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ARGENTINA, AFUERA POR AHORA

Publicado el 30 de marzo de 2018 // 15.30 horas, en Bogotá D.C.

ARGENTINA, AFUERA POR AHORA

Los  españoles acaban de darle un cachetazo contudente a los jugadores argentinos que dirige Jorge Sampaoli, un paso antes de iniciarse el certamen mundialista, dejando delgadas posibilidades de tiempo y modo para corregir vacíos con dimensión de océano, irregularidades y errores incorregibles a esta altura de la circunstancia. Así las cosas y en los papeles que describen los hechos, la Argentina hasta ahora subcampeón del mundo, quedaría por fuera de Rusia 2018 en los tramos previos a los octavos o cuartos de final.  Es una selección que quedó desnuda en su precariedad: no muestra la jerarquía ni la fortaleza competitiva que permita augurar un buen destino para una selección que tuvo y tiene grandes astros en declive y que no ha podido renovarse con credibilidad como para afrontar un compromiso de máximo nivel, ahí, a la vuelta de la esquina.  Lo ocurrido en el último partido amistoso que afrontaron los australes ante España, puso pie en tierra dura  de realidades sobre las consecuencias de fenómenos recurrentes que han afectado al equipo que recoge la tradición del fútbol rioplatense, en lo que hace a sus peores momentos recientes. Ninguno de ellos superado.

Porque en paralelo debe decirse que el fútbol de la otra orilla del Río de la Plata muestra lo opuesto, en términos diametrales, de lo que debería revelar la Argentina con suficiencia posible. Eso es, la continuidad de un proceso que le dé consistencia a sus aspiraciones mundialistas. Las presentes y las pasadas recientes. Baste con decir que la Argentina tuvo una pésima eliminatoria y cambió tres técnicos en el ciclo. Quedó por fuera de los clasificados en momentos supremos y el milagro que le aportó Lionel Messi en el compromiso postrero en Quito le permitió alcanzar un último casillero clasificatorio. Ascenso de último segundo que no merecía por lo errático de lo que mostró en el curso de esa extensa puja. Algo que no es nuevo, ya desde Estados Unidos 94 la Argentina mantiene vaivenes y rumbo al garete en la elección de técnicos que garanticen no solo continuidad sino calidad de procesos y elección de jugadores con mérito suficiente. Lo ocurrido en aquel mundial norteamericano con Diego Maradona en su declive humano y deportivo, además de la indisciplina de vestuario junto con otros malos hábitos, hicieron el resto.

La interrupción abrupta de planes y programas serios en etapas germinales, completan el cuadro de declive en ese plano imprescindible  si se quiere competir con la élite. Que no se les pidan “ciclos” ni miradas de largo plazo a la dirigencia deportiva argentina, ni a sus mandos medios en lo operativo -eso incluye a sus técnicos- porque la visión anticipatoria, propia de la mentalidad moderna y no la del tercermundista, es mala palabra para ellos desde la era sombría del capo Julio Grondona y de su impresentable hijo, Humberto, grondonita chiquito o junior, como se le conoce en ciertos ambientes.  Fueron ellos, y en especial el segundo (un perdedor serial e integral) junto con el resto de la camándula dirigente de la Afa, quienes destruyeron la planeación de promoción y continuidad de nuevas figuras que estructuraron José Pékerman y Hugo Tocalli. Podría preguntarse a la actual conducción de la Afa al respecto para obtener el silencio o la retórica elusiva. En buena medida porque los actuales directivos, entre ellos Claudio “Chiqui” Tapia, fueron y siguen siendo parte de la mala tradición y mañas de los Grondona. A lo deportivo en sentido estricto debería sumarse lo extradeportivo del grondonismo que persiste en el seno y en las cuevas de las relaciones perversas que se heredaron.

Esa saga que depravó en la Argentina a la industria cultural llamada fútbol, fue punta visible y principal del escándalo de corrupción que envolvió tanto a la Fifa como a la confederación regional en tiempos recientes. Si Grondona padre no hubiese fallecido de manera imprevista y poco antes de que se precipitaran los acontecimientos -falleció el 30 de julio de 2014, poco después  de la derrota argentina en la final del mundial brasileño- es muy probable que fuese cabeza en la lista de presos en alguna cárcel de los Estados Unidos. Fue  este hombre una de los emblemas mafiosos del grupo de directivos latinoamericanos que, en asocio con empresarios venales, mantuvo durante años la madeja de corrupción que envileció los vínculos sociales, públicos  y privados de los macro negocios futboleros en la región. Ello junto con el manejo irregular de las concesiones multimillonarias por los derechos de transmisión televisiva y las coimas consecuentes, además de los tratos ilícitos con las llamadas “barras bravas”, sin excluir entre otros colaterales al tráfico de drogas que operan esas organizaciones de hecho y marginales en relación múltiple y tenebrosa con clubes y directivos.

Ese marco para nada recomendable ha rodeado en las últimas décadas a la organización del fútbol austral, por eso es que no pueden extrañar las en apariencia incomprensibles trastadas que sufre su selección de mayores. Un hombre como Sampaoli, elegido a las volandas cuando el team argentino estaba al borde de la eliminación del viaje a Rusia, ha recibido dos humillaciones contundentes durante su corto paso vigente al frente de los albicelestes: 4-2 ante Nigeria y esta última ante España, con seis pepinos a cambio de uno. No ha sido un accidente como sí pudo ser aquel 7-1 que sufrió Brasil ante Alemania en el mundial pasado. Nada de eso, en la cadena de humillaciones sufridas están aquellas dos recordadas, una de 5-0 ante Colombia en 1993 y el otro golpe aun mayor en la eliminatoria a Sudáfrica 2010, cuando el inefable Diego Maradona apareció con forzada chapa de técnico y cayó por 6-1 frente Bolivia. Las circunstancias y el propio grupo de jugadores -aparte del entorno descrito- están de manera evidente por encima de las intenciones del entrenador que, está claro, no puede controlar a entornos que lo superan.

Por eso no puede sorprender un medio campo y una retaguardia del seleccionado argentino actual que hace agua por sus flancos y por el centro, eso sin contar a los arqueros que cazan mariposas o se quedan detenidos ante la valla, mirando estáticos la seguidilla de goles que les marcan. O ver la realidad fracturada, tal como hizo Sampaoli al considerar que sus dirigidos habían tenido un primer tiempo “increíble” en el encuentro con España. Eso ratifica la por muchos comentada inmadurez subjetiva del entrenador. El conjunto no hace más que reafirmar la liviandad de ideas y la disolución que campea para los argentinos en su arquitectura del fútbol, como reflejo insoslayable de la aguda crisis de valores e institucionalidad del mismo país. Dirigentes cachivaches no pueden hacer otra cosa que nombrar técnicos cachivaches y estos en deriva incierta, armar grupos de competencia con iguales características, sin poder eludir el sino del hundimiento. Es cierto que en este tipo de deportes pueden ocurrir milagros como el ya mencionado de Quito, pero debe observarse que los milagros son aleatorios y por ello es que no suceden con frecuencia.    

 Uno de los factores inmediatos que afecta el funcionamiento integral de la selección argentina parece ser el hecho agregado de que hay un núcleo interno que controla la nómina y no permite una sustitución de un grupo privilegiado que por veteranía y por reiterados fracasos ya debería estar por fuera de las convocatorias. Gonzalo Higuaín, Javier Mascherano o Lucas Biglia ya no son funcionales -a la vista de todos- y sin embargo allí siguen. No son los únicos y lo más dramático de la situación es que todo indica que quien sostiene a rajatabla el embeleco que lleva al precipicio es el único e insustituible de esa lista, el genio: Lionel Messi. Él parece estar al frente de sus cercanos fracasados, en manguala de lastre. Sampaoli tiene por delante, sin tiempo, espacio, ni forma, unos problemas que se muestran insuperables para mejores esperanzas. Tiene también en contra el hecho de que, al igual que quienes lo antecedieron en épocas recientes, es incapaz de contener a esos astros que imponen condiciones. En cuanto a Messi, pareciera que su genialidad en situación de juego queda compensada por el vicio de la compinchería con sus amigos mediocres (aresprensa).

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Actualizado: viernes 30 marzo 2018 15:46
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