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DESPUÉS DE LAS FARC

Publicado el 21 julio de 2016 / 21.30 horas, en Bogotá D.C.

Las otras Formas de Lucha por el Poder

DESPUÉS DE LAS FARC

  Los ciudadanos del común deberíamos sentir alivio ante el anuncio magnificado con bombos y platillos, de la llegada de la paz. La paz, como un estado de tranquilidad que añoran las gentes sufridas de gran parte del territorio nacional, es una sensación nueva, refrescante, nunca experimentada antes por grandes sectores de la sociedad. El acuerdo al respecto se firmará después de sesenta y ocho años de violencia. Claro está que la realidad puede depararnos sorpresas, algunas de ellas indeseadas si al presente no le incluimos la visión del futuro. Es por ello que llamaremos la atención del lector sobre el más probable escenario en el posacuerdo. Para este propósito trataremos de apartarnos en lo posible de las emociones que suscita Cuba, para dar paso en el análisis de las estrategias de los detractores armados a la eventual respuesta que debe ofrecer el Estado a dichos desafíos. Esto último con el fin de evitar caer en las funestas vivencias del vecindario.

Escribe: Néstor RAMÍREZ MEJÍA*

En el escrito “Colombia: militares en el congreso**, de Rubén Hidalgo, se señala cómo en el posacuerdo coexistirían en contubernio, factores y agentes generadores de violencia, al mismo tiempo que no faltarían las amenazas y perturbaciones externas. Esto, además, con el posible e inaceptable pago de condenas simbólicas de los miembros de las Farc en el Congreso, a donde llegarían por selección “a dedo”. Pero hay más sobre esa posibilidad cierta y es algo peor: la aberrante autorización a influir de manera indirecta pero concreta en el nombramiento de sus propios jueces y en una eventual presión extrajudicial sobre el comportamiento ex-post facto de los agentes del Estado, sobre quienes debería presumirse legalidad.

Ese mapa de situación, potenciado por el narcotráfico y el dinero negro que manejaron los antiguos grupos armados, podrían ser destinados a aceitar actividades de superficie como las de Marcha Patriótica y similares, dirigidas a la activación de la protesta social generalizada, profesionalizada” y permanente, con finalidad subversiva”, dice el escrito de referencia. Esto último con el propósito de “paralizar la economía nacional, hacerla implosionar y precipitar otras formas de confrontación entre las autoridades y el pueblo***. Ese escrito de Hidalgo, en contraste con la sensación optimista de la paz, deja al descubierto certezas preocupantes que excitan la sensibilidad de los escépticos y de quienes manifiestan desacuerdo con ciertas concesiones proporcionadas a los armados ilegales.

Frente a ese estado de cosas se corre, con toda justificación, el peligro de que las emociones cieguen la razón. También, que los fantasmas se mezclen con los “sapos a tragar” propios de una negociación con quienes cometieron todo tipo de delitos graves; a la vez, que se reaccione airadamente contra las interpretaciones de los acuerdos y no contra el contenido de los mismos. De esta forma, la amenaza que cobraría vida en el futuro inmediato -aprovechando la circunstancia de indicadores económicos desfavorables- podría pasar inadvertida. No sobra recordar que la lucha guerrillera para el “secretariado”, no es una afición o estilo de vida; por el contrario, es un medio para acceder al poder. Aunque prolongado en el tiempo es una circunstancia reemplazable como camino al propósito principal

Debido a que la confrontación armada como medio de lucha fracasó y dejó de ser aceptable, factible y conducente, optaron por negociar la salida de la guerra, pero ahí sigue el objetivo principal: el acceso al poder. Algo que ya había descubierto y sobre lo que había escrito el sociólogo francés, experto en conflictos asimétricos, Gerard Chaliand. En paralelo, una concepción y camino que ya había transitado el M-19 y que el Eln, incluso, ya expuso en su plan “Acabar la guerra para construir la paz”. En la suma, es una reflexión que las mismas Farc se habían planteado, entre los años 2.003 a 2.005, y de ese contenido surgieron las razones que las llevarían a la mesa. En síntesis, el nuevo vehículo priorizado y seleccionado por los ilegales, dentro de la combinación de métodos de lucha, es el político.

De forma más precisa, el nuevo camino para llegar al viejo propósito es el empleo de la vía democrática para acceder al poder, con el interés de destruir desde adentro a la sociedad y a sus valores fundamentales. Así y de la misma manera como lo concibe en su esencialidad el socialismo del S. XXI, que inició Hugo Chávez y hoy continúa Nicolás Maduro. Es tal el entusiasmo de los ilegales que, con tal de que se les permita el uso de este nuevo vehículo, estarían dispuestas a sacrificar parte de las concesiones obtenidas, excepto aquellas que faciliten sus objetivos. Para ellos, las concesiones referidas y postergadas en la negociación las obtendrían más tarde -en hipótésis- al acceder al poder. Ya lo dijeron: si el plebiscito es desfavorable de todas maneras no perderán lo que ya se ha transitado.

En ese orden de ideas, se entiende el porqué de unas Farc que exigen en Cuba con insistente regularidad, el desmonte de los Esmad de la policía. La única organización de la seguridad del Estado entrenada, equipada y disciplinada para evitar que la legítima protesta social se desborde y afecte tanto al bien común como a los derechos fundamentales. Así y con claridad lo señalan en las redes sociales: “Las Farc nos transformaremos en un movimiento político legal, conservando nuestra cohesión y unidad históricas con el propósito de trabajar de manera amplia con las masas de inconformes en Colombia****.

No sobra traer a la memoria que la democracia anuló las dictaduras de los 80 en América, pero por ignorancia o mala praxis esta forma de regular lo social se asoció con malos gobiernos. Es así que éstos la desacreditarían, dando paso a variopintos socialismos del S. XXI en varios países de la región. Ahora, con ritmo paulatino, el descrédito de ese “socialismo” por la incapacidad aterradora de sus representantes al frente de los gobiernos y por la ineficacia del sistema, trae de regreso a la democracia representativa plena. No obstante, los países que no sufrieron el anterior proceso, podrían ser objeto del irreflexivo voto venganza contra sus dirigentes, aunque incluso eso no les garantice a los hasta hoy ilegales un paseo y camino abierto para acceder al control del todo social.

De esta manera la clase política no tendrá otra opción que recuperar las décadas perdidas, aprovechando   las cosas buenas que pueda deparar el posacuerdo, que en justicia las tiene. Es de esperar que florezcan ideas sobre una “Reforma”. Una restauración moral y de mérito, en el campo de la investigación científica, la cultura y la política, con educación gratuita y obligatoria para todos sin excepción, entre otras urgencias demoradas. Lo anterior, con la reinserción en los distintos pensum de la instrucción cívica y la urbanidad, dirigidas a formar en la tolerancia y en su correlato: el respeto hacia los demás. Además, con el objetivo de que se acabe con la petrolizaciónde la sociedad, la corrupción, la impunidad, la polarización y la desigualdad en el ingreso.

Una reorientación de las costumbres políticas y de la organización social y económica que, por proyección, genere empleo, seguridad tanto ciudadana como pública, y que apunte a construir la unidad nacional tras un proyecto aglutinante. Aunque, sobre todo, que se decida desde los ámbitos de decisión del Estado a disolver, de una vez por todas, el narcotráfico como financiador de todos los males que aquejan a Colombia.  En otras palabras, neutralizar el uso del descontento como estrategia para lograr adeptos y, revertirlo creativamente, en la construcción de una nueva Colombia.  Es una lástima que la carta del presidente Santos a su antecesor inmediato no se hubiese enviado un año antes. Infortunadamente, el tiempo es corto para restañar heridas y deshacer ofensas como el encausamiento injusto de líderes –dado por el uribismo como “persecución”- todo en pos de la verdadera reconciliación nacional. Un paso así, de no haberse frustrado, hubiese facilitado la reconstrucción en el futuro inmediato (aresprensa).

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* El autor es general (r.) del Ejército de Colombia y presidente de la Junta de generales y almirantes de la Reserva Activa de ese país.

** HIDALGO, Rubén. Colombia: militares en el congreso. [Agencia de prensa ares. Julio 12 de 2016]

*** Ibid.

**** El Tiempo. Bogotá [julio 8 de 2016]

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