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ArteBa, ANIVERSARIO DE PLATA

Publicado el 18 de mayo de 2016 / 22.00 horas, en Bogotá D.C.

ArteBa, ANIVERSARIO DE PLATA

Son las bodas de plata para la famosa feria internacional del arte en el Río de la Plata, con Buenos Aires como anfitriona desde su primera versión en 1991. Una feria que abrió senderos en la región, porque hoy ya hay 8 similares en el entorno continental y permanece a la cabeza del interés público porque recorren sus exposiciones unos cien mil visitantes cada año, en cada edición. Es la tercera en su tipo más visitada en el mundo y las galerías interesadas en estar allí se incrementaron en cada versión. El programa de actividades paralelas y por fuera del recinto ferial -en la sede de La Rural y en el tradicional barrio porteño de Palermo- es tan fuerte o más que el que se desarrolla en el punto principal. La suma de visitantes en las 24 versiones previas, dicen que casi dos millones de personas han recorrido la superficie que Arteba le ha destinado al arte no solo argentino sino, en especial, latinoamericano. La parte gris del proceso es el hecho de que aún no aparece una masa crítica de coleccionistas en el país que convoca el encuentro y el estímulo de la propia Feria anual no ha sido aún suficiente para alcanzar ese propósito.

Sin embargo, sí se ha potenciado el interés del Estado en su conjunto y en particular los espacios dedicados a la exhibición permanente como estímulo general y de largo plazo.  Es que, durante este cuarto de siglo de vigencia de la Feria, la capital argentina ha visto nacer varios museos tanto en la metrópoli argentina como en las provincias. En esta ocasión se darán cita en Buenos Aires 43 galerías extranjeras que con 42 argentinas conformarán el grueso del interés en la exhibición colectiva que se abrirá mañana 19 de mayo y permanecerá hasta el domingo 22. El complemento de esos datos son los 400 artistas que llegan de la mano de esas galerías, más los proyectos independientes y de instituciones oficiales que patrocinan a esas cuatro centenas de creadores.  Las buenas noticias previas llegan de la mano de la propuesta del nuevo gobierno argentino en el sentido de apoyar el dictado de la nueva ley de mecenazgo.

Una deuda pendiente, esa del mecenazgo, con los operadores del mercado del arte argentino que tienen en este espacio ferial el patio apropiado para articular sus negocios alrededor de las obras exhibidas, aun cuando la organización de la gran muestra no deja de señalar que esta labor está lejos del interés comercial, en tanto la realidad lo desmiente. Claro está que la insistencia en aquello que niegan los ojos permite al menos imaginar que algo de sacralidad le queda al arte, no obstante que -siguiendo a Walter Benjamin- el mercado permite la circulación y, en cierta medida, la ilusión de la democratización de todo eso que rodea al acto creativo y a su producto. La nueva ley permitirá a las empresas e inversores individuales acceder a las piezas de los artistas con beneficios impositivos. Eso hace suponer que dentro de dos meses ese proyecto de la anunciada ley de mecenazgo ingresaría al Congreso argentino impulsada por el Ejecutivo.

Lo cierto es que a contrapelo de los números positivos las ventas son diminutas, comparadas con las cifras que se manejan en las dinámicas internacionales de alto vuelo. Las compras comparadas con las visitas son escasas y según una experta local, el total que recaudan las galerías en estos pocos días de feria no suman un porcentaje superior al 10 por ciento de lo que pueda valer un cuadro bien cotizado en los principales puntos de intercambio de arte en el mundo. Al tiempo, ese ínfimo registro debe considerar que los autores argentinos y en general los latinoamericanos, no alcanzan a cotizar sumas ponderadas en esos grandes nichos mundiales, salvo nombres como los de Fernando Botero y un puñado de artistas más de esta parte del mundo.


Un renglón aparte son los brasileños, cuyas estrategias de mercadeo les han permitido una posición de vanguardia en este campo. Es cierto que las tradicionales bienales de São Paulo le dieron un impulso de largo aliento a lo que hace Brasil en su producción de artes visuales y también le dieron fortaleza para las relaciones con los grandes centros de comercialización. La década larga de bonanza del gigante sudamericano también aportó bondades al movimiento del arte brasileño. El panorama ahora es diferente y eso repercutirá en lo que ocurra en Buenos Aires también en este campo. Arteba es un termómetro adecuado para medir de qué manera esta otra ola de tiempos difíciles golpean al movimiento de las obras de arte, entendidas como mercancías. Las malas olas previas para este mercado fueron el cepo cambiario y los restantes azotes restrictivos a las transacciones en dólares, que se impusieron desde la administración de Cristina Fernández.            

Ese cuadro de situación señala que en el movimiento alrededor del arte, en tanto contexto que determina a esta Feria, puede mencionarse como un éxito de entradas que se hace de espaldas a una realidad que tiene compradores eventuales y escasos, pero no coleccionistas, a diferencia de Brasil. Las operaciones exiguas que se realizan en el curso de estos días no suman los 150 mil dólares, cuando más de una docena de artistas brasileños cotizan por encima del millón de dólares, en otros escenarios. Una cifra promedio en una operación de Arteba no supera los 20 mil dólares. A pesar de todo esto, habrá en esta edición cimera de la Feria una veintena de museos locales comprando obras por la vía de los recursos que hacen confluir fuentes públicas y privadas.  

Ese dato es algo, aunque delgado como movimiento del capital social construido en este cuarto de siglo. Sobre todo, si se tiene en cuenta que cuando se inició Arteba, al despuntar la década de los 90, no habían nacido seis de los museos de arte moderno que hoy engalanan a Buenos Aires. Eso no es lo único, en este aniversario Arteba puede decir, mirando hacia atrás, que exhibieron allí sus obras más de dos mil galerías y participaron casi 9 mil artistas. A esa sumatoria deben agregarse más de un centenar de adquisiciones realizadas por museos y centros culturales de primer nivel. A todo lo anterior también debe añadirse que la Feria ha propiciado en su tiempo de vigencia las becas para no pocos artistas que aspiraban a una residencia en el extranjero y ha logrado establecer medio centenar de alianzas institucionales, al tiempo que el mismo número de patrocinadores. Eso a pesar del pesimismo y los malos tiempos que generaron las recurrentes crisis económicas del país (aresprensa). 

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