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EL HAMPA ARBITRAL

Publicado el 07 de junio de 2016 / 19.00 horas, en Bogotá D.C.

EL HAMPA ARBITRAL

Varios triunfos y pocos goles en el promedio de los primeros partidos que cumplieron las 16 selecciones que participan de esta caprichosa Copa Centenario americana. Colombia, México y Argentina se alzaron con los primeros tres puntos. En tanto que el esperado duelo entre campeón y subcampeón de la verdadera Copa América, terminó 1-2 en favor de los argentinos, dando visibilidad a una espina clavada entre dos selecciones: el desquite para los segundos por haber perdido la final del año pasado en Santiago. En estas cuentas parciales poco es lo que hay que decir, por ahora, pues ya se sabe que algunas de las grandes luminarias del fútbol mundial y que son parte de las selecciones presentes, no están en la justa. Neymar entre ellos, aunque no es el único gran ausente. Incluso los temores por la no presencia de Lionel Messi en el encuentro inaugural de la selección argentina, se confirmaron aun cuando esa ausencia no se reflejó en el marcador final.

Colombia abrió la noche de largada en la Copa con un bastante holgado dos por cero, lo que de alguna forma fue inesperado. Esto no porque se desconocieran los méritos previos del grupo que dirige Néstor Pékerman, sino porque nadie contaba con que los dueños de casa tuviesen argumentos tan menguados como para no poder frenar a los colombianos. En el trámite del partido es cierto que los norteamericanos, además de acudir al juego fuerte, mostraron por instantes la voluntad de superar el asedio cafetero pero la poca efectividad y las escasas llegadas a la valla de Ospina precipitaron una definición que el paso de los minutos hizo inevitable. El tempranero y espectacular gol de Cristian Zapata y el remate penal del astro James Rodríguez no hicieron otra cosa más que confirmar lo que sucedió en el campo de juego y en este caso la lógica coincidió con lo que en definitiva ocurrió. Algo que con frecuencia no sucede en el fútbol.

Después llegó la anemia de goles hasta el encuentro México-Uruguay, que fue una de las dos grandes sorpresas. Los orientales mordieron una dura derrota por goleada indiscutible del Tri sobre la veterana selección que dirige Óscar Washington Tabares, que se mostró deslucida y sin poder remontar el planteamiento táctico de los aztecas, quienes pudieron disolver la fortaleza del juego de los australes, con pundonor y sin complejos. La contundencia del marcador habla más de las virtudes del ganador que de los defectos y fallas del vencido, que debe preocuparse por el declive que por tradición han tenido las selecciones uruguayas desde el fondo de su historia. El otro encuentro de este grupo C de primera ronda le permitió a Venezuela alzarse con los primeros tres puntos con un lánguido 1-0, ante una Jamaica que prometía más de lo que ofreció en esta jornada.

Por ahora, las dos selecciones caribeñas, Haití y Jamaica, fueron superadas por sus rivales de turno, el verdugo de los haitianos fue otro sudamericano, Perú, con un marcador idéntico al que obtuvo Venezuela ante los jamaiquinos. Los partidos que terminaron en ceros en el segundo día del certamen, le incluyeron un cierto tedio al arranque de la Copa. Un sopor que fue alterado por un inesperado incidente que favoreció a Brasil en una decisión arbitral del asistente, Carlos Astroza, que -en sentido negativo- es lo más protuberante y grosero del torneo, hasta ahora, al tiempo que recuerda lo ocurrido en la última copa del mundo cuando los arbitrajes amañados también les permitieron a los brasileños avanzar hacia la clasificación a instancias finales de la mano de los administradores de justicia, hasta que Alemania desnudó con vergüenza a los que eran dueños de casa en aquella disputa universal

Y. Nishimura J. Bascuñán C. Velasco  N. Rizzoli
Hampa arbitral 

La terna de jueces chilenos encabezada por Julio Bascuñán invalidó un gol ecuatoriano, ayudado por la torpeza del arquero vencido, que les permitió a los de la verdeamarelha salir del campo con un empate con sabor a derrota. La queja del técnico andino, Gustavo Quinteros, puso de relieve las inquietudes sobre la conducta de los árbitros y el sesgo de decisiones que niegan una justicia necesaria para dar pie a la transparencia exigida.  En esa tarde de sábado, antes del incidente, Paraguay y Costa Rica ya habían empatado en ceros. Debe recordarse que en el señalado Mundial 2014 de Brasil, el capricho sospechoso de los jueces favoreció al anfitrión ante México y Colombia. Los árbitros Yuichi Nishimura, de Japón, y Carlos Velasco Carballo, de España, perjudicaron con sus decisiones a los rivales del equipo auriverde. Fue en aquella ocasión inocultable cuando se hizo grotesca la vocación desviada de la justicia arbitral al arropar al Brasil para acercarlo a las rondas finales. Ello no obstante las limitaciones que exhibió el equipo local durante todo el ciclo.

De igual manera, el arbitraje torcido de la final de aquel Mundial, a cargo del italiano Nicola Rizzoli, le restó brillo al triunfo de Alemania sobre la Argentina, para que los teutones terminaran alzando la copa de campeón. Tampoco debe olvidarse que ante la indignación generalizada por aquello que ocurrió en Brasil, los responsables -ya sospechados, aunque entonces aún no señalados por la justicia como capo mafia- absolvieron a los jueces tramposos, incluso felicitándolos, quizá por el buen cumplimiento de la misión torcida. Eso hicieron con desparpajo absoluto el funesto Joseph Blatter y el jefe de árbitros, Massimo Bussaca, ante el repudio por lo ocurrido en aquel 2014. Esto que sucedió en el duelo entre ecuatorianos y brasileños muestra que las sombras que rondan las grandes decisiones de la Fifa y de los campeonatos que promueve, no se han atenuado con los escándalos recientes.

Es necesario, entonces, hacer la limpieza también en el espacio de los jueces de campo. Un árbitro puede errar, también sus ayudantes, pero la sucesión de errores siempre inclinados hacia los que se suponen son más poderosos o que pueden hacer converger de mejor manera las fuerzas del mercado, en lo que hace a entradas a estadios y pauta publicitaria, lleva a construir una inferencia sombría: no se trata de simples yerros sino de una situación programada por lo que muestra la frecuencia y la ocurrencia. La conducta mafosia como propósito estructural para el despojo de méritos y premios, no es solo de dirigentes porque se proyecta y es quizá componente de los criterios arbitrales, convirtiéndolos a estos en parte de la banda establecida para delinquir a la vista de todos y con total desvergüenza. Aún no se sabe de sanción alguna a los jueces chilenos que en esta Copa Centenario despojaron de un justo triunfo al seleccionado ecuatoriano (aresprensa). 

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