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CENTENARIO: TODA LA CARNE EN EL ASADOR

Publicado el 24 de junio de 2016 / 09.30 horas, en Bogotá D.C.

CENTENARIO: TODA LA CARNE EN EL ASADOR

Impacto sin atenuantes dejaron las salidas de la conducción de selecciones señeras como son las de Brasil y Paraguay, además de la cirugía que se sospecha podría ocurrir sobre la cabeza del conjunto mexicano, en cualquier momento y no obstante las negativas al respecto, por parte de administración del fútbol de ese país. Esto último luego de la humillante derrota del conjunto azteca frente a los chilenos, con un marcador negativo sin precedentes para este conjunto en competencias similares: 7-0. Después llegaron otras altas y bajas propias de las competencias de este tipo, algunas naturales y otras sorpresivas. Porque fue una sorpresa el repunte de los chilenos después de la salida en falso del inicio del torneo, al perder ante los argentinos. Ahora se repite esa confrontación, prevista para el partido final que arrastra otros recuerdos, entre ellos el encuentro del año pasado en Santiago, cuando los chilenos quedaron campeones de la verdadera Copa América y dejaron a los argentinos con la amarga sensación de perder una segunda final, que tenía como antecedente inmediato la derrota frente a Alemania en Río de Janeiro, en el 2014, al terminar el Mundial. Ahora, en el último partido, ambas selecciones del Cono Sur se aprestan par a poner todo lo que tienen en la parrilla.

Pero eso no ha sido lo único en esta Copa Centenario, llena de alternativas e inédita porque encontró de manera plena y reunidos para un certamen a la Concacaf y a la Conmebol, con toda la carga de desprestigio para ambas, por los escándalos de corrupción y padrinazgos oscuros, de manejo mafioso, o casi. Los encuentros de cuartos de final no solo fueron un filtro con rédito amargo, aunque previsto, que dejó por fuera a dos de los que venían pisando fuerte: México y Ecuador. También quedaron afuera otros dos que mostraron la evolución de su fútbol en los últimos tiempos. Se trata del Perú recargado de Ricardo Gareca y esa Venezuela fuerte y ya para nada ingenua de Rafael Dudamel. En los dos casos y más allá de la salida de medio tramo, tanto los peruanos como los de la camiseta vino tinto, mostraron condiciones como para un buen papel en la difícil eliminatoria a Rusia, que continuará después de las Olimpiadas inminentes

Ecuador no pudo revalidar lo que ha venido haciendo desde hace bastante tiempo, en la época en que directores técnicos como Hernán Darío Gómez y Reinaldo Rueda los guiaron para llegar alto. Los del centro del mundo quedaron eliminados por los dueños de casa, pero estos últimos tropezaron en el paso siguiente con Argentina y debieron resignarse a no poder disputar la final.  El caso de México es especial porque la humillante derrota ante los australes de la estrella solitaria los dejó en situación incómoda, no solo ante su propia afición sino ante toda la estructura organizativa del fútbol del norte continental y con su propia historia. También Brasil fue humillado en el último mundial y eso deja secuelas. Lo que pueda suceder en el futuro inmediato con la selección azteca es una incógnita que parece no poder resolver solo el tiempo y las circunstancias de una Concacaf demasiado conflictuada, donde siempre México ha tenido un papel de relieve.

La decisión de las directivas del Tri en mantener al técnico Juan Carlos Osorio, se sospecha que son de circunstancias y para nada sinceras. Todos: directivos, cuerpo técnico y jugadores, deberán hacer frente a la repulsa de la difícil opinión pública azteca, la que muchos aseguran que no pasará al olvido lo ocurrido en los Estados Unidos.  En ese mismo punto, los cuartos de final, los dirigidos por el alemán Jürgen Klinsmann prometieron dar más de un arsenal que no era tan abundante como se anunciaba y superaron con dudas a Ecuador para caer luego sin atenuantes frente a los argentinos. Estos últimos los sometieron en semifinales por un marcador sorpresivo: 4-0. Por su lado, Colombia dejó atrás a los peruanos en cuartos, en un partido dramático que se definió desde los tiros en el punto blanco y donde primó la serenidad y veteranía del arquero David Ospina. Los incas se fueron del torneo con el lauro de haber eliminado a Brasil en la primera ronda y provocar la defenestración de Dunga.

Fuenzalida Messi
Máximo duelo

Las definiciones están a la vista en la instancia final inminente: se reedita la confrontación máxima entre los dos australes que sobrevivieron: Argentina y Chile. Un partido sin pronóstico que deja a los argentinos con una leve ventaja por lo visto durante la competencia y con el sabor de la eventualidad de una revancha relativa para ellos o una ratificación de lo hecho el año pasado para los de la estrella solitaria, que al tiempo significa el redoblar la confianza en beneficio del técnico Juan Antonio Pizzi. En el duelo de perdedores, colombianos y estadounidenses pujarán por un tercer lugar de consuelo, en especial para los cafeteros, quienes en un extraño partido de semifinales que quedó definido en los primeros minutos, se vieron sometidos por contratiempos climáticos, perjudicados por un desacertado control arbitral y una impotencia manifiesta para remontar un marcador adverso desde la primera hora. Consecuencia en cifras en contra de Colombia dada más por fallas técnicas en la defensa que aciertos de un rival que, no obstante, se mostró poderoso y más resuelto que en las dinámicas de la primera ronda.

Las sumas y restas de esta Copa Centenario han sido parte de una radiografía cuya observación deja expectativas hacia las Eliminatorias que retomarán curso en septiembre y que son lo que en verdad importa para equipos, aficiones y federaciones de fútbol. En ese plano, Argentina, Chile e incluso Colombia, mantienen arriba las apuestas positivas, entre los sudamericanos. Queda con puntos suspensivos el Paraguay que está en búsqueda de un nuevo técnico, después de la renuncia indeclinable de Ramón Díaz. Ecuador mantiene sus opciones positivas, aunque no pudo ratificar su buen momento en este certamen del Centenario, al tiempo que Uruguay y Brasil quedan marcados por el papel discreto de charrúas y cariocas en este torneo, cuyo valor es más emblemático que otra cosa, puesto que ni siquiera es una Copa América en sentido estricto.  En lo que hace a las estrellas de este torneo, puede ponerse de relieve al argentino Lionel Messi, quien mantuvo su sostenido buen momento y está en la plantilla que saldrá a la grama de New Jersey a disputar la final.

En lo que hace a la Concacaf, debe señalarse que se mantienen los patrones históricos frente a sus similares de América del Sur, región que tiene a tres campeones mundiales. Pero ese registro de primera línea puede completarse con la evidencia de la circunstancia presente: entre los cuatro sobrevivientes de esta Copa hay tres sudamericanos y apenas uno del norte. Centroamericanos y caribeños tuvieron un desempeño magro en el torneo y lo rescatable para ellos es seguir acumulando experiencia y espesor de argumentos en el roce con sus vecinos continentales. Una instancia máxima que para los argentinos tiene un doble desafío: lo acontecido e un siglo cuando en Montevideo perdieron el título de la primera copa ante los orientales y la derrota del año pasado ante Chile. Para otra revancha de este tipo será necesario esperar otros cien años y nada garantiza que para entonces el mundo siga siendo como hoy evoluciona y lo conocemos. Ni siquiera sabemos si la eventual copa bicentenaria se jugaría en este planeta (aresprensa).

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