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¿DIEZ MILLONES LE ROBARON A "GUACHO"?

Publicado el 30 de abril de 2018 // 15.00 horas, en Bogotá D.C.

¿DIEZ MILLONES LE ROBARON A “GUACHO”?

Fuentes de relieve en Bogotá le señalaron a esta agencia de prensa que la razón concreta de la muerte atroz y la tortura, antes de la inmolación y secuestro previo, de la que fueron víctimas tres periodistas ecuatorianos entre fines de marzo y  el inicio de abril, fue el eje de una oscura trama de saqueo de recursos ilícitos en los que no habrían estado ausentes miembros de las fuerzas de seguridad del vecino país. En efecto, las versiones extraoficiales, no confirmadas y con origen en instancias de alta credibilidad, señalan a miembros de la policía de Ecuador como responsables de la incautación de unos 10 millones de dólares que, se estima, el mexicano Cartel de Sinaloa le envió a la banda de “Guacho” por el pago de embarques de narcóticos. Ese dinero habría desaparecido de los registros legales de las operaciones oficiales y habría terminado en los bolsillos y cuentas de quienes llevaron adelante las acciones ordenadas por las autoridades civiles. Las fuentes añadieron a la versión que la aparente indiferencia del Ejecutivo en Bogotá y la tardanza en la reacción de Colombia por el infausto hecho, estarían dadas por esa circunstancia de corrupción manifiesta, que en la capital de Colombia se habrían conocido de primera mano y en su momento.

La desaparición de los recursos en moneda fuerte se habría producido durante las acciones de represión que los uniformados realizaban en el tiempo de los acontecimientos que se precipitaron en la difícil zona fronteriza donde operan los armados ilegales de “Guacho* y otras bandas criminales.  Todas ellas dedicadas al crimen y la impugnación al Estado -ambos estados limítrofes- reforzadas por diversas formas de economía ilegal en las que el narcotráfico es solo una de las líneas de actividad delictiva, quizá la más importante aunque nunca la única ni exclusiva. El involuntario sacrificio de los comunicadores habría sido el resultado de un lotería al revés: ellos estaban en el sitio y en el momento equivocado. Eso ya se sabía, pero lo que no se conocía eran las hipotéticas motivaciones que pudiesen dar un argumento apenas de cierta racionalidad para explicar lo que fue en apariencia inexplicable, por lo descabellado de la retaliación en superficie  y sin motivación aparente alguna.

Está claro que lo que se habría movido en la sombra para dar justificación al crimen carece de validez en su abyecta naturaleza, pero brinda una coherencia básica para la comprensión forzada del repugnante hecho de sangre. Los periodistas que cayeron en  la respuesta contra el gobierno ecuatoriano por parte de los bandidos, habrían ignorado la suerte que los  acechaba y las causas de una tragedia en la que nada tenían que ver. Incluso el propio gobierno de Quito fue tomado de sorpresa por la cadena de acontecimientos dramáticos que en su tramo final se habían iniciado con el atentado a una patrulla militar, en la zona de Mataje y en la que cayeron tres uniformados. La operación policial en la que se habría tomado el ilícito dinero ajeno y del que no se informó a los superiores en la cadena de mando de la institución, ni a las autoridades civiles, también derivó en la captura de tres familiares de “Guacho”, quienes más tarde fueron prenda de negociación frustrada.

Aun cuando se dijo que el gobierno de Quito habría considerado viable la eventual liberación del trío de allegados y compinches del irregular armado, la certeza de que no volvería a tener de vuelta los perdidos recursos en moneda, lo llevó a decidir la muerte de las víctimas cautivas y encadenadas. A los acontecimientos posteriores se le agregaron otros traumatismos que dan mayor dimensión a la tragedia, pues aún es un misterio la ubicación de los restos de las víctimas y esto sigue presionando en mayor medida a la administración de Lenin Moreno. Además, las repercusiones del hecho delictivo principal que fue el asesinato de los secuestrados, mantienen en vilo las relaciones entre Quito y Bogotá. Eso, aparte de haber motivado la interrupción de la participación en el apoyo ecuatoriano a la negociación que mantenían en la vecina capital, la delegación de los ilegales del llamado ELN con el gobierno de  Juan Manuel Santos.  Al levantarse los negociadores de  la mesa interrumpida en su trámite, ese proceso queda por ahora en veremos.

Alias “Guacho” llegó a temprana edad a las  filas de las Farc, reclutado como un menor de edad entre tantos y en una zona de influencia de la que fue  la más importante formación irregular colombiana, con fuerte presencia más allá de las fronteras, tanto en Ecuador como en Venezuela. El hoy perseguido cabecilla llegó a ocupar responsabilidades medias en la férrea disciplina de la que fue agrupación armada al margen de la ley. Entre todas, quizá la más importante fue la que define su perfil  psicológico: explosivista. Esa especialidad es una élite entre élites de cualquier fuerza armada y requiere, por razones obvias, de un gran equilibrio emocional a priori para ingresar al proceso de especialización en ese tipo de delicada labor. Hombre de mínima formación académica, tuvo en criterio de los jefes subversivos y en  su paso de una década por las filas irregulares, lo necesario para convertirse en experto en manipulación de artefactos y planeación de operaciones con explosivos.

Por ello, quedaba descartado que “Guacho” tomase decisiones improvisadas o que fuese arrastrado por un repentino e involuntario ataque de furia, cualquiera fuese el motivo. Muy seria debió ser la razón que lo llevó a perpetrar el asesinato de civiles con relevancia social, como lo fueron los periodistas. Esa delicada causa bien pudo haber sido lo que señalan las versiones de inteligencia. Queda ahora por confirmar o desmentir lo que sigue siendo una especie que ronda en círculos de alto nivel y que llena de mayor inquietud a familiares de  las víctimas, autoridades y a las sociedades afectadas. También será necesario establecer, en caso de que se confirmase lo que por ahora es extraoficial, si el sospechado robo de dineros ilícitos fue en realidad efectuado en Ecuador o en el otro lado de la frontera y si en realidad fueron responsables de ello solo uniformados ecuatorianos o hay otros  responsables asociados, mas allá del territorio ecuatoriano. Es llamativo que en la tenebrosa trama se aluda tanto a las acciones vinculantes  en el inmediato espacio colombiano (aresprensa).

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* La expresión huacho o guacho, insertada en el castellano, tiene origen en la lengua ancestral incaica, el quechua. Define al huérfano, pero en sus variantes castellanas asume formas de exclusión social, como por ejemplo: hijo ilegítimo. Se le adjudica a quien no conoce a su padre y por ello sufre el desprecio de los otros. El libertador de Chile, Bernardo O´ Higgins, fue conocido por su enemigos políticos locales como “el huacho Riquelme”, por ser hijo de una mujer soltera -Isabel Riquelme- y de quien después de su paso por tierras chilenas fue virrey del Perú, Ambrosio Higgins. En el centro de Colombia la palabra “huache” define a un individuo  zafio, temperamento sinuoso  y merecedor por ello de baja estima social. 

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Actualizado: lunes 30 abril 2018 16:02
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