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AVIANCA: TELEFONAZO INAPELABLE

Pubicado el 29 de julio de 2017 / 10.47 horas, en Bogotá D.C.

AVIANCA: TELEFONAZO INAPELABLE

Influyentes círculos venezolanos asentados en Bogotá sostienen por estos días que la abrupta interrupción de los vuelos a Venezuela por parte de Avianca, prevista para fines de agosto pero anticipada de manera sorpresiva en 20 días, tuvo su definición no en las múltiples razones que se dieron de manera tanto oficial como extraoficial, sino  en un mandato también tan imprevisto como desacostumbrado que surgió del Palacio de Nariño. Esto se produjo horas antes de la comunicación oficial y perentoria de la aerolínea, el pasado jueves 27 de julio. Señalan  las fuentes de ARES, que no quisieron ser identificadas, que el tinglado de la decisión impactante se construyó durante mucho tiempo y en ese lapso hubo fuertes debates internos de la empresa aérea y discretos pero firmes intercambios de  consideraciones en el contexto sociopolítico  del país cafetero. Ello debido a las implicaciones estratégicas que tiene el hecho de que Colombia corte uno de sus vínculos más fuertes en términos concretos y simbólicos con el vecino, hoy sumido  en una crisis profunda y de imprevisibles consecuencias. El pulgar hacia abajo que habría dado como señal el ejecutivo colombiano volvió irreversible la decisión de la emblemática  empresa e incrementa el aislamiento de Venezuela, al tiempo que aumenta con ello la presión internacional que condena al gobierno de Caracas.  

Avianca tenía una porción demasiado alta -casi un 60 por ciento- del tráfico aéreo entre Venezuela y un segmento del área andina sudamericana, pues los vuelos interrumpidos no solo cubrían el tramo Caracas-Bogotá, sino que alcanzaba hasta Lima. Más de 10 mil pasajeros  con tiquete en su mano vieron frustrada su expectativa de salir o llegar a  Caracas en los días inmediatos a la brusca interrupción, en tanto que más 33 mil reservas debieron cambiar los planes con plazo inmediato pero calendario algo más largo. Aunque la aerolínea asumió la responsabilidad de ubicar asientos en algunas de las pocas aerolíneas que aún mantienen vivos sus trayectos abiertos a los aeropuertos venezolanos o comprometió la devolución del importe de los boletos adquiridos, lo sucedido tiene causas y repercusiones más complejas.  

Se trunca en la decisión tomada por la empresa un servicio ininterrumpido que cubrió mas de medio siglo, el cual ni siquiera vio mermado su flujo y operatividad en tiempos de tensión entre ambos gobiernos por cuestiones de límites territoriales. Tampoco hubo inflexión en la frecuencia de los vuelos en episodios ríspidos que pueden citarse como antecedente de este corte vertical de los vuelos a Caracas. El último reciente fue el peligroso hostigamiento de un avión  de la fuerza aérea venezolana a un trayecto de línea de Avianca que sobrevolaba el territorio del vecino, cuando cumplía el tramo Madri-Bogotá. El grave incidente no pasó a  mayores por el apaciguamiento que le puso el presidente Juan Manuel Santos a lo ocurrido, pero no cabe duda que esa circunstancia de desafío extremo fue alimentando este final de un proceso en constante deterioro.   

No fue lo único. Las autoridades de Avianca delinearon un memorial de causas que son agravios a la seguridad aérea por parte de los responsables venezolanos, y pusieron esa relación de  inconsistencias en primera línea, para justificar la radical medida adoptada.  Se señala que la pista de Maiquetía no es operable en toda su extensión y que el deterioro de la superficie de rodaje es cada vez más grave por la  falta de mantenimiento. Manifestaron además que la iluminación del aeropuerto de Caracas tiene graves deficiencias para la operación nocturna, por inconsistencias de suministro en la infraestructura interna, y por los cortes frecuentes de energía eléctrica que sufre el país. También se señalaron como cuestionables las maniobras de carga de combustible, puesto que se harían sin precauciones mínimas, en tanto que el carburante para aviones que se refina en ese país es de mínima calidad.

Todo eso, en la suma explicativa, pone en riesgo extremo a la seguridad aérea y al respecto no se necesitaban otras explicaciones para dar pie a la interrupción de los servicios que prestaba Avianca a Venezuela. Pero la sumatoria de situaciones no termina allí. En las horas previas a la drástica determinación hubo una nerviosa reunión en Bogotá con la participación de las autoridades aeronáuticas de los dos países y los directivos de la empresa que ya había anunciado la caducidad de los vuelos, a partir del 22 de agosto. Los ejecutivos venezolanos del Inac (Instituto Nacional de la Aeronáutica Civil) llegaron a la capital colombiana con el fin de abortar la determinación ya conocida. La discusión sobre los diferentes aspectos reseñados incluía el maltrato en Caracas a las tripulaciones de los aviones colombianos y la falta de medidas de seguridad apropiadas para protegerlos.

Testimonios  oficiosos señalan que el cruce de argumentos y de señalamientos de culpabilidad habría  subido de tono y terminó en recriminaciones mutuas que incluyeron aspectos políticos vigentes y cargos afirmados en imaginarios de tensiones acumuladas a lo largo de la historia. No habrían faltado los improperios, aunque esto último fue negado por las fuentes locales de origen venezolano, aclarando que la acusación sobre una presunta “mala educación” sustantiva de los vecinos y la facilidad para lanzar insultos al adversario que discute, no es otra cosa que un arraigado “prejuicio neogranadino”. Lo cierto es que la conducta constante del presidente Nicolás Maduro y del propio Hugo Chávez desmiente esa defensa. No debe olvidarse al respecto que un día en Bariloche el rey de España mandó callar al desaparecido Chávez, por lo deslenguado.  

La eventual intervención directa del ejecutivo colombiano en el entuerto que se venía cocinando y que llevaba a la conducción de Avianca a planear la salida de Venezuela tiene otras conntaciones más complejas. Esto según analistas que siguen los acontecimientos que se precipitan, en la medida en que también se precipita y agrava la crisis venezolana, en tanto que en paralelo se ahonda la  preocupación de los  gobiernos de toda la región y también fuera de ella. El caso de Avianca arrincona aun más a la  cuestionada administración de Nicolás Maduro y es una forma “suave” de devolver los golpes recientes y repetidos que parten desde Miraflores hacia el rostro del presidente y de la dirigencia colombiana. Debe recordarse que en reciente visita  La Habana, Juan Manuel Santos con motivaciones propias y de gobiernos amigos habría abordado con los jerarcas cubanos una eventual salida pactada de la crisis que envuelve a Venezuela y que, por ahora, parece sin retorno y en trance de agravarse (aresprensa). 

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Actualizado: domingo 30 julio 2017 19:54
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