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ARTBO WEEKEND: TERCERA EXPERIENCIA

PATRIMONIOS CULTURALES  //  ARTES VISUALES  //  Publicado el 24 de mayo de 2019  //  17.30 horas, en Bogotá D.C.

 

ARTBO WEEKEND: TERCERA EXPERIENCIA

 

El pasado domingo 19  de mayo se cerró en Bogotá el tercer pliegue de Artbo Fin de Semana, como un anticipo muy anticipado de la feria de artes visuales de la capital colombiana, la que en su versión 2019 se realizará en septiembre y no en octubre, como fue tradicional en las ediciones previas. Fue un plan dispuesto para los últimos tres días de la semana, con una itinerancia de visitas a galerías y otras actividades programadas, que para la ocasión estuvieron referidas a la llamada “memoria”, que es una suerte de consigna de enculturación para hacer un salto al olvido,  resultado del acuerdo sellado en La Habana con la que fue organización subversiva Farc. Ese acuerdo firmado hace 3 años, le permitió al estado de derecho y a la sociedad colombiana un leve y parcial respiro de su historia de violencia, primero partidista, después ideológica y más tarde viralizada por la economía del narcotráfico, que ha sufrido, y aún padece más acotada, el país cafetero. La información oficial luego del cierre de las jornadas indicó que hubo 12 mil interesados en la invitación abierta y gratuita al público, la cual contó con transporte también sin exigencias de pago para la visita de 67 puntos de convergencia, 125 actividades programadas y una red de 5 circuitos extendidos  en la urbe andina.

 

Hubo también un Foro con 13 disertantes, cuyo compromiso argumental fue el vínculo  de la expresión estética con el tejido de entendimiento para la no repetición del enfrentamiento extendido tanto armado como social. Ese fue el propósito explícito y de la intención tanto subjetiva como institucional de los organizadores, que en la parte categorial es la Cámara de Comercio de Bogotá y, en lo específico, es la orientación de quienes llevan adelante a Artbo desde hace 15 años. El eje de la estrategia es que el público en general se acerque a la producción de sus artistas en lo visual, y para ello se abrieron las puertas de las casi 70 salas de exposición dispuestas en la metrópoli colombiana, para mostrar la obra de más de 500 artistas. El complemento de coyuntura, como quedó expuesto, fue el de la memoria y el del debate sobre ese punto, para lo que fue útil el aludido Foro, cuyo largo y aburrido título tuvo tufo a militancia de izquierda extrema, esa que otros sectores políticos del país llaman “mamertismo” y que con alguna frecuencia se hace presente en los trajines locales del arte.

Los invitados internacionales a ese tramo de la programación llegaron desde Puerto Rico, Guatemala y los Estados Unidos, entre otros países y estados.  En el primer caso, estuvo presente el proceso centrífugo en lo cultural que produjo el interés del poder norteamericano, a partir de 1898, cuando este se hizo con el control geopolítico de la isla caribeña con la pretensión enculturadora, siempre reiterada, de imponer la lengua inglesa y en general la cosmovisión sajona sobre la cultura afrolatina raizal, y la distante taína originaria. Para el caso de Guatemala, el abordaje de la temática convocante estuvo relacionado con el complejo choque de visiones de mundo y de resultados que produjo la pasada guerra civil, entroncada con el choque de tradiciones y patrimonios simbólicos y materiales indígenas, frente a la mestización y exclusión étnica que está también vinculada con la exclusión social arraigada en ese país.

Galería Neebex *

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El estadounidense Nato Thompson hizo alusión a la pertinencia del arte para construir simbología. El disertante tuvo acierto y lucidez cuando señaló que el registro histórico se enriquece con la variedad de puntos de vista y que el arte puede “catalizar” la multiplicidad de versiones de las historias ocurridas, en especial cuando esas historias son traumáticas para las sociedades, tal como lo ha sido y sigue siendo en Colombia donde la violencia  residual de los grupos subversivos y de las bandas delictivas se mantiene en las áreas rurales, con trazas impactantes que suelen permear con cierta impunidad las zonas urbanas. Al contrario a lo expuesto por el norteamericano, ocurre a veces el escamoteo de la representación lingüística y estética por parte de la militancia hirsuta, como estrategia de poder en tránsito implícito. Eso no es nuevo y forma parte de la conocida táctica leninista de la “combinación de las formas de “lucha”.

Ha ocurrido ya el acto de apropiación excluyente con términos como democracia, derechos humanos, pueblo, soberanía, incluso “memoria” y, ¿por qué no?, es lícito pensar que la expresión arte -así, de manera ingenua por parte de las víctimas organizadoras- también podría ser vaciada de su contenido, con fines ideológicos. Se ha visto la constancia conspirativa de esos sectores en el esfuerzo de birlar el soporte semántico original a los términos que fueron propios de la modernidad para darle sentido al modelo de ciudadanía que surgió de los nuevos esquemas de sociedad, desde el siglo XVIII. En esa operación cultural se convierte al lenguaje en una herramienta para instrumentar las variadas maneras de confrontar y hacer viable el asalto al poder para encaramar tanto a dictaduras como a totalitarismos siniestros por vías no amadas, tal como ha ocurrido en Venezuela o Nicaragua, por citar solo a dos ejemplos cercanos y vigentes en tanto espejos rotos de sociedades saqueadas incluso en el lenguaje.

NC arte

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El modelo de la “memoria” en Colombia como expresión concreta e institucional de las derivaciones posteriores a la confrontación, fue tomado casi en reflejo de la Argentina, donde fue cooptado por aquella izquierda subversiva que fue derrotada por las fuerzas armadas de ese país, con un elevado costo para la democracia y la institucionalidad del mismo. Vencida esa alteridad antidemocrática encarnada por el kirchnerismo a través de las urnas en 2015, se prepara ahora para volver a tomar el control de la Argentina, con el fin de “ir por todo” lo que no pudo hacerse antes. Esto es, instaurar un modelo similar al venezolano con su vesánica experiencia a cuestas. El kirchnerismo argentino colonizó en su tiempo el poder judicial y otros poderes del estado, un segmento de los medios de comunicación, una parte de las expresiones artísticas, terminando por desarticular la defensa nacional y oficializando la impunidad a los ejecutores sobrevivientes de la violencia terrorista de los años setenta. Para consumar sus fines usó además el recurso de la “memoria” en diversos planos que no excluyeron el arte. Es bueno lanzar la alerta ya no tan temprana (aresprensa). 

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* Fotos: Martha Liliana ROMERO     
Actualizado: domingo 26 mayo 2019 13:23
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