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BRASIL: ENCRUCIJADA SIN LULA

ACTUALIDAD  //  DOXA  // Publicado el 27 de septiembre se 2018 //  20.15 horas, en Bogotá D.C.

BRASIL: ENCRUCIJADA SIN LULA * 

En un clima enrarecido por lo atípico de la situación los brasileños se aprestan a elegir un nuevo presidente, lo cual en términos institucionales permitiría superar la también atípica coyuntura de la presencia de MIchel Temer en el Planalto de la vanguardista Brasilia. Un mandatario de temer este último, con aspecto de un Béla Lugosi redivivo, que reemplazó a la defenestrada Dilma Rousseff, antes de que se cumpliera su mandato constitucional. Pero no es eso lo único atípico que como contexto envuelve el proceso electoral a punto de culminar. También está presente la circunstancia especial y sombría del principal candidato, hasta hace pocas semanas, ahora condenado y preso por la justicia: Luiz Inácio Lula da Silva. Nadie podría dudar de que en caso de que el ex presidente estuviese libre y en carrera, sería el mejor dispuesto para ganar la puja hacia Brasilia. Amarrado a ese contexto no solo sombrío sino curioso, está el telón de fondo de la astronómica corrupción que se promovió desde la presidencia de Lula. 

Estela con sino ideológico y compromiso estratégico de algunas de las grandes empresas de ese país.A lo anterior se suma además el hecho de que ninguno de los candidatos que apuestan a llevarse el complicado premio de asumir el control de un país sumido en una profunda crisis, está favorecido por corrientes de opinión que aseguren una gobernabilidad viable. El mismo caso de Rousseff y de su malograda gestión es una evidencia post facto en el sentido de que el panorama que viene es para nada fácil. El extenso país está en dificultades económicas también de difícil pronóstico y existe un descontento social a veces larvado y a veces con presencia en las calles. La extensión de la economía subterránea del narcotráfico campea como otro factor perturbador en las principales ciudades y con base en las famosas favelas que rodean los grandes centros urbanos, como es el caso de Río de Janeiro. Por otro lado y en la sumatoria, allí está el riesgo concreto de la evocación del “orden” de los gobiernos militares. 

Uno de los candidatos, como eslabón de la cadena de circunstancias anormales en el cruce de coyunturas, es la representación de esa nostalgia y se encuentra hoy hospitalizado luego de sufrir un reciente ataque a puñal, por parte de un enajenado en una manifestación de alucinación religiosa que no es extraña en un país donde los antiguos ritos africanos, mezclados con extensiones políticas y deportivas, está de alguna manera presente en la mentalidad colectiva. El arraigado catolicismo del país suele hacer sincretismo con la memoria de fondo cultural africano y también con los cultos protestantes. De estos últimos es partícipe Jair Bolsonaro, el candidato de los conservadores a ultranza. El mismo que resultara herido por el puñal del fanático, impulsado por un “mandato” divino, según declaró el victimario a las autoridades. Bolsonaro seguía a Lula en la presunción de elegibilidad, a mucha distancia del líder de izquierda en las encuestas previas a la condena del ex presidente y del intento de asesinato a Bolsonaro. Esos incidentes variaron las tendencias y revolvieron el avispero de los pronósticos sobre la deriva del proceso. 

En principio resignado a la gran distancia de tendencia estadística, Bolsonaro recibió la bendición de la salida involuntaria de Lula en la disputa presidencial, y el nuevo hecho de poder presentarse como víctima de las perturbaciones de un Brasil que él pretende normalizar con mano fuerte. Para eso puso como bandera -antes de salir de la agitación de la campaña por la hospitalización, fruto del atentado- el recuerdo de las administraciones militares que imaginaron a un Brasil “potencia” y al hecho de que él mismo vistió el uniforme de las fuerzas armadas. Lo fortuito puso a este candidato en la punta de la disputa pero aún no le alcanza aunque los hechos aleatorios y cercanos a la tragedia le hicieron ganar puntos. En efecto, es el desorden y cierta anomia presente en los brasileños el eje de las propuestas de enmienda de Bolsonaro. Es el mismo lema que está presente en la bandera del país -”ordem e progresso”- y el mismo que levantaron en su tiempo los militares golpistas. Aquellos que derribaron el gobierno de João Goulart, en los años 60 del siglo pasado, y permanecieron al frente del país durante más de dos décadas. 

Pero esa memoria que parece buena para algunos y que le permite hoy por hoy a Bolsonaro acumular casi un 30 por ciento de la intención de voto, a pocos días de la primera vuelta, es un pésimo recuerdo para los otros y a eso buscan sacarle jugo los que siguen en la carrera e interpelan la visión radical de Bolsonaro. Fernando Haddad, beneficiado por el dedazo de Lula y rueda de repuesto para el caso de que aquel quedase al margen de la disputa, como efecto ocurrió, viene de la alcaldía -prefeitura- de São Paulo. Tampoco a este le alcanzan aún las cifras y entró muy tarde en la competencia, pero tiene esperanzas por la eventualidad de que la amplia popularidad del ex presidente desahuciado tenga efecto transitivo en su favor. Algo que lo pueda beneficiar en votos en estos, los últimos tramos de campaña. Haddad arrancó con apenas un dos por ciento de favoritismo y ahora tiene algo más de un 20 por ciento de popularidad e intención de voto, muy distante de lo que por el momento ostenta Bolsonaro. Pero todo puede pasar entre esta semana previa al primer pulso y entre este y el segundo ejercicio definitorio, programado para el 28 de octubre. 

El entorno impacta las aspiraciones de unos y otros. En el conjunto, el electorado está cansado del impacto de la corrupción que golpea y erosiona a la clase política en general. Nadie, o casi, queda excluido de la lacra en lo que hace a colectivos e individualidades políticas. El resultado es la señalada anomia generalizada, que se amplía por una economía frenada y una cierta idea de que cualquiera que ascienda al Planalto tiene poco que ofrecer más allá de lo conocido, en tanto que lo conocido proyecta sombras en contra de cualquier forzado optimismo. En parte es por eso que ninguno de los otros tres candidatos del espectro alcanzan a morder respaldo en un electorado tan disconforme como escéptico con su dirigencia. A contrapelo de ese ambiente es Lula el único que aparece impermeable a la crítica por la falta de tino y el desparpajo en el manejo laxo de la administración y las rifas de coimas sin freno en la impresentable madeja de corrupción que envuelve a las clases política y empresarial. El ex presidente parece ser inmune a los señalamientos. Aunque siga condenado, preso y no pueda aspirar al regreso con algo de gloria (aresprensa). 

EL EDITOR 

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* La columna Doxa expone la posición editorial de la Agencia de prensa ARES

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Actualizado: domingo 30 septiembre 2018 09:22
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