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EL CINE HONRA AL "HERMITAGE"

PATRIMONIOS CULTURALES  //  CINE  //  ARTES VISUALES  //  Publicado el 20 de octubre de 2019  //  16.00 horas, en Bogotá D.C.

 

EL CINE HONRA AL “HERMITAGE

 

Es uno de los museos de artes visuales más grande y quizá el más importante del mundo. Pero no solo eso, es una de las caras amables e históricas además de icónicas de las tradiciones rusas y también es la mejor representación de esa cara que mira a Occidente, al que siempre Rusia ha considerado pertenecer. La ciudad  en la que se levanta ese amplio espacio de colección tiene propiedad simbólica sobre más de tres millones de piezas de arte. Más de un tercio de estas en restauración permanente. La urbe y luego el museo se alzaron con la intención de señalar que aquella Rusia que se afianzaba como imperio no podía dejar de ser Europa. De alguna manera tanto el espacio  de muestra estética como la ciudad se alimentan de manera mutua con ese relato. Pedro El Grande, inicio aquel cometido con la edificación de la urbe que se construyó en algo menos de un siglo y pasó a ser la residencia de los zares. En la construcción contribuyeron con sus huesos unas cien mil personas, muertas de hambre, frío y fatiga. Entre ellos estaban los prisioneros suecos de la derrota de Poltava, propinada por el mismo Pedro a su colega al frente de las tropas bálticas, Carlos XII, a inicios del siglo XVIII.

 

Fueron los sucesores Romanov, dinastía iniciada por Pedro, los que siguieron con la adquisición de colecciones, las que también inauguró aquel zar señero con la compra de obras en Holanda e Italia, sobre todo con piezas renacentistas. Esto lo hizo el entonces joven monarca durante de sus dos viajes por una Europa que desbordaba arte acumulado por siglos. Los integrantes de la familia real mantuvieron la iniciativa de europeizar a la nobleza que los acompañaba en eso de gobernar al inmenso país, que al tiempo mantuvo el corte radical en lo social: una clase alta de reducido número y una inmensa población campesina y urbana sometida al hambre, la miseria y la ignorancia. En el entretanto, aquella ciudad en el delta del Neva sobre el Báltico, creada como un artificio y que también era un mensaje ruso del tiempo presente y futuro, se desarrollaba en momentos en que la Ilustración en el resto de Occidente germinaba y brindaba una impronta insoslayable al mundo.

La emperatriz Catalina, también llamada La Grande al igual que Pedro I, no  solo le dio al Hermitage una mayor fortaleza de desafío por el camino de la estética, sino que además entendió lo que le decía la Ilustración a los demás y fue por eso que lo que significaba la ya inmensa colección de arte que se resguardaba en San Petersburgo, se amplió con el acervo bibliográfico y la presencia de algunos de los franceses que brillaban en el movimiento ilustrado. Cultura sí, pero ciudadanía y progreso a su pueblo no. El despotismo de la época hacía que la apertura fuese limitada y lo correspondiente al desarrollo social se seguía postergando. Entre los que acompañaron a la emperatriz austriaca en su empeño modernizante estuvieron Voltaire y Diderot, incluso por correspondencia. No obstante, Catalina hizo crecer el imperio en sus fronteras de la mano de quien fue uno de sus grandes amantes Grigori  Potemkin (Grisha) un nombre emblemático por su gloria militar y por la forma en que repercutiría en el futuro.  

EL HERMITAGE

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Las grandes avenidas de San Petersburgo, sus parques y edificios, no solo le permitieron a esa Rusia, que era vista de soslayo por sus pares de Europa, el señalar que su presencia y poderío desafiante resonaría  en el resto del mundo tarde o temprano. No solo como gran ventana para que se viera el músculo interno sino también para proyectar hacia afuera  eso que después fue llamado “el alma rusa”. La fuerte vida intelectual que comenzó a crecer alrededor de su arquitectura, que atraía  y llamaba junto con el hecho de ser en su mejor momento y por más de un siglo el centro de las decisiones por la  presencia de la familia real, la convirtieron también en núcleo del desafío de quienes no estaban de acuerdo con el estado de cosas en lo social. Fiodor Dostoievsky fue uno de esos hombres que, desde las letras, aportó a la crítica desde la señalada “alma” de los rusos. Pero no fue el único también estuvo en esa orilla Nicolai Gogol, el ucraniano, en paralelo con el incesante crecimiento del patrimonio en pinturas y esculturas del Hermitage.

Hasta Fabergé le aportó su obra decorativa creada en principio para deleite de los zares y de su familia, en especial sus famosos huevos. En tiempos de la Revolución que estalló y se definió precisamente en Petersburgo al tiempo que cambió su nombre por el de Leningrado, ni el Hermitage ni la residencia de los monarcas recibió en mayor medida el impacto de la violencia. Fue así aunque una parte del patrimonio del museo se distribuyó en otros similares de diferentes ciudades como una suerte de colectivización de la cultura. En tanto que otra parte fue vendida por el poder revolucionario necesitado de dinero, en especial a poderosos hombres de industria norteamericanos, que luego terminaron en la Biblioteca del Congreso en Washington y en el Museo Metropolitano de Nueva York. Las agitadas décadas de la primera mitad del siglo XX no solo afectaron a la maravilla museística de Petersburgo por las convulsiones internas sino también por el asedio alemán a la ciudad, durante la Segunda Guerra. En esta ocasión el delicado patrimonio se puso a salvo a tiempo y en su mayor parte.

El curso de esa histórica ciudad y del museo que la distingue, fue llevada ahora al cine en un documental fuera de serie que realizaron los italianos. Está dirigido por Michelle Mally, con relato del reconocido actor Tony Servillo. El  guión estético, histórico de la urbe y descriptivo de las obras pictóricas, fue escrito por Diddi Gnocci y Giovanni Piscaglia. Es un homenaje merecido a un espacio de casi 67 mil metros cuadrados que se abren a todo público y a más de 4 millones de visitantes al año, con un número cercano al millón y medio de piezas exhibidas. Tal como dice uno de los entrevistados, el Hermitage es una cara amable de Rusia para locales y extranjeros y una forma que tiene el país para decir que ama la paz. Es también otra manera de expresión de esa “alma” que los rusos quieren que sea conocida. Eso incluye la reconocida ingenuidad de ese pueblo que, como se dijo en el “Doctor Zhivago” de Pasternak,  nunca abandonó su esencia campesina y poética. El filme se presenta en toda Colombia, por apenas tres días, en las principales salas de Cinecolombia, entre el 14 y el 27 de octubre (aresprensa).         

Actualizado: domingo 20 octubre 2019 16:20
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