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CHAPUCERÍA ARGENTINA

Publicado el 10 de junio de 2018 // 11.30 horas, en Bogotá D.C.

CHAPUCERÍA ARGENTINA

Visto desde afuera y al revés de lo que ocurre cuando se mira una partida de ajedrez pero no se es jugador, nadie podría imaginar que el movimiento de las piezas por parte del colectivo que movía uno de los lados del tablero, lo haría a ritmo de inusitada estupidez. Es como si desde ese borde se hubiese jugado a perder a conciencia cuando no había chance de equivocarse si las cosas se hubiesen hecho en sana lógica. La golpeada desde todos lados fue la selección argentina y sus jugadores, como marionetas de una funesta maniobra geopolítica. 

La dirigencia del país del Plata, en todos sus ámbitos y en este caso el deportivo , sigue demostrando  que está por debajo de cualquier exigencia de seriedad y ponderación, además, de que tiene en su haber una indiscutible mediocridad y bajo perfil para desempeñar las responsabilidades autoimpuestas. En menos de dos días de la semana que culmina se frustró una entrevista con el papa Francisco y un partido en la incendiada zona del Medio Oriente , con un equipo de Israel * como sparring de ocasión en la antesala de la llegada a Rusia y en espera del primer partido del Mundial. El papelón mayúsculo y en sumatoria ya no sorprende a nadie si se trata de analizar los pasos de la Argentina en diferentes órdenes, pero esto era lo único que faltaba para explicar el porqué de un país que anda como anda. En el sábado de la víspera, la oscura e incomprensible odisea a la  que fue sometido el onceno argentino pareció terminar cuando el grupo llegó a la concentración rusa de Bronnitsi. En el arribo  a suelo ruso, el mural callejero de Sergei Erofeev fue el mejor presente de bienvenida para estos jugadores.

En el contexto, las manifestaciones en contra de Lionel Messi y de la misma  selección albiceleste, con el derivado del agradecimiento de un grupo terrorista internacional como Hamas, cerraron el cuadro de la irracionalidad y de lo que nunca debió ser. La provocada, para la ocasión, ley de Murphy funcionó como un afinado sistema de relojería que operó en contra de quienes lo armaron y, claro, todo sucedió peor de lo que hubiese sido si las circunstancias aleatorias hubiesen conformado esa tormenta perfecta. Principal responsable: la Afa, con el grupo directivo que encabeza el estructuralmente precario Claudio Fabián “El Chiqui” Tapia. Este hombre es parte de una herencia delictiva compuesta por una  manguala de corrupción y manejo mafioso que dejó Julio Grondona y es parte del manejo fraudulento de elecciones  fraguadas, que en definitiva dejaron a Tapia al frente de la entidad de ese deporte tan caro para los argentinos. Es parte de un grupo directivo comprometido además con la vigencia simiesca de las llamadas “barras bravas” y de sus negocios ilícitos, entre otras perlas, que engalanan con señales negras en integralidad a la organización del fútbol argentino.

El poner a la selección nacional en el ojo del huracán, a pocos días de iniciarse el compromiso mundialista, pareciera parte de una conspiración surgida de un torcido alambique manejado por perversos y oligofrénicos, o ambas cosas combinadas y como si fuera parte una alquimia nefasta. Pero no -o sí- es esa la manera como la Afa con “El Chiqui” Tapia en la punta del iceberg, maneja las cosas. Así nomás. Lo ocurrido es obra de esos chapuceros “vivos” y vividores, que siguen explotando como fuente inagotable de recursos, en superficie y por debajo de ella, que afloran de las esperanzas, alegrías y repetidas frustraciones de la hinchada del castigado país que soporta ser manejado por una dirigencia sonámbula, que toma decisiones de zombies como esta del frustrado partido contra la selección de Israel. Es una radiografía descarnada que pone de nuevo sobre la mesa el porqué de sociedades que en el juego discursivo y de concreciones de la modernidad aparecen como ganadoras, frente a otras que no salen de su atraso y desaciertos. Argentina es una acabada muestra de esa radiografía. Le falta a las clases dirigentes de ese país muy poco para equipararse con la dirigencia venezolana. Cuando empiecen a decir que lo que les ocurre es culpa de otros, completarán el cuadro de restricción subjetiva. La rémora cultural, como es evidente, suele ser irreversible.

                        Claudio Tapia            Mural en Bronnitsi                         

También podría señalarse a ese estigma de la subjetividad como la “barbarie”, o la minoría de edad a la que aludió Emanuel Kant en su obra. Sólo faltaría agregar la definición de Borges sobre ese perfil humano, cuando es colectivo: “son incorregibles”. En efecto, porque las taras culturales, las dificultades para ver la realidad y entender el mundo, suelen ser irreversibles. En definitiva, es el subdesarrollo como mirada sobre el entorno y la imposibilidad de salir de ese estado de postración vergonzante. En eso está la dirigencia de la Afa y de una buena parte de la clase dirigente argentina. La gestión de Cristina Fernández al frente de la Casa  Rosada no hizo otra cosa que confirmar la sombría hipótesis. Porque no es posible imaginar que quienes tomaron decisiones en lo que hace al planeamiento del partido con los israelíes, no hubiesen tenido en cuenta que la zona estaba en reavivamiento del conflicto permanente que allí hierve desde la misma fundación del estado judío. ¿Cómo no vislumbrar que el reciente traslado de la embajada de Estados Unidos a Jerusalén incentivaría el rechazo explosivo hacia la hegemonía vigente?, tal como en efecto ocurrió; ¿cómo no entender que la muerte de casi un centenar de manifestantes palestinos por fuego del ejército israelí, haría inviable la presencia de los jugadores argentinos en Jerusalén y en especial de Messi? 

El astro principal de la selección austral es un ídolo de unos y de otros de los confrontantes en la región. ¿Para qué provocar a unos, dando legitimidad  política a esos otros, quienes devolvían con balas la provocación de los tirapiedras?; ¿no tuvo noticias la  dirigencia de la Afa de que en las últimas semanas unos doscientos misiles fueron disparados por la organización palestina Hamas contra territorio israelí?; ¿no vieron en las pantallas la repudiable quema  de banderas argentinas y las camisetas del  equipo pintadas de rojo?; ¿no advirtieron la simulación de una ejecución de Messi por parte de una célula de Isis?; ¿cree el malcerebrado señor Tapia y su camarilla de cúpula con iguales restricciones del entendimiento, que el terrorismo islámico está jugando cuando plantea lo que va a hacer? Mucho peor aun: ¿no imaginaban que serían utilizados por el gobierno de Benjamin Netanyahu para poner el espectáculo previsto al servicio de sus intereses y disimular la visión de  la extrema violencia  provocada contra civiles? La perversa dinámica puesta en marcha concluyó con el traslado del partido desde Haifa a la nueva capital del estado judío reconocida por los Estados Unidos: Jerusalén.

Eso completó el cuadro de una maniobra que favorecía el propósito de que se reconozca a la milenaria ciudad sagrada como única y excluyente capital de la nación judía y de los intereses que representa en esa zona del mundo. Nada menos. Mezclados en el explosivo coctel, los jugadores terminaron reventando: se rebelaron contra la tenebrosa conducción de la Afa y decidieron no cumplir la cita. Nada les hizo cambiar la perspectiva, ni las frenéticas llamadas del gobierno israelí a su par argentino, ni la displicencia y sorna con que voceros oficiales y oficiosos del país hebreo reaccionaron frente a la voluntad indeclinable de los muchachos de la selección argentina. Una cosa es apoyar al pueblo de Israel y otra quedar comprometidos con los objetivos excluyentes del sionismo. La lección nunca será aprendida por la dirigencia argentina porque, repitiendo a Borges, ellos son incorregibles y, está claro: el cretinismo para entender la realidad suele no tener remedio. El consuelo de los tontos es que esa mácula cretina de los dirigentes argentinos no los afecta sólo en el fútbol y que la chapucería es tan solo una manifestación parcial del apocamiento estructural y extenso (aresprensa). 

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* El equipo elegido para el partido fue el Beitar "Trump" Jerusalem. Hace muy poco tiempo se le alteró el nombre en homenaje la presidente norteamericano. Eso, por sí solo, era ya un factor de provocación para los palestinos.  

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Actualizado: viernes 22 junio 2018 18:01
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