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EL MUNDO EN ASCUAS

Publicada el 25 de  septiembre de 2017 // 18.15 horas, en Bogotá D.C.

EL MUNDO EN ASCUAS *

El choque verbal entre los Estados Unidos y Corea del Norte sigue en alza, en la misma medida en  que las autoridades de ambos países se muestran los dientes, vía capacidad militar, desde sus respectivas esquinas. Algunas semanas atrás, las maniobras militares efectuadas por fuerzas de los  Estados Unidos en el Asia y por orden del presidente Trump, agregaron un nuevo panorama potencial de operaciones concretas a la tensa situación internacional. Un cuadro general ya de por sí difícil desde la asunción del nuevo presidente norteamericano y de sus anuncios precedentes tanto en campaña como a partir de sus medidas de estreno. La situación en el Medio y en el Extremo Oriente es una suerte de frágil papel celofán que la intervención norteamericana hace crujir sin que se vea con claridad lo que pueda esperarse para el inmediato futuro.  Al tiempo, las aristas ríspidas de los diferentes bloques de fuerza en el escenario asiático mantienen en vilo al mundo. Existen dos contradictores directos de coyuntura en el lejano Pacífico, pero también existen círculos externos de riesgo supremo que conviven en constante tensión y amenaza mutua que hace de toda la región un espacio amplio de equilibrio inestable, con centro de gravedad en la península coreana y con un ingrediente nuclear que debe considerarse como indicador de peligro supremo para la paz general.

La coyuntura de la península coreana no es reciente, se hunde en el el pasado hace más de medio siglo en una guerra que fue primero entre coreanos, que nunca se selló y que puede considerarse como el primer gran enfrentamiento de la Guerra Fría. Una crisis jamás cerrada que puso a inicio de los años 50 del siglo pasado a unas Naciones Unidas recién creadas, a salir al paso del estallido que marcaría todo el curso de la confrontación hegemónica e ideológica como rédito del reacomodamiento geopolítico surgido de las ruinas de Berlín y las cenizas  de Hiroshima y Nagasaki. Ni siquiera la aparición de las teorías de lógicas difusas podría explicar el contrasentido de una crisis que se muestra ahora como un abismo sin retorno y como una confrontación de plena Guerra Fría, después de casi tres décadas de cerrado ese capítulo de imposición de hegemonías y con el paulatino surgimiento de una también imprevista multipolaridad.

La vigencia de esos otros polos de poder acechante no hacían imaginable una capacidad nuclear semejante en un país como Corea del Norte, pero tampoco es imaginable que la reducción de la capacidad de respuesta de los Estados Unidos  ante el desafío sea tan débil como suponen quienes plantean la interpelación de máxima amenaza. Todos están jugando con fuego y midiendo reacciones sobre el límite. Los amagos armados no son ahora con golpes de baja intensidad en áreas periféricas, tal como se hizo en el pulso de fuerza que se dio durante las cuatro décadas de tensión entre los norteamericanos y su aliados, frente a los soviéticos y sus vinculados en diferentes partes del mundo, desde Cuba hasta la propia China en la que se impuso MaoZedong. Los norcoreanos apelan ahora sin empacho a sus cartas nucleares y parece claro que si las amenazas se precipitan los golpes ya no serán como lo fueron, de baja intensidad.

En la etapa previa señalada, las bofetadas armadas afectaban puntos específicos de la geografía mundial y las sufrían los países emergentes o con graves problemas internos, en particular de lo que se llamó el Tercer Mundo. Detrás de los protagonistas estaban los actores verdaderos, pero la puja quedaba limitada con sus más y menos a los estados de los diferentes continentes que tenían problemas de pobreza y emergencia social. Ninguno era en sí mismo un peligro para los grandes. El panorama de angustias que se presenta ahora es bien diferente.  La amenaza del desafío se cierne de manera directa sobre Corea del Sur y el Japón, dos puntos de valor estratégico para el desafiado, Estados Unidos. Si hubiese un desenlace  sin control entre los dos jugadores fatídicos de la hora es previsible que las cosas se compliquen más allá de las fronteras de los potenciales beligerantes iniciales.  

En ese marco debe suponerse que China no permanecería indiferente ante el peligro nuclear que llama a su propia puerta y teniendo en cuenta que el desenlace pende incluso en su aspiración hegemónica a futuro. Otro tanto ocurre con Rusia, pues también esta potencia reforzada bajo la administración de Vladimir Putin, tiene allí fronteras e intereses vitales en el área del Pacífico donde crece la tensión. Dos pasos al costado y algo atrás están la India y Pakistán, ambas con históricos ajustes de cuentas pendientes entre sí y con capacidad nuclear, además de la cercanía con la zona de confrontación potencial y con la fronteriza China.  El desborde verbal que llevaría a la eventualidad de un conflicto generalizado no es en este momento una especulación académica o política, sino parte de una certeza sobre una sombra descomunal e inminente que se cierne sobre la humanidad toda. El llamado a la responsabilidad de los dirigentes que encabezan la pugna es perentorio en las horas y días que vienen.   

De cualquier forma, la convocatoria a las salidas racionales choca por el momento con una intencionada  sordera de los protagonistas. Los presidentes Donald Trump y Kim Jong-un, no están en condiciones  ni dispuestos siquiera de escuchar la ola de clamor mundial que pretende impedir la posible y anunciada tragedia universal. La puja de esta tardía Guerra Fría genera reacciones similares de las víctimas posibles, a las de una pintura expresionista que no hubiese sido imaginada por el autor  de “El Grito”, el noruego Edvard Munch. El despeñadero que se anuncia le daría curso primero a la guerra “no concluida” de Corea, ocurrida a inicios de los años 50. Pero también abarcaría a Japón y en tal sentido los anuncios de Pionyang han sido claros, porque también con el antiguo imperio nipón hay cuentas históricas pendientes desde los inicios del siglo XX, cuando Tokio colonizó a la península coreana, con la secuela de excesos contra la población que los coreanos ponen sobre la mesa cada vez que tienen oportunidad.                          

Los del norte ya acaban de decir que los Estados Unidos iniciaron la guerra contra su país y eso indica que habrá un respuesta en el momento que lo consideren adecuado. El dedo está puesto sobre el disparador y las alertas generales están encendidas desde hace tiempos. Nadie desea que ya se haya señalado una hora cero y los sospechados anuncios al respecto tienen de parte de los optimistas la idea echada a rodar de que esto no es otra cosa que la continuidad del lenguaje petardista acostumbrado, tanto desde Washington como desde la capital norcoreana. Las tropas, dispositivos aéreos y navales están en actitud previa al zafarrancho de combate y a la espera de las órdenes definitivas, mientras la actividad en las capitales comprometidas siguen con la normalidad acostumbrada y las bolsas del mundo no dejan que les gane el espanto. Los otros protagonistas se mantienen aún en la segunda línea y el resto del mundo en ascuas contiene el aliento, tal como ocurrió en los días previos de aquel inicio de septiembre de 1939 (aresprensa).

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* La columna Doxa expresa la posición editorial de la Agencia de prensa ARES
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NOTAS CON RELACIÓN DIRECTA: TRAGEDIA VENEZOLANA II // EL TERRORISMO APRIETA  
Actualizado: lunes 25 septiembre 2017 18:42
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