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DIEZ FRANCOTIRADORES

Publicado el 28 de agosto de 2017 / 10.40 horas, en Bogotá D.C.

DIEZ FRANCOTIRADORES

La primera noticia al respecto llegó hacia julio del año pasado, la databan fuentes de ARES en Medellín: un grupo de 10 francotiradores se entrenaban en el departamento de Antioquia para dar caza a dirigentes de las Farc, quienes en aquel momento estaban en La Habana aún en el proceso final de la negociación que cerraría su retiro de la lucha armada. La Agencia no pudo confrontar la especie en sector alguno, oficial, oficioso o extraoficial. Entonces, se desistió de hacer la publicación al respecto y no se le dio salida a algo que bien hubiese podido ser un  simple rumor sin fundamento alguno o, quizá, un globo estimulado por algún sector disolvente o  un servicio de inteligencia con poco oficio y con deseos de sabotear un proceso de  paz, que se saboteaba por sí mismo desde la orilla de quienes lo apoyaban de forma ciega y aguardaban un plebiscito que se suponía sería favorable a las pretensiones del gobierno. En ese lapso de más de un año sucedieron demasiadas cosas y no pocas de ellas fueron exabruptos que siguieron golpeando al proceso que llevaba adelante la administración Santos, al tiempo que en el entretanto ocurrieron otros dislates que en definitiva lo afirmaron.

La derrota oficial en el plebiscito de marras, que los partidarios de la administración rechazaban, y la burla posterior del Palacio de Nariño al dictamen soberano -enmascarada en una decisión de los altos tribunales- fueron parte de la sumatoria de contingencias de tropical razonamiento sobre las complejas gestiones que se sellaron con boato. Esto ademas del otorgamiento de un premio Nobel sobre el cual siguen más dudas y sospechas que razones para una sana alegría . Lo complejo de la situación y los riesgos para la institucionalidad del país siguieron llevando a la mesa de  edición de ARES mayores detalles sobre la primera versión, rechazada de manera repetida por lo que bien hubiese podido ser un “falso cometido” con írritas intenciones.  La  decisión de alto nivel en la Agencia se mantuvo inalterable: no se le daría curso a esa información por lo sospechoso de su contorno.

Eso fue así hasta que quien  fue la cabeza del grupo de asesores legales de las Farc y ahora es apoyo letrado en continuidad del grupo desmovilizado, el señor Enrique Santiago, manifestó de manera pública su alarma ante la misma afirmación, que quizá por otras vías había recibido esta Agencia como conjunto de datos  de difícil trámite y credibilidad. Los detalles originales decían que el grupo en entrenamiento, hacia julio de 2016, estaba constituido por unos diez sujetos, en tanto que la financiación de sus actividades ocultas era soportado por un núcleo de empresarios antioqueños, todos ellos víctimas de distintos desmanes de lo que hoy es una desmovilizada agrupación que estuvo hasta ayer en armas y en repliegue militar desde hacía más de una década. En esa misma línea, se afirmaba que ya se habían adquirido dos fusiles de alta  precisión especiales para el horizonte previsto y que uno de ellos era el reconocido Barret M 95.

Esa es una pieza de origen norteamericano utilizada en las operaciones de Medio Oriente por las fuerzas armadas de ese país, entre otros, durante los conflictos de las últimas dos décadas que comprometieron a sus tropas en esa región del mundo. El fusil tiene un alcance de unos dos kilómetros y demostró su eficiencia en las operaciones de “snipers” en aquellos  territorios, además de quedar sobreexpuestos en su funcionalidad y en lo que hace a los efectos ofensivos,  por las series de televisión y aparatos de propaganda del país de origen. Uno de los aspectos que movía a sospechas sobre la veracidad de las versiones, es que el francotirador resulta un personaje de una élite entre élites de cualquier fuerza militar y su número es mínimo dentro de un contingente armado. Tanto los irregulares colombianos como las fuerzas de ese Estado tienen experimentados francotiradores, entrenados y probados durante el largo conflicto que ensangrentó a Colombia.

Hay entonces dónde reclutar gente para el trabajo de un francotirador, pero aun así una decena de ellos en un mismo núcleo es una cifra abultada como para suponer que una información al respecto hubiese podido ser cierta, sobre todo en una maniobra como la descrita en la que el secreto es fundamental. Diez hombres es demasiado para imaginar que sea posible mantener un secreto sobre semejante propósito. Aunque eso no era lo único como detalle complementario de lo expuesto. El agregado de la información, a posteriori, especificaba que el núcleo promotor de los fusileros de alto linaje había tenido una entrevista con uno de los más altos dirigentes de la política  colombiana, buscando su apoyo y el de su corriente de influencia y decisión, pero ese apoyo había sido negado de manera vertical, en gesto “casi de repudio” a los presuntos planificadores. No era para menos, pues las circunstancias nacionales e internacionales convertían en un suicidio político la eventualidad de un apoyo semejante por parte de una corriente de opinión, dentro del espacio de la legalidad.

Lo mismo habría ocurrido con la oposición venezolana, mucho tiempo antes de que esta saliese a las calles en repudio a las política autoritarias del gobierno de Caracas y a quienes se les habría hecho el ofrecimiento de apoyarlos en la confrontación con los uniformados en las calles de las ciudades venezolanas. A pesar de lo refractario de las actitudes desde quienes hubiese podido ser respaldos legitimantes para lo ilegítimo, los promotores del grupo patrocinador habrían manifestado su intención de seguir adelante con el empeño de primera hora. Después de esos trámites supuestos nada volvió a saberse del fantasmal núcleo, hasta las declaraciones públicas del abogado Santiago, -vocero oficioso y siempre con cercanía integral al grupo maximalista de izquierda ahora desarmado- señalando la eventualidad de su existencia. En sentido contrario, los principales voceros de las exFarc negaron cualquier manifestación que pudiese dar espesor a lo que tan solo había sido un aventurado supuesto.

Llama la atención el que tanto la afirmación de Santiago como las negativas posteriores no hagan claridad alguna sobre el meollo del asunto: la intención de caza letal a los dirigentes que retornan a la vida civil en difícil proceso de reintegración. La exguerrilla tiene una sensibilidad particular sobre esos temas, pues los antecedentes muestran en relieve lo ocurrido hace varios años con la desaparecida Unión Patriótica, organización política de las Farc surgidas del frustrado proceso de paz que esa organización, entonces al margen de la ley, adelantó con la administración de Belisario Betancur. Una intención frustrada en su momento, por las dificultades insuperables que se dieron en aquel proceso, hace más de tres décadas. Al cerrarse aquellas negociaciones se radicalizó el ciclo de violencias sumadas y el desangre de la pugna entre los protagonistas del conflicto que creció en forma geométrica.

Ese cuadro trágico se amplió con el refuerzo de la lucha contra el narcotráfico y el fortalecimiento simultáneo de la capacidad confrontativa de las Farc. Un ciclo que tuvo su contrapartida con las consecuencias del llamado Plan Colombia, mediante el apoyo de los Estados Unidos,  iniciado durante el gobierno de Andrés Pastrana y continuado en el esfuerzo militar por Álvaro Uribe. En esa etapa final se produjo la inflexión de la capacidad guerrillera la cual, en definitiva, también produjo la inflexión de la voluntad de lucha armada por parte de la organización impugnadora del estado de derecho y condujo a las negociaciones de La Habana, las cuales se cerraron con grandes contradicciones aún pugnaces pero de manera exitosa. El propósito mayor del Estado colombiano en ese proceso fue el detener el desangre generalizado que sufrió el país durante casi seis décadas.  (aresprensa).    

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NOTA CON RELACIÓN DIRECTA: AVIANCA: TELEFONAZO INAPELABLE       

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Actualizado: lunes 28 agosto 2017 19:58
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