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APOLO 11, MEDIO SIGLO DESPUÉS

PATRIMONIOS CULTURALES  //  CINE  //  Publicado el 16 de julio de 2019  //  10.00 horas, en Bogotá D.C.

 

APOLO 11, MEDIO SIGLO DESPUÉS

 

Fue una epopeya y una leyenda reciente, esto último si se considera como reciente algo que ocurrió hace medio siglo, pero que está siempre presente porque la comunicación masiva y la propaganda al infinito no dejan que el interés decrezca, no tanto como para que la epopeya caiga en el olvido. Hace  media centuria el hombre llegó al satélite natural de la  Tierra, llamado Luna y selló una aspiración ancestral de todos: salir de su burbuja cósmica, si fuese eso lo que se considera del planeta residencia de la humanidad. De forma curiosa, debe señalarse que la cristalización del sueño se había iniciado en el otro medio siglo previo -aproximadamente- cuando los intrépidos con sus máquinas voladoras comenzaron a incursionar por los cielos y ya se habían utilizados los nuevos y asombrosos aparatos en la Primera Guerra Mundial. Un lapso muy escaso entre uno y otro extremo  del tiempo, fulgurante en adelantos científicos que fue el siglo pasado. Tuvo tanta trascendencia lo ocurrido que dio para el folclore de la cultura de masas. En Francia el cantante Salvatore Adamo compuso un canción que se universalizó: “À demain sur la lune”. En tanto que en Buenos Aires, Amelita Baltar cantó para Astor Piazzola la “Balada para un loco”, que en una parte de su letra dice “¿...no ves que va la luna rodando por Callao...?, haciendo alusión a la concentración de gentes frente a los televisores en la vía pública, durante el suceso.  El documental sobre la hazaña se proyecta en Colombia entre este 16 y el 21 de julio.

 

Se trata de una película bastante completa en la descripción puntual de lo ocurrido en aquellas jornadas épicas, que tuvieron al mundo en ascuas y colgado de los televisores, caseros y los públicos que había por esa época. Se vuelve aquí a poner sobre la mesa aquel momento lleno de inquietudes, angustias y expectativas. Conjunto de consideraciones y emociones que también tuvieron la cuota de optimismo propio del espíritu de la Modernidad que lo hizo posible, y sin el cual no es viable llevar adelante las grandes empresas. La gran empresa, sin tener en cuenta los antecedentes necesarios, comenzó el 16 de julio de 1969 - hoy hace 50 años- y culminó el 24 del mismo mes, cuando el módulo de regreso amarizó en el Pacífico. Eso es lo que se toma como trama del relato fílmico en el trabajo de Todd Douglas Miller, que se presenta en las salas de Cinecolombia, en todo el país andino,  haciendo coincidencia precisa con los días en los que hace 50 años se desarrolló la expedición espacial, con apenas  3 tripulantes.

Ellos fueron, el comandante Neil Armstrong; Edwin Aldrin y Michael Collins. Llegaron al satélite del planeta de los hombres el 20 de julio y descendieron a pisar suelo lunar unas horas después. El primero en hacerlo fue Armstrong y lo siguió Aldrin sobre la parte sur del llamado Mar de la Tranquilidad. Uno de los viajeros, Collins, se quedó en órbita lunar, manteniendo el control de toda la operación y las condiciones necesarias para el regreso, después de superar los riesgos del vuelo de salida y aproximación al cuerpo estelar que orbita a la Tierra. Unos 600 millones de  personas presenciaron en vivo por sus televisores la hazaña y fue durante más de una década la mayor cifra de audiencia de un hecho de trascendencia mundial, cuando se posaron en el satélite.  El reloj marcaba en ese instante algo más de las 15.00 horas de la zona Este de los Estados Unidos. Todo lo demás y lo hecho en esos primeros pasos alrededor del módulo de alunizaje son bien conocidos por lo repetidos.

Armstrong - Collins - Aldrin  

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El filme que conmemora los detalles de la historia se recrean en las diferentes secuencias, con las conversaciones que mantenía la tripulación, la nave de regreso que orbitaba sobre ellos en el cielo lunar y los obvias comunicaciones entre los astronautas y la estación de control en tierra. El material fílmico se rearticuló a  partir de rollos de película que se hallaron en un depósito y habían quedado olvidados allí durante el tiempo suficiente como para que el realizador Douglas Miller pudiese cumplir su tarea de reminiscencia en imagen, sonido y movimiento. Las piezas reunidas agregan el llamado del malogrado presidente John F. Kennedy, anunciando el proyecto y esfuerzo de su país en llevar adelante la idea, a comienzos de aquella década y algo más de un año antes de su asesinato. Era época de aguda Guerra Fría con la hegemonía de Moscú, que se había adelantado en la carrera espacial y abofeteaba a los norteamericanos cuyos  fracasos eran notorios en esos primeros años de la década de los 60.

Padres alemanes del proyecto espacial norteamericano *

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Esa referencia obliga al contexto previo de la construcción de la  leyenda y todo lo anterior que permitió el exitoso alunizaje y el regreso también exitoso. Los Estados Unidos  necesitaban con ese proyecto revitalizar su prestigio de primera potencial mundial indiscutible y el mismo prestigio del presidente golpeado por el fracaso de la instalación en Cuba de un gobierno orientado hacia la preeminencia de la hegemonía impugnadora, después del resultado de la Segunda Guerra Mundial en la que quedó aniquilado el enemigo alemán. Es que sin el aporte de esos científicos germanos que lucharon contra los Aliados y fueron después llevados a Estados Unidos,  es probable que el viaje a la Luna hubiese tenido mayores tropiezos y no se hubiese salido a tiempo de los fracasos de  los lanzadores Vanguard, de fines de los años 50. El equipo de científicos y técnicos teutones fue insoslayable en el proyecto, constituido en el momento álgido de su desarrollo, con  al menos 12 de ellos, quienes incluso diseñaron el traje que llevó a los hombres en su misión  a la Luna.

Ese primer viaje fue de manera evidente la herencia de la ciencia germana al mundo y, como lo señala Borges en Requiem Deutschland, también parte no solo del legado de ese país sino del necesario sacrificio de una nación derrotada para que la humanidad siguiese adelante. La obra fílmica no hace mención alguna a quienes fueron la primera línea del proyecto, en solvencia científica, derivada de los ingenios desarrollados por Wernher von Braun, la cabeza del grupo llevado a Estados Unidos como prisioneros de guerra, en 1945. Él al frente de su equipo fue quien había diseñado las piezas de balística V-1 y V-2, anticipatorios de los cohetes Júpiter y Saturno, con los que después los Estados Unidos pudieron superar a los soviéticos en la carrera espacial. Pero ya se sabe que en general los vencedores poco o nada le reconocen a los vencidos y cargan incluso con el rédito de lo que saquean en territorio, archivos y depósitos de los doblegados. En el caso de Alemania y sus científicos fue en particular el despojo de sus avances, que estaban para la época por encima de quienes los derrotaron (aresprensa).   

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* De izq. a derechaErnst Stühlinger, Helmut Hölzer, Karl L. Heimburg, Ernst Geissler, Erich W. Neubert, Walter Haeussermann, Wernher von Braun, William A. Mrazek, Hans Hüter, Eberhard Rees, Kurt Debus, y Hans H. Maus. Tomado del libro de Javier  Casado “Wernher von braun: entre el águila a la esvástica”-

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Vínculo: Indiebo: Gente de lo universal
Actualizado: martes 16 julio 2019 11:02
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primer viaje a la luna

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