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CHILE: PÉNDULO DEMOCRÁTICO

Publicado el 05 de diciembre de 2017 // 16.15 horas, en Bogotá D.C.

CHILE: PÉNDULO DEMOCRÁTICO

Se va Michelle Bachelet de La Moneda y muchos suponen que tal como ocurrió con la actual presidenta chilena en su momento, vuelve al palacio presidencial el candidato Sebastián Piñera. Eso se llama alternancia y nada hace suponer que no prosiga el ejemplar desarrollo de este modelo, luego del retorno de la democracia a Chile con su dinámica de representación partidaria y participativa. Esto, a posteriori del autoritario paréntesis que impusieron las instituciones armadas entre 1973 y 1990. La llamada Concertación de Partidos por la Democracia hizo el tránsito difícil desde el fin de la administración militar y gobernó durante un lapso más que prolongado -1990 hasta 2010- con su propia alternancia que vio pasar a Ricardo Lagos, Patricio Alwyn, Eduardo Frei y la propia Bachelet. Los resultados de la primera vuelta en noviembre pasado le dieron la victoria relativa prevista a Piñera, pero se debe esperar a la segunda vuelta que se producirá en vísperas de la Navidad que llega. Las cifras que arrojaron las urnas no le otorgaron al principal candidato una mayoría contundente sobre su rival inmediato, y la suma de los dos perdedores inmediatos y de coyuntura * da por ahora números superiores a los alcanzados por Piñera.    

En su momento, la Concertación debió resignarse a ver la llegada de ese empresario, Piñera, venido a más en su labor de orientación política, quien cargaba en sus antecedentes la memoria inicial de cercanía con el periodo militar. Pero no hubo traumatismos en ese salto de la transición democrática y Piñera vuelve a apostar a un triunfo ahora con su propio capital político, formado durante una gestión que aseguró el modelo económico que comenzó a mostrar agrietamientos durante el paso de Bachelet por la primera magistratura. En el camino y en refuerzo de una alicaída Concertación quedó Ricardo Lagos y su prestigio acumulado, que no sirvió para mucho en el alivio de la fatiga de opinión por esa alianza de centro izquierda que tuvo la responsabilidad y lucidez necesaria para realizar el paso para nada fácil desde el largo periodo militar hasta el nuevo panorama democrático, caro a las tradiciones  chilenas.  

De  cualquier forma, la mayoría relativa que acompaña a Piñera no es suficiente para  asegurar su retorno a La Moneda. Su fortaleza alcanzó para menos de un magro 30 por ciento, apenas como para asegurar un triunfo relativo en la primera vuelta y también relativo para asegurar la gobernabilidad al frente del estado, si se mantuviese así la delantera. La preeminencia entre sus rivales de liza ha jugado en favor de Piñera con el retorno de la dispersión tradicional de los segmentos opuestos por ideología a las posiciones conservadoras del sector que acompaña al candidato principal. La izquierda y los alternativos se presentaron ahora con varios candidatos -algunos de acuerdo con las percepciones dogmáticas e irredimibles de lo que es izquierda- y eso relativiza otra vez sus posibilidades de alcanzar en un futuro cercano lo máximo por cuenta propia. Para acompañar a la Concertación en las etapas previas de esta democracia chilena ya estabilizada, los sectores contestatarios debieron dejar en los candidatos socialcristianos o socialdemócratas las cabezas de lista.

Ese fue el caso tanto de Lagos como de Bachelet, aunque también de Frei, hijo del expresidente Eduardo Frei Montalva, quien gobernó a Chile por la Democracia Cristiana, a mediados de los años 60. Le fue bien a la izquierda en la apuesta de ocasión que les brindó un lugar importante, pero secundario. Es legítimo que aun dando un paso al costado y respaldando a quienes habían sido sus rivales naturales antes del paréntesis militar - y después de la contrición suficiente poco frecuente en los sectores mesiánicos de la izquierda- se siga jugando con las reglas de la de mocracia burguesa,  tanto como para advertir que el extremismo no paga. Pero en las últimas justas electorales reapareció una suerte de nueva izquierda que pretendió emular los espejos deformantes de otros países del continente que emergieron en los años 90 y tomaron vuelo en la década siguiente. En algunos casos, con resultados dramáticos como lo evidencia Venezuela o la Argentina. Pero el encono ideológico hizo caso omiso de lo evidente y ha  mostrado que el modelo perverso también tiene cierto vigor de emulación en el panorama chileno.

La experiencia del regreso a la democracia en el país austral y la evolución entre los primeros años posteriores al regimen militar, hasta el momento actual, ha terminado y fue exitoso para los planes de gobierno de la Concertación y en el desafío de unir a los sectores de centro y de una izquierda ideológica a veces pugnaz. Fueron buenos tiempos bajo el paraguas de un mejor precio de los commodities y la lucidez en el sentido de no repetir experiencias del pasado que pudiesen espantar  los propósitos mesurados. Fue una suerte de retorno feliz para una sociedad que hasta el advenimiento de Salvador Allende se había acostumbrado a una democracia tranquila, con pasos políticos normales y un desarrollo económico también moderado. Eso sobre unos recursos basados en las materias primas de territorios conquistados en sus guerras del siglo XIX. Salidas bélicas que le permitieron a Chile crecer en territorio hacia el norte en más de 500 kilómetros y quedarse primero con la riqueza salitrera y luego, en el siglo XX, tener un “sueldo” necesario basado en el cobre, para saltar las crisis del entorno regional y mantener un margen de solidez social e institucional.

El renacimiento de la democracia chilena de la mano de las dos décadas de gobiernos de la Concertación le permitió además al país multiplicar por cinco el ingreso per capita que dejó el periodo militar: 4.500 dólares. La cota sorprendente ascendió de forma continua hasta casi 25 mil dólares por cabeza en tiempos cercanos y además mantuvo casi intacto el esquema económico que dejaron los uniformados. Fue una saga exitosa en lo económico, a partir las escuelas clásicas pero de doble cara, una de ellas menos presentable. De todas formas, lo mostrado en la propuesta rival del Socialismo del Siglo XXI mantiene su cara real en  Venezuela y la contrafaz del modelo chileno pone sobre la mesa una inquietud social creciente, reforzada por la radicalidad de sectores pugnaces consuetudinarios, pero para nada infundados. No hubo populismos australes que profundizaran la pobreza, pero la pobreza que ha sido tradicional en Chile también se mantuvo y la inquietud siguió creciendo. También el hastío ya señalado hacia la tranquilidad de había sembrado la Concertación pusieron una distancia entre la gente y la experiencia que transitaba el país lo cual, en definitiva, llevó a Sebastián Piñera al Palacio de la Moneda, en reemplazo de la socialdemócrata  Michelle Bachelet.

El péndulo de la alternatividad ahora se presenta como en  la  teoría  del eterno retorno que planteaban los romanos y recuperó en su concepción Arnold Toymbee. Es probable que vuelva Sebastián Piñera al palacio de gobierno en Santiago y el país deba prepararse para un mayor rigor que permita reencauzar una economía debilitada, que amenaza al mismo modelo. La posibilidad de una mayor apertura hacia la justicia social,  que es bandera  propia de los rivales ideológicos que enfrentan de manera pugnaz al sistema -que con reservas de dientes para adentro defendieron los de la Concertación, sobre todo Bachelet- no parece que pueda mantenerse con convicción por parte del candidato que encabeza las apuestas que se definirán al final de diciembre. Quien sea el triunfador en la segunda vuelta deberá hacer frente no solo a la contracción económica y a la tirantez que flota en el ambiente -evidente en la interpelación callejera que en su momento enfrentó Bachelet- por la asimetría en el acceso al sistema educativo y al sistema de seguridad social, entre otros factores. También deberá hacer frente al desafío mapuche en el sur del país que en su frente más radical plantea la secesión del sur de Chile (aresprensa).   

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* En el registro consolidado de la primera vuelta, el 17 de noviembre, Piñera obtuvo menos de un 37 por ciento, en tanto que los dos que lo escoltaron (Alejandro Guillier y Beatriz Sánchez) sumaron casi un 43 por ciento. Será Guillier quien compita con Piñera en la segunda vuelta del 17 de diciembre próximo.             
 

     

 

Actualizado: martes 05 diciembre 2017 15:56
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