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ARGENTINA SALVAJE II

ACTUALIDAD //  Publicado  el 09 de diciembre de 2018  //  20.15 horas, en Bogotá D.C.    

 

ARGENTINA SALVAJE II
 
 
Entre el exitoso trámite del reciente encuentro universal del G-20 y la languidez del trámite que término en la disputa de una final de Copa Libertadores en Madrid hay un abismo insondable, una grieta. Una más de las varias en las que se hunden los argentinos desde hace décadas.  Es la muestra en carne viva  del contraste de un país que es capaz de hacer las cosas bien aunque sean excepcionales frente a las frecuentes que hace mal y en seguidilla. Una dialéctica que tiene de un lado a cinco premios Nobel -uno de ellos fue el primero que obtuvo América Latina y tres más en ciencias- y por otro el alto nivel de inseguridad, la toma de una parte de la sociedad por el narcotráfico, las entidades delictivas variadas, junto con la violencia en el fútbol y sus operadores directos, ahora en evidencia plena para vergüenza del pais: los irreductibles “barras brava”, que conforman un amplio frente mafioso. Estos ya no son solo fanáticos violentos bien afirmados en su papel marginal sino que son verdaderas organizaciones mafiosas con fuertes relaciones en el poder. Nadie debe llamarse a engaños al respecto, los “barras” llegaron, crecieron y se multiplicaron como un suerte de maldición bíblica que evolucionó con las restantes variables de degradación de la sociedad argentina.

 

El partido definitivo entre River Plate y Boca Juniors se suspendió en la Argentina y se decidió por parte de la Conmebol para que se jugara en Madrid, como sanción razonable y por una elemental negativa a que los  riesgos por la inflexión de los cánones de seguridad en el país se repitiesen. Tenían razón los dirigentes del fútbol regional sudamericano porque no es la primera vez que los argentinos renuncian a contener las condiciones que imponen los violentos. Tampoco es la  primera en que estos demuestran que pueden doblegar la voluntad eventual de las autoridades a ponerles freno. Es un círculo para nada virtuoso que se repite: las organizaciones de delincuentes vinculadas a este deporte de masas comparten poder de amenaza, extorsión y operaciones ilegales con parte de los dirigentes. No solo con los directivos del juego en la cancha, también con los traficantes de drogas, en los negocios callejeros informales alrededor de lo estadios, con los dirigentes sindicales y, por si no fuese suficiente,  con los políticos.  
Es una madeja impresentable y hasta el momento pareciera irreductible. Tanto que por estos días el poder legislativo dejó hundir el trámite de la ley que penalizaba con medidas excepcionales a los protagonistas de la violencia que anida en el fútbol argentino. A nadie le quedan dudas sobre lo profundo de los intereses que dan impunidad a esas organizaciones tenebrosas y que desde la Argentina profunda la derrumban como sociedad y estimulan su disolución institucional. Es esa la Argentina salvaje que muestra en este escándalo una de sus variados y múltiples rostros cortados y tallados en las normas ocultas del hampa, las cuales se nutren de la perversión de quienes las orientan y amplían. También la justicia cumple su papel en lo que está contra natura y para muestra está esa fiscal, Adriana Bellavigna, quien dejó en libertad al hincha de River Plate que fue localizado y privado de la libertad por la policía. Había sido responsable de arrojar una botella como proyectil contra el ómnibus del Boca Juniors que llevaba al equipo de ese club para disputar el partido definitivo de la Copa Libertadores, en el estadio de su rival.
Una acción vandálica que se sumó a otras en ese desplazamiento del vehículo y que lastimó de manera delicada a uno de los jugadores. La atípica salida  del presidente de la Conmebol y de la  cúpula disciplinaria de la institución rectora del fútbol sudamericano, al negar que el partido definitivo se jugase en el famoso Monumental del barrio de Núñez -al norte de la capital federal argentina- le dejó a Madrid el difícil privilegio de ser la sede del encuentro final. Todo el proceso postrero fue también contra natura y eso se pone de relieve en el hecho de que el cotejo tenga por sede a España. La Copa Libertadores, una de las competencias emblemáticas del balompié sudamericano, lleva el nombre de la saga que desmembró al imperio español a principios del siglo XIX. Es curioso y tan contradictorio como paradójico que el partido definitorio de la competencia tuviese por sede a la que fue potencia imperial contra la que lucharon aquellos que con esta competencia se pretende homenajear como “libertadores”.
Pero la vergüenza debida al salvajismo de los hinchas hizo que el exabrupto reiterado de la violencia terminase en este otro exabrupto simbólico. Una razón más para sonrojarse, puesto que ese es el resultado de que el conjunto social consienta, aunque lo rechace ante la vista del ingenuo, que la estructura del fútbol local se maneje de manera tolerada por parte de las mafias. Unos malhechores seriales a la vista de todos, quienes están vinculados con las otras mafias que operan en la sombra y son tan anfibias como adventicias con los dispositivos del Estado: policía, justicia, legisladores, sindicatos y políticos. Esa madeja salvaje  tarde o temprano termina mal y aunque ese destino de infortunio ya se ha manifestado, los responsables no escarmientan y siguen adelante. Siguen perjudicando al resto de la sociedad que quiere vivir en paz aunque atribulada por los problemas que la golpean.
Muchos de esos problemas han sido generados por los políticos mafiosos que amparan y se amparan en otros eslabones organizados del delito que incluye a los barras brava. También debe decirse al respecto que parte de esa sociedad vive una suerte de anomia frente al obsceno panorama extendido. La señalada decisión de la autoridad judicial frente al vándalo parcializado con el River Plate es demostrativa de tal irregularidad tolerada por un grueso segmento de la sociedad que es víctima de sí misma, porque el cinismo colectivo es parte de la anomia. Los argentinos reclaman seguridad ante el deterioro de la convivencia, pero ponen el grito en el cielo si se dota a la autoridad de la capacidad suficiente para enfrentar el delito enquistado como un cáncer que corroe sin medida.  El legislativo, en tanto y como parte de la línea de complicidades, no atina a definir una normatividad que permita enfrentar a los barras brava ni a definir las necesarias leyes para la extinción de dominio de los bienes mal habidos por la delincuencia organizada, incluido patrimonio negro de los políticos que los gobernaron. Así no se puede (aresprensa). 

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VÍNCULOS: G-20: ARGENTINA SALVAJE //  SERÍAN ARMAS ISRAELÍES
Actualizado: domingo 09 diciembre 2018 19:45
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