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ARTBO 2015: PLACER ESTÉTICO PARA TODOS

Publicado el 09 de noviembre de 2015 / 17.15 horas, en Bogotá D.C.

ARTBO 2015: PLACER ESTÉTICO PARA TODOS

En la pasada edición de Artbo, clausurada en los inicios de octubre pasado, hubo marcadas diferencias con la versión anterior. Hubo ahora posibilidad de reflexión fuerte para quienes se consideran expertos y hubo también disposición apropiada para el público que busca una posibilidad nueva, sencilla y legítima, en el placer de observar, sin preocuparse por la afirmación a veces arrogante del especialista. La transformación positiva se esperaba y se suponía que la organización del encuentro respondería la crítica previa, para ofrecer escenarios más cautivadores al espectador desprevenido, al tiempo que un valor agregado necesario para quienes suponen tener un escalón por encima en la apreciación del trabajo en artes visuales. El despliegue para ordenar espacios y trabajo creativo fue adecuado, de tal forma que la mirada pudiese guiarse de manera sugestiva por las áreas de exhibición y no a la deriva.  Es por eso que la evolución de esta feria capta cada vez más público y en la ocasión la cuenta del aforo señaló que llegaron a los predios de Corferias más de 35 mil personas, una cifra significativa para un país que en general aún considera al arte como un espacio de relación sensible propio sólo para las élites.

Escribe: Angélica GONZÁLEZ SIERRA *

La alerta en sentido contrario al imaginario negativo por parte de los organizadores permitió el resultado visto, bajo la consigna “no hay que ser conocedor para encontrarle algún sentido al arte”. Un incremento de casi 5 mil visitantes más frente a la edición anterior ratifica la buena recepción a los cambios. La convocatoria, entonces, atrajo nuevos públicos y eso rompe lo que estaba latente y ha comenzado a germinar: el cultivar mayores sensibilidades que unen la novel manera de entrar a la apreciación del arte, ampliando otras perspectivas de apropiación que no desconocen, incluso, las lógicas del mercado.

 Mi interés crítico puntual radica en el abordaje de ese fenómeno vigente: la llegada de esos nuevos observadores de lo que producen los artistas, una llegada aún incipiente y tímida, si se quiere, pero masiva. Lo primero a señalar es que, en efecto y por inercia cultural y colectiva, en su origen este tipo de eventos está dirigido para decirlo de alguna manera, a “públicos selectos”. Grupos que se definen por una dialéctica excluyente, en la cual las esferas artísticas son un circuito cerrado que define a los conocedores de arte como un grupo críptico que tiende a anular o al menos soslayar lo que ellos consideran como “mirada ingenua”.

Eso es, ni más ni menos, una perspectiva externa al mundo del arte y se caracterizaría por una notable incapacidad de comprensión y, en algunos casos, por su falta de “nivel en el campo”. Al respecto surgen preguntas nacidas del abordaje inicial del fenómeno: ¿qué es lo que le da sentido a este tipo de ferias? o ¿qué es lo que permite esta evidente inclusión de públicos nuevos?; antes de afrontar estos cuestionamientos es necesario tratar de resolver eso que llamamos “construcción de sentido”. Un dilema que no pretende un análisis psicológico sobre el entendimiento sino sobre la manera como se configura la información en la subjetividad y su introspección derivada.   

Para hacerlo, tomaré como referencia la obra de Hans Robert Jauss conocida bajo el título de “La Estética de la recepción”. Esto es para tratar de establecer la dinámica que se produce en la relación obra-espectador, que a no dudarlo es el fundamento de la construcción del sentido, no en lo que hace al trabajo del artista cuando produce su obra sino lo que ocurre con quien la observa, en especial cuando quien observa es el “ingenuo”. Antes, vale poner al lector al tanto de definiciones tales como “el arte es una expresión del alma” o “el arte es un simple conjunto de juicios de valor”.  

Esos criterios enmarcan unos puntos de partida para tratar de entender esa suerte de catarsis que nos permite “sumergirnos” y encontrar algún tipo de belleza cuando estamos frente a una obra de arte. Esa batalla sobre un ámbito en el cual críticos y expertos han dedicado tratados para definir y descifrar el fenómeno de la percepción inicial y la elaboración subjetiva posterior, dirigidos a buscar un acuerdo que parece inconmensurable como posibilidad de comprensión. Aquí la clave es el recurso de la teoría estética, articulada con las señaladas condiciones de percepción y la actitud en las que el bagaje previo del espectador pone las cosas en situación

El incremento continuado de la afluencia de visitantes a las convocatorias de Artbo nos abre una puerta para analizar las maneras de “consumir” el arte, amarradas a las formas de apreciación y apropiación por parte del mundo interior de esos nuevos públicos que visitan la Feria y hacen de la obra de arte otra forma de atracción, diferente de las cotidianas y emergentes en el sensorium colectivo. En un ordenamiento como el señalado la disposición de las piezas en los espacios está logrando que el arte no solo se enfoque ni se limite a un sustrato bidimensional que se “mira” en la pared, sino que es además objeto de experimentación.

"Lo Mejor del mundo es poca cosa en saturno"
COLECTIVO CUCARACHA

 

En esa dinámica, el mensaje ya no lo transmite la obra sino que el sentido se construye a partir del espectador. En ese plano inverso de percepción que el arte contemporáneo propone, se producen las mismas reacciones de agrado o desagrado, pero se desplaza el eje protagónico de significación de la misma manera y tal como en idéntico “giro copernicano” la elaboración de la propuesta pasó del tradicional cuadro “colgado” al performance, variando lo que se llama experiencia estética o la catarsis antedicha.  El mercado del arte es consciente de que necesita diversificar sus propuestas para expandir el negocio y en la medida de que se le presenten al público “nuevas maneras de degustar más de lo mismo” crecerán propuestas como la ofrecida por Artbo.       

Es en esa línea que la multitud de “ingenuos” establece conversaciones con la obra, asumiendo una dialéctica donde cada uno de ellos interpreta desde su visión personal el contenido que se ofrece, a partir de la experiencia en la que impone un papel activo con la obra. Eso es lo que Jauss llamó estética de la recepción, o sea, la capacidad de construir significados autónomos y diversos frente a lo que intentó hacer el artista, o la estructura comercial que rodea al creador de la pieza estética. De esta manera, Artbo está en condiciones de llenar las expectativas de quienes llegan a la Feria con una mayor carga de curiosidad y más expectativa de placer que de excluyente “ingenuidad”.  

Secciones como “Sitio” o la aprestigiada “Artecámara” pusieron en escena formas renovadas de expresión estética e invitaron al visitante a una interacción con las obras, dentro de espacios con instalaciones como “Lo Mejor del mundo es poca cosa en saturno”, del colectivo Cucaracha, o lo exhibido por Sergio Jiménez. En ambos casos, se involucró al espectador con interrupciones de vínculo entre obra, espacio y circulación. Eso sintetiza sin agotar la idea de generar cercanías y “envolvimiento” con el público. Algo que también en términos de propuesta tienen que ver los curadores de la muestra, con esa oferta de generación de sentido estético sin lenguajes complejos.

Se trata entonces de un proyecto multitudinario que, por medio de una comunicación simple y digerible para públicos no especializados, está generando una ola de curiosidad extensa por el arte, el cual está basado en maneras frescas y descomplicadas de selección de artistas y exhibición de sus obras. El código del arte contemporáneo es la percepción estética desde el lado del sujeto observador, para quien mucho cuenta el resumen en pocas palabras, aunque estas tengan buen espesor.  Una ciudad hundida en el caos, como lo es Bogotá, reclama espacios de reencuentro con lo mejor de la naturaleza humana y eso es lo que como reflexión visual va elaborando Artbo año tras año(aresprensa). 

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Historiadora y analista en artes visuales.  

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