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DOS COLOSOS EN APRIETOS: ARGENTINA Y BRASIL

Publicado el 05 de septiembre de 2008 / 14.00 hora de Buenos Aires / Archivado el 11 de septiembre de 2008

Eliminatorias Sudáfrica 2010

DOS COLOSOS EN APRIETOS: ARGENTINA Y BRASIL

 

Escribe: Edgardo "Cuqui" LÓPEZ 

En vísperas de los nuevos encuentros por las eliminatorias de la región sudamericana al Mundial del año 2010 en Sudáfrica, los dos grandes del subcontinente enfrentan agendas y situaciones complejas. Los resultados en los tramos inmediatos pasados y previos a los encuentros olímpicos, no dejan para brasileños y argentinos satisfacciones que aseguren la tranquilidad de los cuerpos técnicos e, incluso, la estructura de estas escuadras y el necesario respaldo, sin mirada de soslayo, de sus aficionados.

En tales condiciones de mengua, la situación de los argentinos es mejor que la muestran los brasileños, pero tampoco eso es para que los del Río de la Plata puedan alegrarse con los males que acezan a sus rivales tradicionales. Brasil llega golpeado a esta nueva vuelta de partidos eliminatorios a Sudáfrica 2010, después de la humillante eliminación sufrida en los olímpicos de China para la aspiración al oro, nada menos que en manos de sus antagonistas de Buenos Aires.

El Brasil que enfrentó a la Argentina en la última sesión de la eliminatoria, antes de los olímpicos, fue un pálido equipo lejano de su historia de virtudes tejidas con base en magia visual y táctica, además de figuras que han rebasado capacidad y exigencias. Hoy el director del grupo, Dungaacumula críticas y riesgos concretos de permanencia en la responsabilidad de continuar dirigiendo al scratch.

Después de llevarse la Copa América de manera fulgurante y avanzar de menos a más aplastando a la Argentina en el final de esa gesta de Venezuela, en el 2007, la escuadra del estratega gaúcho -el entrenador es oriundo del estado de Río Grande do Sul y por tanto le cabe el gentilicio- se apagó y empezó a acumular negativos, incluido el empate con percepción de derrota frente a la Argentina en el mítico Morumbi, de São Paulo, en julio de este año. Es cuesta arriba, más que antes, la responsabilidad de Brasil para enfrentar a un Chile empoderado y fortalecido con la reciedumbre que le ha impuesto en la orientación otra figura mítica, esta vez humana: Marcelo Bielsa.

 

Debe recordarse que en el último partido de São Paulo el equipo de Dunga mostró una de sus aristas más ríspidas para la contención del rival. Ese interés de su director técnico por asimilar el juego brasileño a modalidades europeas mata las virtudes naturales del juego de Brasil -según los críticos cariocas- y no le suma las virtudes propias de las tácticas recias que sacrifican fútbol por resultados.

Fue ese partido un pálido reflejo de la historia futbolística brasileña. Exhibió un manejo torpe del balón y estuvo nervioso como conjunto, dejándole la iniciativa al rival de circunstancias que en muchos momentos del trámite lo acorraló. Tampoco definió una línea de zagueros claros y los que estuvieron en la justa -nos referimos a Juan y Lucio- no fueron sancionados de forma vertical por la misericordia del árbitro, pero  merecieron estar por fuera del cuadro de honor histórico que ha construido este país.

 

La sombra de virtuosos como Roberto Carlos y Cafú se proyecta sobre la pobreza escénica y táctica de este conjunto que dirige Dunga. Por  otro lado, es evidente que una ausencia como la de Ricardo Izecson dos Santos Leite -mejor conocido como Kakápesa y genera desbalance en una estructura de juego como la que presenta hoy este Brasil.     

 

En otras palabras, la proscripción táctica del jogo bonito  es quitarle a Brasil lo que es propio del Brasil  y que, además, ha construido su gloria, sin que por eso se incrementen los triunfos que hoy, en estas eliminatorias, son como agua fresca en el desierto. La posición en la tabla lo hace ver en situación de riesgo, pero aunque nadie duda de que este superpoderoso del fútbol sudamericano se clasificará a Sudáfrica, lo hará sin los merecimientos que todo el mundo quiere ver en Brasil.

LAS ANGUSTIAS ARGENTINAS

La situación de la Argentina es compleja por otras circunstancias agregadas, pero el cuadro de situación general tiene similitudes. Ninguno de los dos entrenadores -Alfio Basile y Dunga- tienen el carisma que es necesario para galvanizar las simpatías de su público, necesarias aunque sin garantías permanentes, cuando llegan momentos difíciles, como ocurre en esta víspera de partidos definitivos para lo que resta de Eliminatorias.

El conjunto de Buenos Aires resignó la punta de la tabla de posiciones a Paraguay al finalizar el año pasado y, lo hecho en el 2008, no le ha permitido recuperar el sitio de vanguardia. Además, nada indica que pueda hacerlo en el horizonte próximo.

En pocas horas enfrentará a un Paraguay que nunca le regala nada a la Argentina, que no quiere perder su bien ganado sitio de vanguardia y que enfrenta, de manera implícita,  a dos concepciones de fútbol y dos historias recientes de este deporte en el Río de la Plata. En efecto, entre bambalinas los ecos del trabajo de Marcelo Bielsa estarán presentes en la cancha de River Plate.

Nadie ignora que el técnico de Paraguay, Gerardo "Tata" Martino, agitará con sus dirigidos las banderas y el estilo del hoy técnico de Chile,  frente a una escuadra de Basile que, en sus manos, ha sufrido más de lo que ha disfrutado. Las críticas entre dientes son más frecuentes para Basile, después de lo que se vio en Pekín, donde una Selección celeste y blanca ganó el oro olímpico con un emergente director técnico, Sergio Batista, impulsado por Diego Maradona, rodeada del silencio sugestivo y la ausencia en China del cuerpo humano y estratégico que orienta Basile.

Los principales hombres que ganaron en China, son parte también del equipo del Coco y hasta el más desprevenido se pregunta de manera espontánea: ¿por qué esas figuras internacionales no triunfan con Basile? Al respecto, son dicientes los comentarios del desagrado del estratega argentino de esta selección de mayores cuando se le inquiere sobre el tema.

Un examen inmediato sobre la labor de Basile es contundante en lo que hace a la pobreza de resultados: en los tres últimos partidos ha logrado dos empates y una derrota, dos puntos de nueve posibles. Un marco referencial como éste no tiene presentación para un equipo que congrega, quizá, a las principales estrellas del Continente.  

El compromiso ante Paraguay puede significar una situación de no retorno para las aspiraciones del grupo técnico de la selección argentina. Esto tiende a convertirse en un lastre si se le suma el peso de lo ocurrido en China, que tuvo a Brasil con un Dunga posicionado de su rol y responsabilidad ante sus dirigidos, a la inversa de Argentina.

 

Sin embargo, como suele ocurrir en tales circunstancias con el fútbol, los hechos suelen ser crueles con los laureles. Ni Dunga ni Basile llegaron por casualidad al lugar en donde están. El primero ha tratado de modernizar la estructura del juego brasileño y adaptarlo a las condiciones de competitividad que son las que determinan en un Mundial. Basile, por su lado, está prisionero de una concepción del fútbol cristalizada en el tiempo, lírica y tradicional que, a diferencia de lo que ocurre con Dunga, resulta una piedra difícil de cargar a la hora de buscar una buena posición en la tabla.

En todo caso, lo que suceda en las próximas horas y jornadas no sólo repercutirá sobre Brasil y la Argentina. Es posible que los cambios posicionales que pueden producirse en los inminentes dos partidos de Eliminatorias, impactará en otras selecciones que luchan por los puestos tercero y cuarto de esa disputada tabla que define el estar presente en un Mundial (aresprensa.com).     

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