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COLOMBIA NO APROVECHÓ MEDIOCRIDAD ARGENTINA

Publicado el 07 de julio de 2011 / 08.34 horas en Buenos Aires

COLOMBIA NO APROVECHÓ MEDIOCRIDAD ARGENTINA 

Fue en el comienzo el partido que se esperaba: fortaleza y decisión inicial en el ataque argentino, defensa apretada de Colombia, garra y orden. Argentina buscando y operando para abrir huecos en la defensa, los cafeteros esperando la falla y cazando pelotas para proceder al contragolpe. Después, el esquema táctico argentino empezó a mostrar sus inconsistencias y la disposición errática de sus astros, quizá expresando la confusión que parece existir en la orientación del conjunto. Un mal de la cabeza en el banco, no de los jugadores en el terreno de juego, parafraseando las expresiones de Julio Grondona después del congelante empate ante Bolivia. 

Escribe: Rubén HIDALGO 

En los primeros minutos Colombia cerró los espacios del avance argentino que no pudo hacer jugadas concertadas con el astro Lionel Messi, en una soledad más nostálgica que la letra del tango más triste. La incapacidad de recuperación tuvo mayor evidencia para la Argentina, mucho más que en su primera presentación frente a Bolivia.  

A los 19 minutos Colombia tuvo la más clara opción creada hasta ese momento.  Fruto del planteo táctico de los cafeteros y de la endeblez argentina en su concepción y movimientos. Los colombianos estaban concentrados y los argentinos luchando contra una confusión colectiva que no se atenúa. 

Argentina se aproximaba al área por los flancos y fracasaba en la posibilidad aérea. Las faltas sobre el costado derecho de Argentina comenzaron a hacerse constantes y fue efectivo el bloqueo sobre los intentos de movilidad de Messi en marcación de zona. 

Una equivocación en la entrega de zaga por parte de Diego Milito, un penal gigante de Guillermo Burdisso sobre Adrián Ramos, no cobrado, y el error en el tiro final de Dayro Moreno le evitaron a la Argentina el primer disgusto del partido. El susto fue mérito colombiano y castigo a la mediocridad del planteo argentino. Además, se ratificaba la reconocida endeblez de su defensa. 

Sin embargo, a pesar de las profundas deficiencias estructurales del esquema rioplatense, fue el equipo que más amenazó la valla contraria en la mayor parte del primer tiempo, aprovechando las deficiencias de Pablo Armero, salvo en el tercio final. Virtud de las individualidades no del conjunto, representadas en la contingencia, por Lavezzi y Tévez. La pérdida del balón, por momentos, en el centro del campo por parte de Colombia facilitó esa labor de la punta argentina.  

Fue un partido mano a mano en ese primer tiempo. Colombia desde hace mucho ya no tiene miedo escénico ante el cartel del conjunto argentino, pero no pudo sacar provecho de una visión equívoca del cuerpo técnico que encabeza Sergio Batista, disolvente de las potencialidades de esos jugadores de multimillonaria cotización y potencialidad bien aprovechada en sus respectivos clubes.  

La disposición y el rol de esos buenos jugadores es la primera demostración de la falta de visión del señor Batista y de su escaso nivel para dirigir a la selección argentina. Esa falta de solvencia técnica hace suponer que nada ha cambiado entre la Argentina de Diego Maradona como director técnico y la de Batista.  

IMPOTENCIA DE MESSI  

Dos disparos quemantes en los últimos minutos siguieron avisando de las precariedades de la estructura de juego y de perspectiva de los del Río de la Plata. En justicia, Colombia debió haber terminado con ventaja ese primer tiempo. El segundo tiempo se inició con infracciones sobre jugadores argentinos y colombianos y la velocidad de vértigo de los flancos cafeteros en el avance sobre la defensa argentina.  

Ezequiel Lavezzi siguió siendo una figura destacada en su lucha con los zagueros colombianos y eso por sí solo ponía de manifiesto la inexistencia de brillo en el equipo argentino. Nada más, puesto que Lionel Messi pareció un suplente en el terreno, por la inexistencia de sus posibilidades para hilvanar juego ante la carencia de asistencia y movilidad de sus socios, además de la sensación de una lesión posible, fruto de una contingencia en el primer tiempo. No obstante, por destellos parecía que el astro recobraría su magia, pero de manera infructuosa y sin teoría de conjunto.  

Empero, Colombia fue perdiendo precisión, ritmo y vértigo, además de ímpetu, cediendo espacio a su rival y en las instancias de medio campo. Argentina comenzó a aprisionar las posibilidades con mayor posesión de balón. Colombia aprovechó mejor las escasas ocasiones en que consiguió la pelota. Un disparo sobre el arquero Sergio Romero, a los 20 minutos, salió desviado y unos segundos después Falcao García disparó sobre el arco en solitario, con rechazo del guardavalla argentino que ahogó el grito de gol.  

Romero se convirtió así en el héroe de su gris equipo. Cuando eso ocurre, cuando un guardamenta se convierte en el único destacado de un equipo de luminarias como esta Argentina, es porque las cosas andan mal. Colombia no convirtió tres goles cantados por su imprecisión y precipitud.Pero en verdad es como si hubiese sentido piedad por un dueño de casa desvalido y a merced de su rival.  

La entrada de Fernando Gago, Sergio Agüero y Gonzalo Higuaín generó una vacía ilusión de recomposición frente a la sensación de descomposición general que dejaba el planteamiento que hizo el dueño de casa. Una falta en el borde del área sobre Sergio Agüero, efectuado por el veterano Mario Alberto Yepes, se frustró en aspiraciones por un disparo al frío cielo santafesino, que realizó Lionel Messi.  

El pelotazo, ese azar del fútbol cuando no hay ideas, tampoco le dio resultados al anfitrión y en los últimos minutos ambos se entregaron para dejar los restos en el terreno. Los cambios y el refresco que hizo el técnico Hernán Darío Gómez no dieron resultados pero dejaron una buena impresión, en especial por el último disparo que hizo Teófilo Gutiérrez en los suspiros finales, fruto de un pase oligofrénico que se hizo en la zaga y que tomaron los colombianos. 

Fue lo mismo que ocurrió en el primer tiempo con Milito. Hasta un “caño”  hizo Colombia cerca del área de muerte de su retaguardia. Argentina debió irse abucheada del campo y su fortuna fue no haber jugado en Buenos Aires. Colombia por su lado hizo su mejor partido en mucho tiempo con una estrategia ofensiva que nadie le hubiese creído en los papeles al técnico Gómez. El grito nostálgico por la memoria de Maradona bien podría ser una bofetada del público a su Selección, en la noche fría de Santa Fe.  

Al terminar la jornada el técnico argentino volvió a repetir en rueda de prensa las inconsistencias que son su costumbre. Pareciera no advertir que él y sus hombres se precipitan a un agujero negro y que en el horizonte de las aspiraciones argentinas ya aparecen las nubes negras de una nueva gran frustración. ¿Cuánta cuerda le quedará a Sergio Batista? Ya se sabe que la de Julio Grondona es interminable.Tan interminable como sus negocios personales a hombros de las esperanzas deportivas de su país  (aresprensa).   

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