de los conflictos del continente y votaron por la salida del pacto. Ganaron por una diferencia mínima de un 52 por ciento, es cierto, pero fue suficiente para precipitar el conflicto que se profundiza para unos y otros. Para los del continente, para los que respaldaron el sí pero temen un eventual nuevo referendo y para los que no ganaron pero suponen que podrían lograrlo con una nueva puja  en las urnas.  

Lo cierto por el momento es que el nuevo primer ministro ve peligrar su flamante cargo por haber engañado a la reina al sugerirle el cierre temporal del Parlamento, pasando por alto que se trataba de una opción al margen de la ley. A medida que pasan los días y se acerca el momento de los decisiones y acciones definitivas la intranquilidad crece, no solo en Londres. Escocia reclama su derecho a decidir sobre su permanencia en el Reino Unido si se cae de manera definitiva la relación con la Unión Europea, pues a los  escoceses los favorece mantener la relación con el bloque continental y porque este pueblo del norte de la isla tiene buena memoria histórica sobre lo que significó el aceptar la hegemonía de Londres. Por su lado, los irlandeses se muestran reticentes a la lógica de los británicos, debido a que la salida del brexit los deja a ellos ante los  irlandeses del norte con los  acuerdos de paz en el aire, y con la eventualidad de levantar otra vez la odiosa frontera que los separa de los unionistas. Un panorama al que deben sumarse las consecuencias económicas, que hacen temblar a las empresas, algunas ya en situación de quiebra (aresprensa).  

EL EDITOR  

------                                     

* La columna Doxa expone la posición editorial de la Agencia ARES

---------

VÍNCULOSAMAZONIA, TIERRA QUEMADA  //  EL KARMA DE LA JEP
Actualizado: domingo 29 septiembre 2019 17:34
Articulos relacionados: ARTEBA 28, FRENTE A LA CRISIS CENTENARIO DE LA GRAN GUERRA ARTEBA SORTEÓ CRISIS ARGENTINA FILBA 44, ARRANCÓ LA FERIA GRANDE LA GRAN OLA DE HOKUSAI DOS CRISIS EN LA REGIÓN LA CRISIS ENTRA A LA CANCHA "FICCI" A LO GRANDE DOS GRANDES AFUERA ARMANDO VILLEGAS, EL ADIÓS A UN GRANDE
unión europea londres brexit

Visitas acumuladas para esta nota: 964

¡SÍGANOS Y COMENTE!