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EL "NOVEDOSO" FUTURO DE ARCO 2018

Publicado el 26 de febrero de 2018 // 19.45 horas, en Bogotá D.C.

EL “NOVEDOSO” FUTURO DE  ARCO 2018

Cerró sus puertas ayer Arco 2018, en el último domingo  de febrero,  preparándose para lo que viene, con algo de renovación -como debe ser- y con la tradición a cuestas como también debe ser para el arte, su mercado y todo lo demás vinculado. Madrid por estos días que pasaron se vistió con la estética visual del mundo y en particular con el de América Latina, que es el que nos interesa.  La Feria abrió sus puertas el 21 de febrero, para los expertos, artistas, salas de exhibición y de otros especialistas del rubro. Pero el público sólo tuvo permiso de acceso en los últimos tres días, porque aquellos que miran pero no compran también tienen derechos. Esta feria es el principal referente de proyección hacia Europa para creadores en artes visuales e impulsadores de ventas que operan desde esta parte de América.  Al menos un tercio de la participación internacional -vale decir no española- en Arco corresponde a los latinoamericanos. En ese rango hubo este  año 35 galerías de la lengua propia además de las brasileñas y 10 países de Centro y Sudamérica, aparte de México, que está en la parte norte del continente.

Distinto a lo que ocurrió en los años anteriores esta vez no hubo un país invitado de honor, como ha sido costumbre, sino que el emblema fue un concepto: “bienvenidos  al futuro”. Vaya novedad, ese fue el mismo eslogan que tuvo la  presidencia colombiana de César Gaviria, a principios de los 90, y ni siquiera eso  fue original de los jóvenes cráneos que acompañaron al exmandatario cafetero durante su gestión de 4 años, sino que es un criterio que apareció en el ya lejano Renacimiento, hace unos 5 siglos. Interesante si se tiene en cuenta que el arte también tiene la responsabilidad de traer el pasado al presente, aunque se trate del futuro, y se suponga que nadie se percatará del esguince. En todo caso, el rebuscado giro de poner a un concepto atravesando la propuesta es, por lo dicho, un guiño involuntario hacia América Latina y hacia Colombia también, que no hace mucho fue uno de los invitados de honor, mientras Perú espera turno. Algo así como para que las cosas no aparezcan tan bizarras, tal como sucedió ahora con esta ocurrencia del concepto, cargada de cierta sorna o quizá despiste ibérico.

En lo que hace a la asistencia de los latinoamericanos valga decir que Brasil fue el más eminente, por el número de galerías, 15, que fueron a la cita de Madrid y por algunos de los exponentes en lo que hace a renombre. En el gran total hubo 211 salas de exposición que llegaron desde 29 países, subdivididas en 160 que integraron el Programa General de exposición. Las restantes se agruparon en  eso llamado “Futuro”, en tanto que las restantes se fueron para secciones como “Diálogos” y “Opening”. Todo consolidado en dos de los pabellones que reunió lo más cargado de la Feria.  En secciones comisariadas como las referidas hubo presencia brasileña  en 14 de las galerías seleccionadas -para “Diálogos”- tales como Luisa Strina y Fortes D´Aloia. La cubana El Apartamento apareció en la sección “Opening”, al igual que la dominicana Sindicato y la mexicana Tiro al blanco.  El conjunto estuvo armado para fortalecer el ánimo de los compradores, expresión vulgar que sirve para identificar a los coleccionistas.

Estos llegaron por selección e invitación a sumar unos 250, entre ellos  tres decenas de jóvenes cuyo interés no solo son las tecnologías, las redes y el rap sino también el arte a secas, no como pretensión de sublimar emociones sino como inversión dura, tal como hubiesen podido entenderlo los teóricos críticos -los heterodoxos no los otros- de la Escuela de Frankfurt .  El coleccionismo sigue siendo uno de los horizontes más ambiciosos de este tipo de encuentros y España no es la excepción sino una regularidad con frecuencia infructuosa que atenaza también a las ferias similares de América Latina, Artbo en Bogotá y Arteba en Buenos Aires, por citar sólo dos casos. La plataforma o masa crítica de coleccionistas, sobre todo en América Latina, aún es deleznable y en general no existe una concepción generalizada del arte como inversión sólida. Las ferias siguen apostando y llamando a orientar recursos hacia el arte, convocando a aquellos que pueden hacerlo. A veces, el llamado parece un ruego sin respuestas.

En el peor de los casos, tal como ocurrió en Colombia durante el tiempo de los dineros calientes, la compra de arte fue más bien y hasta cierto punto una expresión tan bizarra como efímera -en el sentido como entienden lo “bizarro”  ingleses y franceses- de una forma de arribismo social. Lo ya señalado no fue lo único descentrado de esta feria madrileña. En una ola mundial de afirmación y militancia de género, con sus deformaciones, excesos y paradojas, apareció esta convocatoria de Arco en la cual la totalidad del grupo curatorial fueron mujeres, para dar contentillo a una asistencia de más cien mil visitantes que al parecer también incluyó a los varones. Eso, y la censura a un artista que no pudo mostrar su obra -Santiago Sierra- le puso el picante necesario a esta curiosa edición 37 de feria madrileña. La obra censurada fue vendida a un buen precio -unos 80.000 euros- aun cuando el público en general no pudo apreciarla. Así, se produjo el efecto de casi siempre: aumentó el valor agregado del trabajo, el del artista y el de la galería que lo auspiciaba en la ocasión.

La obra aludía a  los  “presos políticos” en esta España de la democracia. El arte suele ser desafío e interpelación y eso también, como en efecto ocurrió ahora, puede redundar en éxito de mercado. Incluso para quienes en la crítica rechazan la lógica del capitalismo, de dientes para afuera. Porque esa lógica incluye a la democracia y los derechos reclamados, tanto como las obligaciones exigidas aunque estas últimas, con frecuencia, no aparezcan en las consignas de los  reclamantes. En la iconografía de Sierra aparecen, entre otros, los separatistas catalanes hoy tras las rejas, olvidando que estos secesionistas fueron encarcelados  por la ruptura de sus compromisos con el estado español, del cual son ciudadanos sujetos a deberes que no cumplieron. De todas maneras, la controversia por la censura que impuso la dirección ferial le  dio más aliento simbólico y material, tanto a los  impugnadores  del sistema como a los que recogen billetes a la hora que deben, tal como lo hacen quienes siguen vendiendo las imágenes heroicas del “Che” Guevara, ese impugnador que murió luchando contra la mercancía, abandonado incluso por la revolución que lo convirtió en mito icónico y transable (areprensa).                              

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