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CONTINÚA LA PRIMACÍA EUROPEA

Publicado el 20 de julio de 2010 / 18.10 hora de Bogotá D.C.

CONTINÚA LA PRIMACÍA EUROPEA 

Una dura lección le dejó a Sudamérica este mundial sudafricano que acaba de concluir: no es posible improvisar y el riesgo de dejar los procesos en manos de direcciones inconsistentes sólo puede generar grandes frustraciones. Ese fue el caso de la Argentina en contraste con el resultado que arrojó la presencia de Uruguay y Paraguay. Los resultados esquivos que dejaron por fuera a otro de los grandes sudamericanos, el Brasil, pueden frustrar el sesudo proceso de modernización del fútbol brasileño que encabezó el malogrado Dunga. Un riesgo difícil que debe afrontar el anfitrión del Mundial 2014. 

Escribe: Edgardo "Cuqui" LÓPEZ  

Fue una final inesperada por la presencia de España en esta instancia y por la tercera búsqueda de un título orbital para Holanda, con merecida presencia en el último partido de Sudáfrica 2010. También fue la tercera frustración de la vieja "naranja mecánica", hoy convertida en una calculadora y ríspida selección que dejó atrás una memoria de juego fuerte y sólido para reemplazarla por una de ruptura y posibilidad mayor de lesión. 

En el partido definitivo España generó toque y desmarque, en tanto que Holanda pretendió cortar los circuitos del medio campo. En el inicio de ese encuentro dos intervenciones del arquero salvaron la valla naranja y dieron un anuncio de las emociones que daría este partido. La presión española, si bien infructuosa en los primeros tramos del partido sí dio réditos al provocar las sanciones y condicionar la ofensiva holandesa pues antes de finalizar el primer tiempo ya tenía a tres hombres amonestados. Ello no obstante la permisividad del árbitro inglés que demoró en la imposición de tarjeta roja, casi hasta el final del partido.  

El volumen de juego holandés, el desborde y la creación quedaron a cargo Wesley Sneijder y Arjen Robben, acompañados por el otro delantero, Robin van Persie. La marca fuerte y el riesgo de expulsión lo cargaron sobre todo Mark van Bommel -uno de los mejores número 5 de este mundial sudafricano- y Nigel de Young. Hubo abundantes llegadas sobre las vallas tanto holandesa como española, pero el vacío de logros opacó las alternativas por momentos emotivas de ese juego entre europeos.  

España tejió de manera paciente su victoria y debió seguir hilvanando en el extratiempo con movimientos del banco. Esa filigrana tejida en los últimos minutos quedó en las piernas de los "xavis" Alonso y Hernández, con el concurso de David Villa, quienes sirvieron el toque definitivo a Andrés Iniesta. El campeón quedó consagrado cuando faltaban ocho minutos para la definición por tiros directos.  

Atrás había quedado la expulsión del holandés John Heitinga y seis tarjetas amarillas para los naranjas por tres que consecharon los españoles, algo que habla de la reciedumbre del partido aunque eso no opacó el ritmo del tramado de juego español ni la categoría de esta selección holandesa que no llegó al Mundial entre las favoritas y sin embargo se consagró segunda. No obstante, el partido fue pobre en lo técnico y no salió del marco que en general es un partido final en mundiales. 

Está claro que lo mejor se lo llevaron los españoles no solo por la Copa FIFA sino por el hecho de que lo hicieron en su primera llegada a una final, en tanto que los holandeses debieron resignarse otra vez a figurar en el segundo escalón. España entró al Mundial como favorito, pero su avance tuvo tropiezos. Anotó sólo ocho goles durante el certamen, no obstante de que el equipo de Vicente del Bosque llegó con una delantera que imponía respeto y hasta temor. En cuatro de los siete partidos mundialistas se impuso por la mínima de un gol por cero.  

A pesar de ese magro balance es un justo campeón en un certamen exótico por el escenario que se desarrolló, una Sudáfrica aún en proceso de estabilización y reconformación social que navega al tiempo entre las fronteras de la opulencia del primer mundo y las asimetrías del tercero. En ese marco Latinoamérica quedó con menores números y dejó de nuevo la primacía del fútbol universal a la vieja Europa.  

El panorama auspicioso de la primera ronda para los latinoamericanos, en especial los de Sudamérica, desnudó la realidad de las inconsistencias entre octavos y cuartos de final. Afuera quedaron Brasil, la Argentina y Chile en esas etapas defintivas, con dudoso pundonor para los albicelestes quienes fueron eliminados por goleada ante Alemania. 

Esto dejó el escenario para el peso específico europeo y a un solitario Uruguay que se jugó el tercer lugar con un mérito indiscutible aunque inesperado. En ese marco también fue relevante el papel que tuvo Paraguay en términos de los dos que, junto con los de Montevideo, resultaron ser los que mejor sacaron la cara y levantaron la frente por la región sudamericana. 

En el partido contra Alemania por el tercer puesto Uruguay mostró al mejor Diego Forlán del Mundial, sin hacer abstracción de que en todo el proceso sudafricano fue sin duda el uruguayo más destacado y por eso ganó su estrella como Balón de Oro en el reconocimiento de la FIFA como el mejor de Sudáfrica y con 5 goles en su cosecha personal de la temporada mundialista. ¿Podría alguien olvidar esa floritura de gol, el segundo ante los germanos, para el empate parcial? Es posible imaginar lo que pasará ahora con la cotización del pase de "Cachabacha", a los 31 años, en el otoño de su carrera y por ahora al servicio Atlético de Madrid. 

Forlán alegró la tarde de los sudamericanos por su buena fortuna en el partido frente a los alemanes y compensó los desaciertos del arquero Fernando Muslera, quien tuvo responsabilidad en al menos uno de los goles hechos por los teutones. Un mal día para el guardamenta oriental que se había lucido en otros partidos.  

Los alemanes, por su lado, le apostaron a la juventud de sus jugadores y a la poca estridencia de sus principales figuras, casi todos de los equipos de la Fussball-BundesligaMaduros para dentro de cuatro años, estos muchachos de la interraccial selección alemana darán mucho que hablar si llegan a clasificar para Brasil 2014. 

En definitiva y si hacemos a un lado los méritos de un jugador como Diego Forlán, resulta importante señalar como enseñanza de este mundial sudafricano que el eje del proceso de los éxitos no fue la figura desequilibrante sino el trabajo de conjunto y el tejido técnico desarrollado por las conducciones estratégicas de los equipos. Eso fue lo que mostraron los cuatro de la cúpula y lo contrario de lo exhibido por Francia o la Argentina, por citar solo a dos ejemplos.  

La marcada decepción que dejaron Brasil y la Argentina tiene atenuantes para los de Dunga. Siempre lo dijimos desde estas columnas, incluso durante las eliminatorias sudamericanas: el Brasil del siglo XXI se encuentra en etapa de transformación y en un proceso semejante puede haber tropiezos. Este de Sudáfrica fue uno de ellos, doloroso para todos los sudamericanos e insoportable para la torcida. Abortar el serio proceso que condujo Dunga será un retroceso, Brasil no puede seguir apostando en exclusiva a su lirismo tradicional. Lo ocurrido frente a Europa en el mundial sudafricano deja una huella que los sudamericanos deben mirar con atención. 

El fútbol de potrero, así sea a nivel de postgrado, ya no tiene futuro en el panorama mundial. Su memoria sí, pero esto no prospera si no se obtienen resultados que hoy sólo puede brindar un proceso largo y contínuo. Las improvisaciones y el dejar libradas las cosas al talento individual y desbordante, sólo cosecha frustraciones. Entre otras cosas, lo que no se puede improvisar es un buen conductor de selecciones. Nadie puede aprender a dirigir una selección de fútbol, por brillantes que sean sus jugadores, en la propia selección. El conductor de una selección seria y que apunte a cosas grandes debe llegar con un bagaje ya construido en esa materia.  

El mejor ejemplo de un buen trabajo estratégico, entre nosotros, son Óscar Washington Tabárez, de Uruguay y Gerardo "Tata" Martino, de Paraguay. El que no lo crea así puede seguir imitando lo que ha ocurrido y continuará ocurriendo para la AFA, hasta ahora, con la selección argentina. Ese es el mejor camino para cosechar derrotas y grandes decepciones. Ni los piqueteros ni las nefastas "barras bravas" pueden construir un buen resultado en el fútbol de élite, si a la cabeza se encuentra un director técnico incompetente (aresprensa.com).

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