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DOS CRISIS EN LA REGIÓN

Publicado el 26 de abril de 2017 / 11.00 horas, en Bogotá D.C.

DOS CRISIS EN LA REGIÓN *

Al tiempo que se mantiene la agitación e incertidumbre en Venezuela por la sin salida de su profunda crisis dentro de los cauces institucionales normales, aparece Ecuador como otra sociedad con fractura interna, vale decir con su propia grieta. En Venezuela los cauces ya están desbordados  con suficiencia por la delirante vocación ideológica del gobierno bolivariano, y por sus culpas frente a la comunidad y la justicia internacional, que a diario estremecen a la fatigada opinión local y externa. La situación de Ecuador es otro nubarrón en simultánea, que aparece en el panorama regional y que, se supone, irá para largo.  Lo sucedido en el llamado “centro del mundo”, es debido  al inesperado resultado de la compulsa electoral que se cerró hace tressemanas largas y que abre otro cuello de botella y de pugnacidad inconciliable.  En este último caso, la definición “cabeza a cabeza” -en tanto metáfora propia  del lenguaje del turf- en la puja por la voluntad del electorado tuvo una brusca vuelta de tuerca con el rechazo del candidato perdedor frente al oficialista Lenín Moreno, quien se llevó el triunfo de la segunda vuelta por un margen mínimo, que cabe dentro del error estadístico. El señalamiento de un eventual fraude trajo un nuevo dolor de cabeza a la corriente contestataria ecuatoriana que llevó a Rafael Correa hace una década a Carondelet, a Lula al Planalto en  Brasil, unos años antes, a los Kirchner a la Casa Rosada y a Evo Morales al Quemado, entre otros. Todos los nombrados, menos Correa y Morales, por ahora, han tenido un triste final político y judicial, aunque debe decirse en rigor de verdad que  el mandatario ecuatoriano es el menos chamuscado entre sus colegas de bando y no por eso sale indemne.

El péndulo ideológico se mueve por estos tiempos en dirección contraria para los seguidores del cuestionado Foro de São Paulo. Es por eso que llama la atención el resultado de las elecciones en Ecuador, donde los pronóstico señalaban la eventualidad de una derrota de los sectores impugnadores al orden conocido y un posible retorno al control de los resortes del Estado, por parte de corrientes políticas mesuradas y menos comprometidas con los saltos sociales e institucionales al vacío. Salto como el que vive Venezuela con la hirsuta experiencia bolivariana. Lo cierto es que la controversial decisión de las urnas, impugnadas desde la orilla del sector que aparece como perdedor, abre esta nueva crisis en el país andino de parecido origen al venezolano. Al tiempo que se señala la vigencia de una grieta agregada en la sociedad ecuatoriana, tal como la que existe en Venezuela, además de la que generó la atroz  saga kirchnerista en la Argentina.  

Por ahora, con su clásica e inveterada arrogancia, que no es diferente a la visión iluminista de los seguidores “intelectuales” de ese sino ideológico, el presidente Rafael Correa disfruta del triunfo de su pupilo. Esto, sin dar demasiada importancia al hecho de que deja un país fracturado por el centro y que los rivales representan una corriente de opinión para nada despreciable, dispuesta a pasar cuentas de cobro  no en el futuro mediato, sino en el inmediato presente, a partir de la impugnación de los resultados y el anuncio de Guillermo Lasso en el sentido de que no dejará tranquilo al presidente electo. Correa se jacta de que el péndulo del cambio de  rumbo ideológico en el continente se detuvo en Ecuador y hace mutis por el foro, tanto sobre lo que ocurre en Venezuela como con el saqueo del Estado que perpetraron  sus compinches kirchneristas en la Argentina.

Estos últimos acosados por la seguidilla de procesos por corrupción, con pruebas contundentes y protuberantes, que ponen a Cristina Fernández como cabeza de una “asociación ilícita”, en tanto así se define en el lenguaje jurídico argentino a una banda de delincuentes. Nada más apropiado para señalar al grupo delictivo que gobernó  a los argentinos y fue promotor de personajes extremistas, enquistados durante casi tres lustros en la Casa Rosada. Grupo encabezado primero por Néstor Kirchner, como jefe iniciador de la mafia y  capo de un descomunal latrocinio contra la hacienda pública, continuado con mayor ahínco y desprolijidad por su viuda, Cristina. En esa misma línea, aunque nada comparado con lo sucedido en la Argentina, tanto el presidente ecuatoriano como su colega y el entorno amplio de Venezuela, cargan a sus espaldas el baldón de la corrupción que a todos ellos les señalan, a veces la justicia, aunque sobre todo los ciudadanos de esos países y ciertas entidades y gobiernos del vecindario y de otras latitudes.

El caso es más grave para el gobierno de Caracas, pues se le imputa también como responsable de prohijar de manera persistente -como política Estado- el tráfico de alucinógenos y el terrorismo internacional, incluso con países del Oriente Medio y con la banda terrorista vasca Eta, ahora en decadencia. Ambos, Ecuador y Venezuela, se hicieron los desentendidos en la tolerancia cómplice con  el terrorismo colombiano de las Farc y del Eln, que desde hace años han tenido al territorio fronterizo con Colombia como zona de operaciones y proyección geopolítica, para atacar al vecino. No puede explicarse de otra manera la existencia  de la base de operaciones en Ecuador, que ocupó el jefe subversivo, alias Raúl Reyes, puesto fuera de combate en 2008 por una operación extraterritorial de la fuerza armada colombiana sobre el suelo ecuatoriano. También durante la gestión de Correa las Farc tuvieron patente de corso en Ecuador para  sus operaciones financieras internacionales.

En esas andanzas también fue sorprendido el jefe subversivo Ricardo Palmera, apresado en una calle de Quito en 2004, antes de terminar extraditado a los Estados Unidos. Aunque debe decirse en ajuste de almanaque que Correa gobierna desde el inicio  del año 2007, tres años después de  la caída de alias Simón Trinidad. Ahora  Quito sirve de escenario para unas conversaciones de paz con los jefes terroristas del Eln, de la misma forma como Cuba sirvió de espacio de negociación con el otro grupo colombiano al margen de la ley, hoya en fase de desarme y posconflicto. Pero Correa tiene su propio tembladeral que no hace mella en su habitual arrogancia de iluminado. En primer lugar, debe luchar contra la idea generalizada de  que después de dejar su condición de jefe de Estado, seguirá gobernando en cuerpo ajeno, con la presencia de Lenín Moreno en Carondelet. Aunque los dos presidentes lo niegan, el electo y el vigente, lo cierto es que la personalidad de Correa deja poco espacio para poner en duda sobre cuál será su papel durante el mandato de su vástago político.

Este último ha tratado de desmarcarse del señalamiento, pero tiene escasa posibilidad de maniobra al respecto, aunque sobre todo pretendió apartarse de la sombra y de los rasgos autoritarios de su predecesor. El propio Correa, desafiante, le envió un mensaje directo a sus adversarios y advirtió que volverá a “derrotarlos” en el próximo  periodo si “se  portan mal” atacando su legado de la Revolución Ciudadana, ahora bajo la conducción de Moreno.  En todo caso, debe señalarse que la victoria del nuevo presidente ecuatoriano desafió todas las dificultades que se le presentaron, incluso las personales del candidato, y en ello tuvo algo que ver la desconfianza del electorado al poderoso rival en lo económico y a su historial como empresario. En efecto, la figura de Guillermo Lasso y de su pasado tanto como el presente oligárquico, jugó en su contra para galvanizar a los indecisos en su favor. Lo cierto es que Ecuador es visto como un país con ingobernabilidad crónica e histórica, que se prepara ahora para caminar sobre una grieta social construida que aparece en las actuales circunstancias  como imposible de sellar (aresprensa).  

ELEDITOR 

Abril de 2017

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La columna Doxa expone la posición editorial de la Agencia de Prensa ARES

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Actualizado: jueves 13 julio 2017 19:19
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DOS CRISIS EN LA REGIÓN

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