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COLOMBIA: SALAFISMO BUSCA NIDO

LA 3ra. OREJA

Publicado el 09 de enero de 2018 // 14.45 horas, en Bogotá D.C.

COLOMBIA: SALAFISMO BUSCA NIDO

Al tiempo que avanza con dificultades y contradicciones lo que desde el gobierno colombiano se denomina “posconflicto” y en el plano internacional la tensión puede cortarse con bisturí, los sectores islámicos que operan en planos globales y llevan a cuestas sus propios enfrentamientos ancestrales y vigentes para proyectarlos a todo nivel, pretenden anidar y consolidarse en Colombia. Existe inquietud en círculos delimitados pero importantes de este país ante el riesgo de que su sociedad pueda quedar envuelta en una dinámica que trae como carga otras formas de violencia y de mayor degradación social. No debe olvidarse al respecto que ya en América Latina existen serios y traumáticos antecedentes al respecto. Sin embargo, el gobierno colombiano pareciera ser ciego, sordo, manco y mudo ante la amenaza que de manera silenciosa golpea a las puertas de la anhelada tranquilidad social y de la institucionalidad del país. Se conocen documentos reservados que han llegado a manos del gobierno, con la pretensión de que se mejore la inteligencia y se  tracen formas de contención de sectores y organizaciones fundamentalistas vinculadas con el Islam que han estado haciendo un largo y pertinaz trabajo de asentamiento en el seno de la sociedad colombiana.

Se ha señalado que la respuesta al respecto ha sido el silencio o la ingenuidad cómplice presunta por parte de altos niveles del estado, en tanto que las alertas tempranas lanzadas incluso desde sectores y al interior de la comunidad islámica local, habrían sido desoídas hasta el presente. El llamado de atención se ha hecho frente a denuncias sobre sectores ideológicos radicalizados del Islam, en particular de la secta Salafi-wahabi-takfiri, que pretenderían alzarse con reconocimiento oficial pleno y el apoyo de jugadores fuertes en el terreno internacional, en apariencia opuestos a los grupos islámicos que abanderan el terrorismo en el mundo. Al respecto, se ha sabido que en el ministerio del Interior aparece uno de los campos de tensión y puja frente a este problema que, a nivel oficial, Colombia se supone en autorreferencia por fuera de la confrontación global vigente y es que por eso no lo consideraría una amenaza para la seguridad interior.

Sectores islámicos de origen colombiano han señalado que se pretende con una nueva norma alentada desde el gobierno de Juan Manuel Santos, que el estado colombiano le dé luz verde a la existencia de una empoderada presencia del  Islam extremista en el país, con competencia sobre la educación, las relaciones de compromiso sacramental -matrimonios, divorcios, decesos- y las interinstitucionales diversas, entre ellas las correspondientes a las fuerzas armadas y de seguridad. La convergencia para tal propósito apuntaría a la presencia de un ciudadano árabe de ascendencia siria cuya militancia y antecedentes estarían ligados con los grupos cercanos al acosado estado islámico y otros círculos próximos. El llamado de atención en poder de los funcionarios  del Ministerio del Interior va acompañada de un pedido de investigación sobre los antecedentes del extranjero, quien se supone está nacionalizado en Colombia.   

El pedido añade que sería pertinente establecer cuál es la facción de origen del sirio establecido en la nación cafetera, cuáles fueron sus partidos de militancia y vínculos religiosos de arranque y “si puede regresar” a su país de nacimiento, pues fuentes informativas discretas de la comunidad islámica criolla señalan que el personaje sobre quien se centra la atención pertenecería al radical y violento wahabismo salafista que, incluso dentro de la religión del Profeta, reprime y persigue con la condena a muerte a quienes apuestan por un islam moderado e interlocutor en tolerancia de otros credos. El requerimiento al Ejecutivo que circula en ámbitos reservados, apunta a establecer las formas como se financiaría el supuesto militante extremista y cuáles son los países donde hizo con anterioridad ejercicio y propaganda tanto religiosa como de facción. En la misma línea el pedido a las autoridades pretende que la investigación se extienda a otros extranjeros que hacen en el país proselitismo de culto.

Esto último porque existiría constancia de que la aspiración del wahabismo criollo tendría el respaldo de grupos cristianos evangélicos e incluso del sionismo israelí. La alianza de coyuntura puede parece extraña en el primer abordaje crítico, pero no lo es si se considera que entre las potencias islámicas preeminentes existe hoy por hoy un conflicto abierto y en él intervienen como aliados tanto Israel como los Estados Unidos, en convergencia con los  saudíes. Arabia Saudita es uno de los principales dinamos de propagación del salafismo-wahabismo, en lo ideológico y financiero, con alianza táctica de los israelíes y de Washington, todos ellos enfrentados al Irán shií. Los principales frentes de la puja en caliente están en Siria, Yemen y Egipto, entre otros, donde sunitas y las fracciones que impulsan los iranios mantienen la confrontación ancestral que parte de las mismas raíces de esta religión, la cual tiene origen común geográfico, histórico y mitológico con judíos y cristianos. Por su lado, el takfirismo es la actitud del musulmán que aplica la sharia -suprema ley islámica- cuando acusa de apostasía a otro, musulmán o no.           

Las tensiones entre musulmanes locales se han incentivado en la región latinoamericana por hechos centrales que parten del acontecimiento terrorista de las Torres Gemelas, la imposición de un estado teocrático en Irán, la guerra civil en Siria, la cobertura brindada al terrorismo de la media luna por parte del chavismo venezolano y los atentados terroristas propiciados por el gobierno iraní en Buenos Aires, en la década de los 90. No es un interés casual el de estas tramas por un país como Colombia. Bien podría ser un escenario de reclutamiento religioso y fines paralelos, por ejemplo de combatientes desmovilizados y desempleados. Al respecto,  llama además la atención la progresiva islamización de núcleos en La Guajira, incluidos los indígenas que comparten como uno solo tanto el territorio colombiano como el de la vecina Venezuela. Todo esto en ese espacio de convergencia turística internacional, con la llamativa llegada de gran cantidad de jóvenes “turistas” israelíes que curiosean a su antojo, sin que se informe para quién lo hacen. La zona también es  punto de paso  hacia los  Estados Unidos, espacio crítico y objetivo de los grupos radicales. La autoridad colombiana, en tanto, pareciera no darse por enterada (aresprensa). 

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Actualizado: martes 09 enero 2018 15:19
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