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ARGENTINA DESPERTÓ

Publicado el 26 de noviembre de 2015 / 19,50 horas, en Bogotá D.C.

ARGENTINA DESPERTÓ

La rápida definición del gabinete presidencial y el exabrupto de la presidenta saliente Cristina Fernández en contra del presidente electo, fueron el corolario de los tres días posteriores al triunfo del independiente candidato presidencial Mauricio Macri, en las elecciones que definieron el balotaje por la sucesión del kirchnerismo en la azotada República Argentina. Es el fin de un mandato escabroso y también lo es de una era que se encaminaba al autoritarismo simiesco que ha sido característico de algunas etapas de la historia argentina y que ahora campea en otras sociedades también azotadas, como la venezolana. El desplante de la autocrática y operática Cristina Fernández vuelve a poner en escenas sus desvaríos psicológicos y su desprecio por la democracia. Los Kirchner y su facción termocéfolarepresentada en el grupo “La Cámpora”, llegaron con la intención de refundar la política argentina y alinearla con el gobierno forajido de Venezuela, pero se hundieron en sus miasmas de corrupción, además de crímenes contra el Estado y el deterioro de la convivencia entre los argentinos.

Escribe: Néstor DÍAZ VIDELA

El desmoronamiento fue rápido pero los síntomas previos fueron continuados y de abultada casuística en el último año, demostrativo como acumulado de la caída inevitable del tinglado autoritario y delirante que se montó en esta renovada “década infame” que inauguró el matrimonio Kirchner, allá por el año 2003. El nuevo equipo de gobierno es un grupo joven en promedio de edad y se destaca por sus competencias técnicas y de emprendimiento económico empresarial, más que políticas, aunque en especial bien diferenciado de las sombras de no pocos funcionarios que acompañan la gestión de Fernández, señalados y acosados por la justicia. Situación que no excluye a la propia presidenta y a sus familiares más cercanos.

Pero el triunfo de Mauricio Macri muestra que más allá del optimismo inicial, necesario y ansiado, el nuevo tiempo que arranca el 10 de diciembre tiene nubarrones y presagios que acotan la emotividad inicial. Nada es perfecto y nada se habla del proceso e investigaciones futuras sobre la muerte del fiscal Alberto Nisman, ocurrida en enero de este año, caso en el cual todas las pistas conducen a la posibilidad cierta de un crimen de Estado en el que podrían estar implicados altos responsables de la administración saliente y de la República Islámica de Irán. Tampoco se alude a la evolución de las investigaciones en el caso Cristóbal López, el zar del juego en la Argentina, y sus compromisos con la alta política del país que alcanzan a Cristina Fernández y también a Macri.

Eso en lo que hace a financiamiento de esfuerzos políticos y la consecuente autorización para más salas de juego, abiertas a todo público, que han llevado a la Argentina a la condición de garito inmenso. Macri además, tiene procesos abiertos por las denuncias de escuchas ilegales a ciudadanos, que habrían ocurrido durante su gestión como intendente (alcalde) de la ciudad de Buenos Aires. Un detalle agregado a lo anterior es el señalamiento de que ambos candidatos en competencia durante el pasado balotaje, representaron a una generación posterior a la violencia de los años 70, al contrario de la mandataria saliente y de su fallecido cónyuge, el expresidente Néstor Kirchner. También es claro que ambos son exponentes de un estrato “light” de la política argentina, no tan influenciados por los imaginarios trascendentales que movilizaron la violencia ya referida y envolvió a la guerrilla y a las fuerzas armadas en su conjunto, victimizando como excrecencia al resto de los argentinos.

La crítica en discurso público de Fernández -el primero después de la derrota en las urnas de su heredero forzado, Daniel Scioli- bordeó ese tema al decir que “un país no es una empresa”, al hacer alusión tangencial a ese perfil empresarial exhibido por el gabinete de Macri y conocido pocas horas antes de su alocución. Lo cierto es que la furia de la presidenta con la derrota no tuvo simulaciones y se manifestó antes de ese discurso, al sacar a las volandas de la residencia presidencial de Olivos -en las afueras de la Capital Federal- al presidente electo, en uno de sus típicos desplantes que han sido factor de su derrota y la de sus elegidos. Ya se sabe que Fernández tiene desequilibrios emocionales que explican esos arranques y que la ponen en la condición de “vieja loca”, lo cual nadie niega en la Argentina y es un secreto a voces, ya para nada secreto.

Nada será fácil para Macri en su gestión desde el inicio, no contará el nuevo presidente con las mieles de una luna que ilumine a su pueblo y a él mismo. Nada de eso, los conflictos represados y a punto de estallar lo esperan en la puerta de la Casa Rosada desde el primer día. Lo económico, que es grave para el país resulta apenas uno entre los innumerables contratiempos que amenazan su gestión y la gobernabilidad del país desde el primer minuto. Uno de ellos, en la larga cadena, es que la señora Fernández vació las arcas del tesoro nacional depositadas en Banco Central de la república. Esto es, arranca la nueva gestión presidencial sin un peso en el bolsillo presupuestal. El derroche, los subsidios indiscriminados y la “mala praxis” administrativa agotaron hasta la bancarrota el patrimonio nacional en moneda dura. El nuevo presidente ganó la pulseada electoral con un magro 3 por ciento por encima de su rival y debe ahora generar músculo político con mayores alianzas constructivas y buena praxis, si quiere tener éxito en reencauzar a la Argentina en el deber ser de una sociedad exitosa, aún postergada en esa aspiración.

Durante el kirchnerato el país perdió la autosostenibilidad energética y debe ahora importar más de 10 mil millones de dólares anuales en insumos de este rubro, al tiempo que se subsidia el consumo de energía en estratos medios y altos, en una política de locos que golpeó aun más, las finanzas del Estado. Ese no fue el único movimiento errático en el plano de los hidrocarburos. La dupla Kirchner pasó de una política privatizadora a ultranza de la principal empresa argentina en este rubro -YPF- a una de estatización y enajenación simultánea de los recursos del subsuelo. Algo incomprensible para la racionalidad normal, pero en la línea que durante los últimos años pareció imperar en el interior de la Casa Rosada. A todo esto se debe enfrentar Mauricio Macri, y es parte de la torta envenenada que le deja Fernández. El nuevo presidente deberá también lidiar con un poder legislativo que no controla de manera plena y deberá buscar acuerdos que le permitan impulsar leyes de transformación y reacomodo de la estructura institucional, golpeada con dureza por los desatinos de la administración que se va

Además, debe enfrentar el nuevo gobierno una inflación cercana al 30 por ciento y una pobreza que afecta a un tercio de los argentinos. En condición de default técnico también debe Macri asumir la sombra de la deuda externa impaga, que aísla a la Argentina del mundo y le cierra el crédito internacional y la credibilidad como Estado serio, que cumple con sus obligaciones.  Allí no termina el lastre de la herencia nefasta: Macri ha señalado que denunciará y dará marcha atrás con un artero “pacto de entendimiento” con Irán, que hubiese echado por tierra con los procesos que se siguen por la responsabilidad del estado islámico en los atentados terroristas acaecidos en Buenos Aires contra la comunidad judía y la embajada de Israel, en la década de los 90. Un conjunto de oscuras situaciones enlazadas que parecen haber terminado en un atentado exitoso contra la vida del fiscal Nisman, justo cuando el funcionario de la justicia iba a hacer las denuncias al respecto ante el Congreso y como final a una década de investigaciones sobre el caso. La denuncia del fiscal argentino iba a comprometer de manera severa a Cristina Fernández y a su entorno, en la intención de cubrir con impunidad al terrorismo internacional.

En su misión autoimpuesta de poner en orden la casa y a la aspiración hacer caminar a la Argentina en la senda de cualquier país normal, Macri ha señalado que denunciará también a Venezuela por su continuada carrera en la violación de derechos y libertades a los ciudadanos de ese país, en particular los de la oposición. Se rompería así con el cómplice silencio de la mayoría de los gobiernos americanos frente a la dictadura de Nicolás Maduro y de sus viles atropellos, que van de la mano con el hundimiento económico y la miseria que avanza sobre la población de ese país. El solo anuncio de ese viraje se asemeja al despertar de una pesadilla que Cristina Fernández se resistió a terminar pues, además de todo lo señalado en enumeración parcial, debe decirse que el gobierno de Fernández fue un aliado leal y silencioso frente a los desmanes del chavismo. Vale decir, ella ha sido hasta hoy uno de los “caínes de América”, que callaron y callan ante las tropelías de la corrupta dictadura venezolana, aliada además con el terrorismo internacional (aresprensa).

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