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COPA CENTENARIO: BOFETADAS IMPREVISTAS

Publicado el 16 de junio de 2016 / 13.15 horas, en Bogotá D.C.

COPA CENTENARIO: BOFETADAS IMPREVISTAS

Al terminar la ronda eliminatoria y quedar armadas las llamadas “llaves” de quienes superaron la primera prueba, las sorpresas de esta Copa Centenario fueron variadas y no es posible pasarlas por alto. La primera es la rebelión de los mal llamados “chicos” que eliminaron a dos grandes: Brasil y Uruguay. La segunda son los fallos arbitrales, tan temidos, y tercero es el repunte relativo del fútbol de la Concacaf, en la cual México y Estados Unidos siguen a la cabeza. La caída estrepitosa de Paraguay también fue un golpe para los conocedores de este tipo de pujas. En la suma, son tres de la Conmebol que tropezaron de manera dura y no pudieron levantar cabeza en el corto tramo eliminatorio. Es cierto que esta Copa Centenario es atípica y hace alusión al siglo de la verdadera Copa América que se jugó el año pasado en Chile, pero quedar marginado al arrancar no es un buen cartón de presentación para lo que sigue en las Eliminatorias a Rusia, que esperan después de las olimpiadas de Río. Las consecuencias iniciales de lo ocurrido en estas dos semanas de fútbol continental ya se vieron con la salida del afamado técnico Ramón Díaz, de Paraguay, pero es probable que no sea la única. Estas consecuencias imprevistas son en verdad bofetadas para las aficiones afectadas y un aire refrescante para los otros, que de alguna manera vieron menos comprometido el avance en la siguiente ronda. De esos que llegaron con toda su tradición a cuestas ahora solo queda Argentina, con Lionel Messi a bordo.

El arbitraje fue otro capítulo delicado de este certamen, si se recuerda que el árbitro chileno Julio Bascuñán le regaló un empate a un Brasil que no lo merecía en el juego ante Ecuador, lo que se equilibró con otra desmesura como el otorgarle al Perú un gol ante Brasil, que sacó a este último de la escena y deja al técnico Dunga con un pie afuera de su cargo*. Será difícil que este destacado orientador brasileño se mantenga en su rol si la selección auriverde mantiene el bajo rango de su juego, que hace lucir a sus astros muy por debajo de sus lauros históricos. Los de Dunga salieron con la cola entre las piernas y con la lluvia de críticas que rozan el irrespeto para sus luminarias, que siguen allí pero no lucen. El tema ahora es más inquietante: ¿está Brasil en condiciones de recuperarse, incluso con el relevo de la conducción técnica?; no parece probable en las vigentes circunstancias. Esto, porque no debe olvidarse lo que ocurrió con Brasil en el pasado Mundial, como dueño de casa, y la salida por la puerta de atrás, como ahora, en la Copa América del año pasado.

Los casos de Uruguay y Paraguay son aparte. En el primer caso, el de los charrúas, pareciera que la veteranía del conjunto -que le permitió a la “celeste” todos los últimos años de gloria -incluida la Copa América de Argentina- ya tiene el cronómetro en contra. Tanta experiencia parece ahora jugar en contra y lo ocurrido en Chile el año pasado, tanto como lo que ha pasado ahora en esta Copa sacada de la milagrosa manga del Tío Sam, son campanazos que se supone con incertidumbre le darán para un balance ponderado al veterano mayor del grupo oriental: Óscar Washington Tabárez.  El problema de Paraguay es más profundo. Desde la partida de Gerardo “Tata” Martino de la orientación guaraní, no volvió a asomar el sol para la banda de los de Asunción. En la Copa América de Argentina, al comienzo de la década, alcanzó a ocupar el segundo lugar, pero después no pudo clasificar al Mundial brasileño y tuvo un rol opaco en la Copa América de Chile. Ahora acaba de hundirse por resultados poco menos que humillantes: perdió ante Colombia y ante los dueños de casa, luego empató en ceros con Costa Rica. Sin más comentarios.

Cinco de los equipos que están hoy en cuartos de final muestran una discreta evolución de su fútbol y salvo uno de ellos, aparecen ahora como promesa de ingresar a mejores niveles de visibilidad con potenciales evidentes de competitividad. Ellos son: Venezuela, Perú, Estados Unidos y México. Venezuela, ahora bajo la guía de Rafael Dudamel ha cumplido un decoroso papel en la competencia que se desarrolla: venció a Jamaica, sacó de liza a Uruguay y empató con México, fue suficiente para estar entre los 8 con mayores méritos, de los 16 que iniciaron. El Perú ha tenido hasta hoy una evolución errática con tendencia a mejorar, bajo la dirección de Ricardo Gareca. El triunfo ante Brasil, aunque discutido, habla de una positiva disposición de sus hombres en circunstancias adversas y el que Ecuador le haya empatado, nos dice de los altibajos. Los ecuatorianos mantienen la fortaleza vista en los últimos años y el trainer Gustavo Quintero sigue cosechando frutos de lo que sembraron en su momento los orientadores colombianos. Chile en cambio sigue en deuda, después de lo hecho en la Copa América en la que fue anfitrión.

Gareca Martino Pékerman
EN CUARTOS DE FINAL

 

En la ronda que viene, la de cuartos de final, sobreviven apenas dos de la Concacaf. Los antillanos no pasaron de la primera vuelta eliminatoria, pero el ejercicio con jamaiquinos y haitianos tuvo buenos momentos para la vista, aunque poco para el análisis en la medida en que este deporte en las islas del Caribe aún no es competitivo, aunque sigue creciendo y la prueba de ello es la buena labor que cumplió el árbitro cubano Yadel Martínez Pupo, a quien acompañó su compatriota Hirán  Dopico. Sobre todo, si al trabajo de ese árbitro se lo compara con el del ya nombrado chileno Julio Bascuñán y el del oriental Andrés Cunha, este último célebre en sentido negativo por el polémico gol otorgado a los peruanos, en contra de Brasil, que significó la eliminación de este último. Martínez fue el primer juez de esa nacionalidad convocado a dirigir un torneo de este nivel. Administró con solvencia, junto con Dopico, la puja entre México y Venezuela, que terminó empatada. Los de los Estados Unidos deberán definir en cuartos su permanencia con Ecuador y los mexicanos con Chile

El único grande que sobrevive en esta Copa Centenario -si se cuentan sus títulos ganados, entre mundiales, olímpicos y copas América- es la Argentina. Es cierto que en fútbol nada está escrito de manera definitiva y lo ocurrido aquí lo demuestra, pero la sequía de títulos que tiene la Argentina desde hace mucho tiempo hacen suponer que quiere llevarse esta copa del centenario. Valga recordar que la primera disputa de este certamen, jugada en Uruguay en 1916, encontró en la final al dueño de casa y a sus vecinos del Río de la Plata. Hace un siglo los primeros se llevaron el triunfo y es por eso que ahora los de Martino bien podrían estimar que este premio es una suerte de revancha con cien años de distancia. Claro que eso no es más que un consuelo, después de haber perdido la final del último mundial en Brasil y la copa en Santiago, año pasado. En estas instancias de competencia y frente a las aspiraciones eventuales de los argentinos, nadie ya puede ser considerado un chico. Una consideración que viene al caso por el tramo que queda: si los argentinos salen airosos ante Venezuela se cruzarían con el vencedor entre Ecuador y los Estados Unidos, en semifinales (aresprensa).   

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* En el momento de elaborarse y publicarse este artículo, el técnico brasileño fue separado de su responsabilidad (N. de la R.). 

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