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COLOMBIA, SORPRESAS TE DIO LA VIDA

Publicado el 29 de mayo de 2018 // 17.00 horas, en Bogotá D.C.

COLOMBIA, SORPRESAS TE DIO LA VIDA

El sabor  de los resultados es agridulce para algunos y, además, contradictorio en varios planos. Ganó en la primera vuelta quien se esperaba que lo hiciera, pero que no tiene aún ganado lo más importante porque el voto sumado de quienes rechazan o no apoyan al candidato Iván Duque son más que sus más de 7 millones de votos. No todos esos votos de la punta son de partidarios del expresidente Álvaro Uribe, porque también fue un voto de rechazo al candidato que pasó a la segunda vuelta, Gustavo Petro. Pero el encono contra el apostador de las izquierdas no fue suficiente para atenuar su ímpetu y puede darse por bien servido: pasó raspando a la segunda vuelta y pudo superar por alguna pestaña a su antagonista de coyuntura, Sergio Fajardo, quien hizo una elección impecable y estuvo a punto de coronar la victoria relativa, consolidando a su sector como una arista emergente y como un verdadero centro y jugador importante, en tanto voluntad de tendencia mayoritaria que ya nadie podría desconocer ni mirar de soslayo. Fue una jornada de sorpresas, en la que el voto independiente hizo sentir su voz, abriendo nuevas expectativas en el panorama político colombiano. Todo el mundo debe darse por enterado: Colombia está ante un panorama político imprevisto y las sorpresas pueden no haber terminado.

Escribe: Rubén HIDALGO

Tan llamativas como las cuentas en más que quedaron definidas, son las restas o los resultados en menos con los que el electorado colombiano golpeó a dos de los cinco candidatos y le puso puntos suspensivos a  los dos que siguen en la pelea, los ganadores relativos de esta sorprendente primera vuelta. Fue inesperado el retroceso de Germán Vargas Lleras, quien parecía contar el apoyo de lo que en Colombia se llama “maquinaria”, la trenza de intereses administrativos y los cacicazgos políticos tradicionales que han desviado los flujos electorales en beneficio de uno u otro candidato, de acuerdo con pactos anticipados y amarrados a contratos eventuales y cierta corruptela estructural.  Sea lo que sea en cuanto a las previsiones de arranque lo que ocurrió en la realidad fue totalmente  opuesto a las maquinaciones aceitadas en buena medida con presupuesto oficial. Aunque las encuestas ya anunciaban el impactante revés de uno de los candidatos oficialistas, el hundimiento de la candidatura de Lleras deja una severa lección para la hora: el desprestigio del gobierno Santos fue un lastre imposible de superar.

Si los resultados para Vargas Lleras estuvieron apenas por encima de lo que debería considerarse una catástrofe, mucho peor le fue al otro candidato que también aparecía como oficialista: Humberto de la Calle. Las expectativas destrozadas de un aspirante que aparecía como el gran artífice de la negociación para la desmovilización y el desarme del grupo armado Farc, aparecen como una gran injusticia, aunque no lo sea tanto porque aquí también incide el ya señalado fatal efecto Santos. Un fenómeno que entre los argentinos se ha llamado por tradición “piantavotos”, expresión del lunfardo que define a quienes tienen la rara virtud de espantar a los votantes. Una suerte de karma que cargaron en contra y para la ocasión tanto Vargas Lleras como de la Calle. Sin embargo, el proceso que puso en la mesa política al principal operador armado ilegal del país no pareciera haber sido un disparador del fracaso de los  dos aspirantes  que aparecían como favorecidos por el aprecio oficial. Por el contrario, ese cuestionado proceso trajo beneficios evidentes en la jornada electoral cumplida.

Bajó de forma dramática la abstensión, que fue siempre una mancha vergonzante de oronda democracia colombiana. Un padrón electoral de casi 20 millones de ciudadanos habilitados para votar, tuvo una asistencia a las urnas de un 54 por ciento, en su mayoría jóvenes, una buena parte estrenando gimnasia electoral. Ese fue el voto que puso las diferencias notables y mostró la aguja de los cambios en la actitud electoral, diversa de las costumbres tradicionales. Esas que tuvieron en esta diámica electoral, que se cumplió en su primer tramo, las mayores amarguras por lo infundado de las expectativas en lo que era rutina electoral. Si bien la apertura de un proceso de eventual paz definitiva, abierto por la administración Santos, pudo haber tenido una repercusión indirecta en el reflujo de la abstención sí lo tuvo en otros aspectos fundamentales. No hubo cierre de mesas ni traslados de los sitios de votación por efecto de la violencia política estructural que afectó a las jornadas electorales en las últimas décadas. La reducción del espesor de la sombra de la violencia también incidió en las decisiones del voto nuevo, aquel que quiere un nuevo país diferenciado de las fracturas previas.

Es cierto que la violencia política aún no está desterrada del país pero el camino ya quedó abierto para construir una paz sólida en un futuro aún no preciso, pero bastante cercano si se lo compara con el medio siglo transcurrido en el que las formaciones ilegales violentas se enseñoreaban por campos y ciudades. De tal forma que el mensaje contradictorio de esta primera vuelta de elecciones es claro: las nuevas corrientes de opinión están con la paz pero no con su factura, con la forma como se hizo. Pero ese rechazo a las formas y no a los contenidos es un mensaje también claro para quien puntea los pronósticos con base en los resultados: nada tiene asegurado quien apueste a la polarización del país, en especial por parte de esos sectores que repudiaron desde el comienzo un eventual acuerdo con los irregulares armados. Hubo un rechazo evidente a las formas tradicionales de hacer política y a quienes representan esas visiones e intereses siempre enquistados en los resortes del Estado, cualquiera sea la bandería que enarbolen. El mensaje ha sido claro, el voto de opinión y con independencia se impuso por encima de las maquinarias, por aceitadas que puedan estar.  

La gran incógnita de la hora es el curso que tomarán los electores que dieron con Sergio Fajardo el gran campanazo sobre el anuncio de que en Colombia  las cosas  han cambiado en los horizontes de opción política. No son votos endosables porque representan una opinión generacional y además  de mentalidad urbana, no definida más allá de la coyuntura y con absoluta independencia de cualquier corriente manipuladora. Es un voto inteligente, imprevisible e independiente de toda atadura. Eso significa que puede haber mayores sorpresas que las vistas en la jornada del último domingo de este mayo de 2018. Porque está claro que esos sufragantes que apoyaron a Fajardo están más lejos de Duque que de Gustavo Petro, sin embargo la desconfianza sobre la proyección de la sombra venezolana sobre el escenario colombiano también puede ser piantavotos en las aspiraciones del petrismo, puesto que así como hay rechazo a las algunas de las fuerzas que apoyan a Iván Duque, el rechazo no es menor hacia quienes sostienen posiciones extremistas en el entorno del señor Petro. De hecho, bien se sabe que aquellos que apostaron hasta ayer por la violencia, en general acompañan al candidato alternativo (aresprensa).   

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Actualizado: martes 29 mayo 2018 17:04
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