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COPA: ÚLTIMOS TRAMOS

Publicado el 28 de junio de 2015 / 16.10 horas, en Bogotá D.C.

COPA: ÚLTIMOS TRAMOS

El escandaloso partido en el cual Chile se impuso con justicia a Uruguay y lo eliminó de la Copa, fue un comienzo en concordancia con el terremoto que estremece al fútbol mundial y con mayor énfasis  al continental, por causa de la corrupción y manejos muy oscuros de la dirigencia, con extensión al plano político. Los anfitriones pudieron callar  la boca a los orientales con razones deportivas de peso, como la demostrada, a la pretensión de volver a eliminar a dueños de casa en la aspiración al título, así como ya lo hicieron antes con Paraguay y con la Argentina en la edición anterior de la Copa. Es por eso que no hubiesen sido necesarias para Chile las mañas antideportivas exhibidas al final del trámite por individualidades como Gonzalo Jara -finalmente sancionado- y mucho menos contar con un arbitraje perverso como el que encabezó el brasileño Sandro Meira Ricci. Ese partido abrió la serie de cuartos de final  que en el segundo trámite puso en lista de eliminados a Bolivia, al ser derrotada esta selección frente al Perú.

La definición posterior entre Colombia y la Argentina amplió las previsiones anteriores a la Final, con la siempre refractaria opción desde el punto blanco ante la falta de goles durante el tiempo del partido, lo cual le permitió a la Argentina prepararse para la penúltima fase, en partido vibrante de emociones plenas. La lista reducida de cuatro finalistas quedó completa cuando Brasil y Paraguay completaron nómina en favor de los guaraníes con sorpresivo resultado para muchos agoreros que siempre favorecen a ese Brasil que es ya un recuerdo para los expertos. También bolivianos y peruanos definieron presencia en un partido de trámite que el Perú supo sacar delante de manera holgada pero sin llegar a humillar a una selección del altiplano que cumplió un papel decoroso en el torneo regional.

El cruce entre cafeteros y albicelestes no ahorró sensaciones en sus alternativas, la cantidad de tiros errados o frustrados ante la valla de David Ospina, más de 10  y menos de 15, estremecieron en más de una ocasión a los hinchas de ambos equipos. Fue la mejor Colombia y la mejor Argentina vistas durante el certamen, ello no obstante el juego brusco constante de individualidades colombianas y la permisividad del juez mexicano Roberto García Orozco, que en un principio pretendió ser vertical en resguardo de la seguridad del partido y terminó siendo laxo con las infracciones. Argentina presionó durante todo el primer tiempo y ese ritmo siguió en el segundo segmento, aunque con mejor respuesta de Colombia en esa última parte. Fue evidente al respecto que las bajas en la nómina de la tricolor pesaron en las definiciones y en la casi absoluta falta de llegada al arco que defendió Sergio “Chiquito” Romero.

La escasez de goles, no obstante la presión ofensiva y al tiempo la ausencia de precisión sobre los arcos contrarios, fueron detalles sobresalientes que mostraron tanto argentinos como colombianos. El antecedente de ese panorama fue un solitario gol en la primera ronda, que acreditaron los hombres de José Néstor Pékerman y el también solitario tanto que sufrió la valla de Ospina en tres partidos. Esa es la muestra de que hubo poca cosecha, aunque para el caso de los de Gerardo Martino hubo mayor siembra y creación de opciones. En la misma línea, lo que le ocurrió a la Argentina ante Jamaica, antes de enfrentar a Colombia, no fue entonces una casualidad. Eso no impidió que el grupo rioplatense dejase por fuera a los cafeteros en el tramo de cuartos de final, pero sí señala que algo pasa con un grupo de jugadores que, como los de Argentina, le apuestan a la ofensiva con figuras de indiscutida talla mundial en sus equipos europeos pero luego aparecen anestesiados para confirmar logros cuando se ponen los colores de su país.

GONZALO JARA SANDRO MEIRA RICCI

                                                                                            

 

Aunque el llamado de atención debe ser mayor para los de Colombia porque no solo estuvieron ausentes en esta justa tanto la capacidad de construcción de juego como el manejo de balón vistos en los últimos tiempos en este seleccionado bajo la conducción de Pékerman. En verdad, hubo una puntual implosión de identidad, al margen de las ausencias de jugadores notables y, por momentos, pareció que incluso las grandes figuras del team colombiano hubiesen perdido el rumbo en un ambiente interior de confusión. No es creíble pensar que todos los talentosos de esta escuadra hubiesen perdido de pronto el talento sin explicaciones anexas. Lo cierto es que no se debe descartar que la porfía del técnico por la insistencia en determinados nombres, el poco trabajo en la búsqueda de nuevos valores en la cantera y la carencia de partidos amistosos de valía para ajustar líneas y temperamentos, estén pesando demasiado en estos resultados. No debe caber duda de que es esta una de las experiencias con mayores lecciones para Colombia, en el sentido de que algo debe alterarse en el libreto seguido hasta aquí. El grupo no fue eliminado por el infortunio.

Lo poco que mostró Colombia fue una sorpresa, pero mucho  más lo es lo ocurrido con Brasil. El conjunto que dirige Carlos Caetano Bledorn Verri -Dunga- no solo se fue con las manos vacías sino que mostró que sigue en la lona, después del knock-out que le produjo Alemania el año pasado.  Es cierto que tanto Luiz Felipe Scolari -Filipão- y el “sargento” Dunga llegaron para introducir reformas profundas, estratégicas, en la concepción tradicional del fútbol brasileño, pero el experimento no debería significar la castración irremediable de la sensibilidad de estos jugadores para asumir compromisos en el campo de juego, ni tampoco tratar de borrar la memoria que hizo al Brasil de la historia que todos conocen y respetan. Tampoco es viable señalar que la merecida expulsión y salida de Neymar del torneo es la causa por la cual su equipo resultó eliminado. Lo de Brasil es más profundo y toca toda la estructura del fútbol de su país, aunque tampoco se le puede exigir que siga jugando como lo hicieron sus glorias icónicas, ya en retiro forzoso.

En la síntesis, de los tres grandes de Sudamérica ya quedaron al costado del dos: Uruguay y los de Dunga. Sólo queda en la liza la Argentina de Gerardo Martino quien llega por su segunda vez consecutiva a esta instancia. En la anterior ocasión el “Tata” lo hizo y alcanzó la Final al frente del Paraguay admirable, que hoy dirige su compatriota Ramón “Pelado” Díaz, quien también se acomodó entre los cuatro mejores. La definición de los llamados tres grandes es arbitraria pues sólo tiene en cuanta a los países que ganaron medallas de oro olímpicas en fútbol, máximos trofeos mundiales de la Fifa y volumen suficiente en copas América, trofeos alcanzados de manera integral o parcial. En esa lista sólo figura el trío señalado. Más allá de esa instancia están los que acompañan a los argentinos hacia la Final: el ya nombrado conjunto guaraní, Chile y el Perú. Dos andinos y dos de la llamada Cuenca del Plata. Pesos y contrapesos regionales para un fútbol que brindó buenas sesiones de juego, con espesor en goles para el caso de los chilenos, y escasez para los otros, además de las reseñadas sorpresas desagradables. También estuvo presente de manera implícita la escandalosa inestabilidad institucional y burocrática de la Conmebol que ronda el escenario, el cual debiera ser exclusivo del deporte transparente, aunque siga siendo un negocio(aresprensa). 

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COPA AMÉRICA CHILE 2015

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