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DAVOS 2019, UNA MIRADA A LA BRÚJULA

ACTUALIDAD  //  Publicado el 22 de enero de 2019  // 14.30 horas, en Bogotá D.C.

 

DAVOS 2019, UNA MIRADA A LA BRÚJULA 

 

Se inició hoy, aunque en realidad todo comenzó ayer,  una nueva edición del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, con ausencias significativas y sin que se pueda erradicar la incertidumbre que campea por el mundo. Son aprensiones por la estabilidad mundial no solo en el plano económico sino también por el de la seguridad en general. Es cierto, el  ciclo anterior se cerró con preocupaciones por el impacto de las desavenencias en Asia, los tropezones internos de la administración Trump y la misma estabilidad de su gobierno que no ha llegado a la mitad de su mandato y un año después todo sigue  casi igual, o peor. Sumado a lo anterior están en el escenario de atención la traumática salida de Londres de la comunidad europea y los  problemas propios de América Latina que, aunque no son inquietud prioritaria para el resto del mundo igual laceran, dado que ya no es este el espacio geopolítico cercano de un manejo exclusivo de los Estados Unidos. Es interesante saber que  en la reunión mundial el presidente colombiano, Iván Duque, presenta orondo una verdadera novedad regional: la apertura del Centro para la Cuarta Revolución Industrial (C4IR), en Medellín.

En el sentido de lo que es importante en este encuentro para una región de traspatio, como lo es esta región, vale señalar que la crisis generalizada que ha planteado la saga bolivariana y la misma alteración expansiva que plantea el régimen de Managua, tendrán con seguridad un punto de atención aunque sea en los pasillos. Esos experimentos político-sociales no solo se han convertido en un pulso ideológico entre gobiernos de países, sino fatalidades concretas como lo es el de la sangría demográfica continua que huye de los huecos negros  en que se han convertido los proyectos de transformación que llevan adelante tanto Venezuela como Nicaragua. La implosión de los procesos en esos países está afectando al conjunto del subcontinente en lo concreto, y generan hipótesis de mayores conflictos potenciales que no excluyen la posibilidad de enfrentamientos más allá de lo verbal. Por ahora la inflación venezolana, similar a la que sufrió Alemania en los años 20 del siglo pasado, es otro peligroso factor en desarrollo del país bolivariano.   

Varias cabezas de la reflexión y decisiones sobre el rumbo del mundo estarán ausentes de esta reunión formal en la informalidad, pues aquí no hay protocolos para la firma de acuerdos o se toman medidas de Estado. Esa no es la función de Davos y de  su tradición iniciada en 1971, sino que los convocados  lo son para que en la mesa se mire y se pongan en debate criterios para que el mundo marche de la mejor manera. Hasta ahora eso no dio demasiados resultados y debe señalarse que estos encuentros en las montañas suizas comenzaron en la plenitud de la Guerra Fría y cuando se cernía sobre todos la primera gran crisis de los precios y el suministro de petróleo. Pero el Foro sí permite que los demás mantengan las esperanzas de que a pesar de los problemas, la humanidad al menos podrá seguir flotando  con aire sobre el peligroso oleaje que tiene ahora motivaciones que parecen incontrolables, al menos en algunas  de sus variables. Es por eso que se espera de aquellos que pueden tener la cabeza caliente por las desavenencias locales,  la enfríen en la nieve del centro invernal para buscar criterios alentadores.  

Pero en este momento en una buena parte de las sociedades, al menos en una parte de los países con mayor protagonismo, está en pleno fermento la inconformidad desafiante, incluso interpelando los pilares de estabilidad que han sostenido la relativa tranquilidad de la posguerra mundial. Un detalle parcial del panorama lo confirma y se hace evidente en las ausencias  de la cita de Davos. Tendrán marca de falla, la señora de Theresa May del Reino Unido, por las dificultades que afronta su gobierno a causa del Brexit que no puede evitar, al tiempo que tampoco puede articular la manera de hacerlo con aceptación de su frente interno y con los menores daños posibles a la propia estabilidad británica. Lo anterior sumado a la intención de evitar una irritación superior de los restantes socios de la  unión europea. Los franceses tienen por su lado su propio infierno de  desafío social callejero, que ha puesto en cuestión la estabilidad del gobierno de Emmanuel Macron y el propio tejido de entendimiento de ciudadanía con el Estado, esto es: la impugnación al pacto social moderno que inventaron ellos, los franceses. Ninguno de los dos mandatarios estará este año en el llamado de Davos.     

Trump tampoco estará en Suiza para protagonizar nuevas andanadas contra la globalización, que es una de las banderas del encuentro de Davos, o atacar a las corrientes ambientalistas con un dejo de acusación a lo que considera poco menos que una gran conspiración universal contra el capitalismo en sus dimensiones “salvajes”, que él defiende. Incluso con su administración poco menos que a media máquina, el presidente norteamericano se excusó de manera amable -raro en él- de la cita, aunque no dice que “eso” que se aborda en Davos poco le simpatiza y su mensaje de éxito al debate simula una antipatía evidente y ya  bien puesta de manifiesto. Tampoco el presidente chino Xi  Jinping estará entre los grandes invitados y la razón que se esgrime es el problema del gobierno de Beijing ante la ralentización de su economía, que por repercusión afectará este año al resto del mundo. El gigante asiático se toma en serio una situación grave para ellos, pues eso de la pérdida de vigor en el avance de su economía golpea su propia emergencia como potencia mundial, no porque necesariamente le importe demasiado lo que les pase a los demás.

Tanto China como los Estados Unidos son actores de primera línea en las vigentes luchas y nacionalismos que afloran en el panorama universal. Una lucha que ha revigorizado al populismo pugnaz y la exclusión generalizada, no solo evidente en los Estados Unidos, Europa Oriental, Turquía e Italia o Brasil, por citar algunos casos que también generan aprensión extensa. Mientras el populismo de izquierda tiene averiada la línea de flotación en Venezuela y Nicaragua, en Argentina se apresta a reemprender el regreso con la eventual candidatura de Cristina Fernández y sus posibilidades nada despreciables de alcanzar la ambición, con base en los desaciertos y fracasos del gobierno de Mauricio Macri, que pesan más en la opinión y sensibilidad pública que sus aciertos  valorables por restituir el valor de la ética administrativa.  No obstante las ausencias de primer plano habrá otros no menos  importantes, además del estreno de Jair Bolsonaro en estas lides, que a estas horas del mediodía ya despachó su discurso de  presentación en el club de los poderosos emergentes.

No solo es  el mandatario brasileño que estará en Suiza quien figura entre los más  esperados. También llegan allí el japonés Shinzo Abe, como primer ministro de su país, y la crepuscular alemana Angela Merkel. Entonces, no están todos los  mascarones de proa pero sí al menos algunos de ellos. Son unas 3 mil personas las que se encuentran entre los cómodos espacios de intercambio, porque Davos es un coqueto centro invernal para las élites, y no solo van a ese lugar las que hacen presencia de coyuntura, como ocurre en esta reunión múltiple. La selección de asistentes no se hace de manera exclusiva entre políticos en ejercicio, también acuden académicos, analistas, economistas, dirigentes empresariales e incluso artistas de alto vuelo. La doctrina de Davos es, entre otras, la defensa  del intercambio mundial irrestricto. Eso coincide con la agenda  de este año en el Foro, pues se aborda eso de la “Globalización 4.0. A la búsqueda de una arquitectura global en la época de la  cuarta revolución industrial”. (aresprensa).

Actualizado: martes 22 enero 2019 13:31
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