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BERLINALE: ITALIA ALZÓ EL OSO

Publicado el 22 de febrero de 2016 / 11.30 horas, en Bogotá D.C.

BERLINALE: ITALIA ALZÓ EL OSO

No dio sorpresas el cierre hace dos días del famoso festival que marca el inicio de las exhibiciones internacionales que se destacarán durante el año. De la misma manera que la premiación británica del Bafta y la próxima del Oscar en California, celebran a los mejores filmes del año pasado, lo visto en Berlín es parte de lo que debería ser apreciado en el periodo que cursa. El largo festival de Berlín acaba de premiar una película de un director reconocido, pero no esta vez de un país por fuera de lista de las grandes ligas de producción. Eso es Berlín, un escenario para el cine emergente y a veces marginal, que pretende desde la capital alemana proyectarse a nuevos mercados, en especial aquellos de mayor peso específico, sin descartar lo obvio. La riqueza multicolor de los premios en lo que hace a galardonados y países lo demuestra, aunque el premio mayor haya honrado en un italiano repitente. En efecto, el Oso de Oro, máximo trofeo berlinés, recayó en un documental italiano para el ya consagrado Gianfranco Rosi. Se trata de “Fuocoammare”, con el recurrente tema de la miseria, tragedia y reiteración de la migración de los habitantes famélicos del entorno mediterráneo africano y medio oriental hacia la isla de Lampedusa.

Ese premio se complementó con un galardón a otro director que comienza de sobresalir en el estrellato de los grandes realizadores internacionales: es el filipino Lav Díaz, con un trabajo que trata de la lucha independentista insular a fines del siglo XIX, contra la dominación española. América Latina salió bien librada en el reparto de reconocimientos. Chilenos y argentinos se llevaron trofeos menores, pero algo es algo en un panorama de gran flujo de presentaciones con un torbellino de operadores de negocios que se mueven en el largo ciclo de producción, en espera de un mínimo de miradas interesadas que se integran cada año a la Berlinale. En total, los de este lado del mundo se fueron de la capital germana con 5 premios y eso incluye el del mexicano Omar Robles y José Permar con el filme “Aurelia y Pedro”.

La tradición que se reitera en lo que hace al esfuerzo de Berlín por poner de relieve al cine del margen del mundo, se refleja en la cantidad de premios distribuidos entre África, Asia y el Medio Oriente.  Pero no fue solo eso, también hubo galardones para Letonia, Bosnia-Herzegovina y Portugal. Aunque debe decirse que los chinos asomaron la cabeza, no obstante que ya hace tiempo ellos transitan esas salas, pasillos y alfombras de los grandes festivales y no son unos desconocidos en Berlín. La perspectiva y objetivo de este gran evento alemán se inserta en la mentalidad de posguerra: reconocimiento de la diferencia y sentido amplio de inclusión. Es por eso que se considera al enfoque de ese Berlín cinematográfico como receptivo y comprensivo con el cine político, controversial y comprometido con causas “nobles”. Es como si los alemanes pretendiesen seguir borrando con insistencia el pasado. El director del encuentro, Dieter Kosslick, lo ha llamado el festival de “la realidad”.  

Entre las rara avis que son comunes en Berlín estuvo el bosnio Danis Tanovic, quien se alzó con el importante Gran Premio del Jurado por su relato de la sangrienta historia de los Balcanes y, dentro de ellas, la saga de Sarajevo como ápice de esos fenómenos prolongados en el tiempo, que incluyen el inicio de la Primera Guerra Mundial. La película premiada lleva por título “Muerte en Sarajevo”. La pugnacidad armada y constante entre vecinos y hermanos de esa parte del mundo hace del relato fílmico un testimonio de las amenazas y latentes en esa Europa con violencias represadas y siempre con riesgo de nuevas eclosiones, aunque ya no al extremo de nuevos holocaustos. Es este un relato bosnio no demasiado diferente a la trama que se llevó en esta oportunidad el León de Oro. En efecto, Gianfranco Rosi pone de relieve la tragedia reciente de Europa, con esos miles de inmigrantes que en improvisadas embarcaciones buscan las costas mediterráneas opuestas en pos de mejores horizontes y de distancia con la muerte, que también acecha en el mar abierto.

LAV DÍAZ GIANFRANCO ROSI*

                                                                                                   

En la misma línea de la intención europea por alejarse de la espectacularidad, el objetivo netamente comercial y el eje de los efectos tecnológicos, Berlín pretende con su muestra de cine casi alternativo, dar mayor relieve a los temas que cuestionan valores y principios vigentes. La banalidad trágica de la guerra y la exclusión son, por eso, relatos preferidos en estas premiaciones que hace a los actuales alemanes “buenos” y en oposición a los predecesores germanos que, como imagen, tanto Hollywood como Gran Bretaña explotan al infinito.  Es por eso que a nadie sorprendió que el premio Alfred Bauer al “cine inusual” recayera en el filipino Lav Diaz y su trabajo arrítmico, de más de 8 horas, sobre una guerra que en la saga fílmica no presenta combates ni gloria para los bandos enfrentados, españoles y filipinos, en el periodo previo a la intervención de los Estados Unidos, que llegó de manera imprevista para dar palo sin cuartel a unos y otros, en 1898. Una película para nada comercial dentro de un cine tan prolífico como desconocido como es el que produce Filipinas.                     

Podría llamar la atención que el grupo de expertos que define quién se llevará los premios estuviese encabezado para la ocasión por Meryl Streep, figura emblemática de la refractaria Hollywood. Pero la actriz que llegó del riñón del cine comercial se plegó a la idea alemana porque, claro está, el idealismo que es propio del ancestro romántico teutón no tiene por qué reñir en los tiempos que corren con la pragmática de los buenos negocios, esa es la “realidad”. Los germanos pueden ser radicales en sus creencias, pero no han sido históricamente estúpidos, no lo fueron antes y no tienen por qué serlo ahora. Lo negocios están allí y la presencia de figuras como Streep y algunos de quienes la acompañaron en sus decisiones compartieron el giro de criterio y premiaron a ese cine crítico que no se aparta del ser biempensante. El grupo de jurados estuvo conformado, además de la mencionada figura principal, por el actor británico Clive Owen, su colega Alba Rohrwacher y el crítico también inglés Nick James.

En los rangos menores de premiación, que no lo son tanto, los latinoamericanos tuvieron logros que no pueden soslayarse. En ese nivel estuvo el chileno Roberto Roveris con “Las Plantas”, quien obtuvo el Gran Premio del Jurado y una mención especial del jurado juvenil. El Oso de Cristal de la sección Generation KPlus fue para el argentino Mariano Biasin, con “El Inicio de fabricio”.  En ese mismo rango, la chilena Pepa San Martín obtuvo reconocimiento por su obra “Rara”, en tanto que también en ese escalón de la Generation KPlus se llevó una mención especial el ya nombrado filme de los mexicanos Robles y Pemar. Otro chileno, Alex Anwandter, ganó el premio para el cine transgénero “Teddy”, con “Nunca vas a estar solo”. En la cúspide, el premio mayor para Rosi reedita lo que hizo hace dos años en Venecia con otro documental: “Sacro Gra”, sobre la capital italiana, que le permitió llevarse el león dorado el cual, junto con este Oso de Berlín, le permiten ya comenzar a montar una suerte de zoológico de trofeos áureos (aresprensa). 

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*Fotosotros cines / il tempo  

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CINE COLOMBIANO EN MANILA

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