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ARGENTINA SE JUEGA LA VIDA

Publicado el 11 de octubre de 2008 / 16.10 hora de Buenos Aires

ARGENTINA SE JUEGA LA VIDA

 

De nuevo tenemos al frente el histórico clásico del Río de la Plata. Esta vez con un cuerpo técnico en capilla, aunque desde Buenos Aires se diga lo contrario. No importan mucho las posiciones de los equipos en la tabla de la Eliminatoria. Pero, si esto último tiene peso, la carga la lleva Argentina sobre la espalda, conjunto que al final del año pasado perdió la punta de la clasificación y cada vez está más abajo, al borde del precipicio. A la Argentina de esta circunstancia de nada le sirven los laureles de su historia. En esa relación del tiempo, Uruguay siempre se ha encargado de amargarle la vida, desde los comienzos del fútbol en el inicio del siglo XX.

 

Escribe: Edgardo "Cuqui" LÓPEZ

 

Ambas selecciones tienen al frente a dos técnicos veteranos. Pero ni Alfio Basile ni Óscar Washington Tabares pasan por un buen momento en el manejo de sus responsabilidades. Uruguay no tiene en la actualidad a figuras rimbombantes, como sí las tiene su rival, pero  juega ante la Argentina con menos tensión en cuanto a situación y condiciones vigentes. Por otro lado,  tiene una ventaja siempre presente en los grupos de Montevideo: dejan por tradición todo en la cancha cuando visten la "celeste".

La casta charrúa juega de visitante en Buenos Aires con bajas importantes. Una de ellas es la de Diego Forlán, el peligroso delantero del Villarreal español. En la defensa, es probable que no esté Diego Lugano el capitán del grupo actual. El trayecto de Uruguay en la vigente Eliminatoria ha sido bastante irregular, como también lo ha sido la Argentina de Alfio Basile. Aunque en este último caso los altibajos eran previsibles, puesto que el orientador argentino no es valorado como un técnico ganador y está comprobado que aunque tenga estrellas entre sus dirigidos, carece de equipo.

 

Ambos estrategas siguen en deuda con sus respectivos públicos, pero el ajuste de números es menos nervioso para los uruguayos que para sus vecinos. Es claro que para ellos -los dos- es este un partido aparte. Ambos saben cómo jugarle al rival en el clásico. Argentina se para en el campo con mejores individualidades, pero con dificultades internas que ya le asoman a Basile, quien no ha conseguido aceitar ni armonizar a las líneas ni a los integrantes de su grupo.

PAPAS QUEMADAS

Es un lugar común señalar que el conjunto del "Coco" acumuló, hasta este partido, cinco encuentros sin ganar, que incluyen una derrota ante Colombia dentro del cómputo. El mejor partido de la escuálida adición fue el empate ante Brasil, enfrentamiento que tampoco ocultó una sola condición constante de esta Argentina: sus astros se escurren frente al planteamiento táctico de sus adversarios dirigido, precisamente, a anular la habilidad de esas figuras, sin que Basile atine a dar soluciones alternativas cuando las papas se queman. Sin embargo, lo curioso del lugar común y esa es la  fascinación ilógica que concede el fútbol, ese partido ante Brasil fue quizá el único que en rigor de verdad la Argentina mereció ganar.

 

Es por esa precariedad conceptual y de actitud de la conducción estratégica, que los pequeños fenómenos, Lionel Messi, CarlosTévez y Sergio Agüero, se diluyen en los partidos críticos -ya todos lo son para la Argentina en lo que queda de eliminatorias- y no alcanzan a responder a las expectativas y confianza que se ha puesto en ellos. Lo errático de la conducción argentina  mantiene, a esta altura del proceso, aún probando y buscando un delantero de área que brinde soluciones a la escasa producción. Así, se ha experimentado por ratos con Julio Cruz, Germán Denis y también con Diego Milito. Lo mismo ha ocurrido con Ángel Di María y con un Juan Román Riquelme, quien como un sol con retraso, hace tiempo que no aparece y es parte de la crisis interna que vive el equipo y, en su caso personal, se extiende a su propio equipo de entrecasa: Boca Juniors.

Las angustias argentinas no terminan en su delantera y en su pálida estrategia sino que tampoco la retaguardia ha dado muestras de solvencia, en un conjunto que acumula errores defensivos los cuales terminan en goles de los rivales, para hacer más evidente la falta de equilibrio en los tres módulos del equipo. Eso es lo que permite decir sin riesgos que la Argentina tiene una Selección recargada de estrellas que sobresalen sobre el resto de los equipos sudamericanos, pero que no pueden alumbrar bajo una mediocre orientación estratégica.

Desde esta columna ya se ha conceptuado con abundancia de argumentos sobre la situación de Alfio Basile y se ha señalado, en el cuadro que sobrelleva  la Argentina,   que no se producirán cambios. No hasta que se esté al borde del desastre o éste ya sea irreparable. Desde aquí se ha señalado el romántico lirismo y los anacronismos de la concepción que Basile tiene sobre el fútbol contemporáneo.

Es por eso que no aparta, cuando el desarrollo del partido o la situación lo amerita, a figuras como Riquelme o Messi. Prefiere hundirse con ellos y  llevarse por arrastre a las esperanzas de su afición. Este tema es recurrente en las selecciones que ha dirigido Basile y no se aprende de las lecciones.

SANGRE EN EL OJO

Ya en el Mundial de los Estados Unidos -en 1994- se vieron las debilidades de su conducción. Luego de recibir una goleada histórica de Colombia en la etapa eliminatoria -el famoso 5-0- su mano amplia en lo disciplinario permitió que Diego Maradona abriese un hueco en el interior del grupo y por debajo de la línea flotación, hundiendo a una Argentina que había acreditado posibilidades para disputar el título máximo.

Es evidente que esa mano laxa de la disciplina interna es la que permite, por ejemplo, que Carlos Tévez haga méritos para salir expulsado con frecuencia, afectando toda la marcha y disposición táctica del conjunto. No obstante la recurrencia de la indisciplina, su director técnico insiste en la figura del "apache".

La actual crisis del mundo muestra que el "dejar hacer y dejar pasar" no siempre es bueno en la economía y mucho menos lo es en el fútbol moderno.  En ese cuadro de situación lo que aparece a la vista es que los jugadores de la Selección Argentina le hacen poco caso a su conducción superior y, lo que es más grave, posiblemente tampoco le creen.      

En ese horizonte, el partido entre Argentina y Uruguay se jugará con "cara de perro". Basile tendrá la voz más bronca y el semblante más adusto y sombrío, en tanto que el "maestro" Tabares tratará de roer el hueso y llevarse los puntos para Montevideo. Si eso llegase a ocurrir, la negra noche sumergirá las aspiraciones argentinas en la víspera del viaje a Santiago, donde esperará Marcelo Bielsa, siempre con sangre en el ojo (aresprensa.com).

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Edgardo "Cuqui" LÓPEZ

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