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EL TRATADO DE LIBRE COMERCIO CON LOS ESTADOS UNIDOS: LOS RIESGOS DEL DÉBIL

Publicado el 19 de enero de 2005 / Archivado el 2 de junio de 2005

 

EL TRATADO DE LIBRE COMERCIO CON LOS ESTADOS UNIDOS: LOS RIESGOS DEL DÉBIL

Una desigual distribución, la permanente insatisfacción en los índices claves del crecimiento económico y los escollos en la vigencia de la riqueza de derechos sobre propiedad intelectual son parte del conjunto de debilidades que Colombia revela en el juego de fuerzas negociadoras que interactúan en el proceso por alcanzar un tratado de libre comercio con los Estados Unidos. Pero no son éstos los únicos puntos de debilidad y riesgo, el bajo ingreso per cápita es otro factor de asimetría con la otra orilla de la negociación y tampoco aquí se agota la descripción inquietante.

Escribe: Pedro MUÑOZ FERREIRA

Colombia está clasificada en el grupo de países de ingresos medianos bajos. En efecto, en el año 2002 el ingreso real per cápita expresado en dólares estadounidenses ascendía a US $1830. En Chile y Costa Rica, para sólo referirmos a dos países de nuestra región, en el mismo año, el ingreso per cápita excedía al de los colombianos en 132.8 % y 124.0 o/o, respectivamente. La comparación deriva en una notoria desventaja. Cuando se procede a ajustar el ingreso antes señalado para tener en cuenta las diferencias internacionales en los precios en las canastas de bienes y servicios de los diferentes países (método que los economistas denominan ingreso ajustado por paridad de poder adquisitivo), el ingreso per cápita de los colombianos se incrementa a US $5870, el cual, sin embargo, resultó menor en 36.1% y 28.9%, en su orden, al también ingreso real ajustado de los países antes mencionados. Huelga hacer comparaciones con los llamados países desarrollados o de ingresos altos, por cuanto la brecha de ingresos y, por ende, las diferencias en los niveles de vida resultan aun mayores, en magnitud que, sin exagerar, podemos calificar como desmesurada.

El bajo producto per cápita de los colombianos es el resultado de una economía cuya dinámica no ha sido suficiente para alcanzar un crecimiento sostenido que exceda, en medida importante, la tasa media de crecimiento poblacional. Bastaría señalar que durante el periodo comprendido entre 1990 y el año 2001, el PIB del país creció a una tasa promedio anual de 2.7 o/o, mientras Chile y Costa Rica lo hicieron al 6.4 % Y 5.1 o/o, respectivamente. La comparación de cifras está mostrando que durante el decenio pasado la economía nacional experimentó una clara desaceleración en su ritmo de expansión respecto de su tendencia de largo plazo: entre 1925 y el 2000, el PIB Real creció a una tasa media anual del 4.5%.  Es ésa una de las condiciones presentes en el escenario de negociación para la posible firma posible de un TLC de los Estados Unidos.

IMPACTO SOBRE EL DESARROLLO HUMANO

Si nos detenemos por un momento en el análisis de algunos indicadores sociales, advertimos que el insatisfactorio comportamiento económico se refleja necesariamente en un también desfavorable desarrollo humano. Así, en materia de ocupación de la población económicamente activa encontramos, por ejemplo, que no obstante la disminución presentada en el 2003 en la tasa de desempleo abierto, el país terminó con una tasa media de paro urbano del 15.8 %. Adicionalmente, casi un tercio de la población ocupada se consideraba desempleada; es decir, declaraba querer trabajar más horas en razón de sus bajas entradas, o por desempeñar cargos que distan de sus capacidades y destrezas.

El pobre desempeño económico ayuda a explicar, a su turno, la persistencia de altos niveles de pobreza extrema que nos agobia: en el Informe sobre Desarrollo Mundial - Año 2003 del Banco Mundial se revela que en 1998 el 19. 7 % de la población vivía con menos de un (1) dólar al día y el 36 % con menos de dos (2) dólares al día. Si tenemos en cuenta que en el año de 1999 el país experimentó la peor recesión en los últimos 70 años, y que con posterioridad a este infortunado año, el desempeño de la producción ha sido claramente bajo, hasta el punto que al final del año 2001 el ingreso ajustado per cápita era inferior al de 1998, bien podemos afirmar que los contingentes de pobres e indigentes han ido en aumento.  

Por otra parte, la tasa de mortalidad en menores de cinco años, en el año 2001, alcanzó a 23 por cada 1.000 niños, cuando en los dos países con los cuales hemos venido realizando la confrontación, llegó a 12 y 11, en su orden. Asimismo, el 7% de los niños colombianos menores de cinco años sufre desnutrición infantil, cifra que se compara, también adversamente, con el  1 % y 3% de Chile y Costa Rica.

Para no abrumar a los lectores con una prolija relación de indicadores podemos decir que Colombia, además del insatisfactorio crecimiento económico últimamente alcanzado - en el cual, por cierto, incide en magnitud nada soslayable el conflicto que enfrentamos y que, según la más confiable estimación tiene, un costo económico anual de dos (2) puntos del PIB-, enseña una desigual distribución de la riqueza. Según el último estudio adelantado por el Banco Interamericano de Desarrollo, el país ocupa el cuarto puesto de América Latina y el Caribe con la peor distribución del ingreso, siendo superado sólo por Brasil, el mismo Chile y Guatemala. El coeficiente de Gini se acerca al 58 % y el decil más rico percibe el 46.5% del ingreso total.

LAS ESTRATEGIAS DE CRECIMIENTO

Las estadísticas anteriores, reveladoras de una situación que exige cambios y transformaciones profundas, se han traído a colación para insistir en una tesis, que, no por lo conocida y aceptada desde hace mucho tiempo entre los analistas del acontecer económico, resulta menos actual e importante: la economía colombiana requiere un mayor dinamismo. En una primera fase, es menester alcanzar la tasa de crecimiento tendencial o de largo plazo, pero se precisa ir mucho más allá. Para esto, obviamente, se impone superar aquellos factores que están impidiendo la obtención de tasas de expansión de la riqueza a un ritmo tal que sea posible, en el tiempo, superar los altos niveles de pobreza hoy prevalecientes.

Evidentemente, la pregunta que inevitablemente surge se refiere a cuál sería la estrategia de crecimiento más eficaz en las condiciones actuales del país, con su dotación de recursos y en el marco de una economía mundial globalizada, en la cual es mayor el intercambio comercial entre países.

 No podemos negar que existe innegable interés por parte de la administración Uribe Vélez en el vital tema. Lo comprueban los eventos convocados por el propio mandatario que han reunido a   importantes empresarios, funcionarios públicos y asesores del más alto nivel, así como a representantes de la academia que precisamente han debatido el tema de la estrategia para alcanzar tasas de crecimiento mayores a las logradas durante los últimos años.

En el corto plazo, la expansión de la demanda agregada, por la vía, esencialmente, del aumento de inversión y de la demanda externa, merced al incremento de las llamadas exportaciones netas, resulta el camino más expedito, asumiendo que no necesariamente se debería presentar una gran presión inflacionaria, por existir en la actualidad algún remanente de capacidad instalada por utilizar. En el mediano y largo plazo, el medio idóneo para aumentar la producción debe ser el incremento de la productividad de la economía, condición imprescindible para mejorar la competitividad del país.

Así las cosas, necesariamente hemos llegado al motivo original de este escrito: el posible Acuerdo de Libre Comercio con los Estados Unidos, cuya fase de negociación está en proceso. En principio, se ve este Tratado como la gran oportunidad que se presenta para generar negocios, inversión y, de contera, aumentar la tasa de crecimiento económico.

Como se reconoce, el Tratado de Libre comercio con los Estados Unidos representa oportunidades y peligros. Necio sería aceptar sólo una de las posibilidades. ¿Cómo no calificar de positiva la posibilidad de acceder al mercado individual más importante del mundo? Recuérdese que en el año 2002, la economía estadounidense representaba el 32.1 % del PIB mundial (21.5 %, si la comparación se hace en términos del ingreso ajustado por PPA). Pero, por otro lado, cómo no mencionar los riesgos que conlleva suscribir un acuerdo comercial con un país ante el cual es abrumadora la diferencia de productividades, y que, muy probablemente, como resultado del mismo, significará una rápida reducción de los aranceles que en la actualidad protegen a un número importante de productos colombianos. La Revista Dinero recordaba a este propósito que: "en el reciente acuerdo firmado entre Estados Unidos y Chile, el 85 % del universo arancelario quedó a nivel de cero a partir del primer año" (No. 194, Noviembre 14 de 2.003).

LOS OBSTÁCULOS ARANCELARIOS

Se sabe, asimismo, que Chile abrió para Estados Unidos, de inmediato, el 95 % de los productos manufactureros y el 80 % de los agrícolas. Y continuando con el tema de las dificultades o riesgos que trae consigo el Acuerdo, no es posible omitir, por un lado, las exigencias que,    en materia de propiedad intelectual, patentesmarcas, entre otros que, en caso de concretarse, causarían evidentemente alzas importantes en productos farmacéuticos de elevado consumo en el país. Por el otro lado, el sector agropecuario requiere de especial atención y existen peligros relativos al desmonte de las franjas de precios y la eliminación de barreras arancelarias. Joseph Stiglitz, Nobel de Economía 2001, justamente advertía de los peligros que reviste negociar con Estados Unidos, país al que señala como diestro en aplicar obstáculos no arancelarios.

 

En la Conferencia Internacional celebrada en Bogotá en el 2003 bajo el lema "Hacia una Economía Sostenible - Conflicto y Post Conflicto en Colombia", Stiglitz se pronunció en los siguientes términos al respecto: "Debemos tener siempre presente que Estados Unidos es experto en utilizar las barreras no arancelarias. Tomemos el caso de Chile que acaba de negociar un acuerdo comercial con Estados Unidos. Pero resulta que ese Acuerdo no garantiza el acceso de Chile a los Estados Unidos, o sea, el acceso de los productos chilenos al mercado interno de ese país. Lo que queda por fuera del acceso a Estados unidos no tiene que ver con los aranceles. No, lo que sucede es que cada vez que Chile empieza a tener éxito en un producto, Estados Unidos, a su vez, empieza a imponer los llamados derechos antidumping. Así se vio que cuando Chile empezó a exportar vino, la industria vinícola de Estados Unidos argumentó que ésa no era una medida justa y que debían aplicarse las cláusulas antidumping. Luego Chile empezó a exportar salmón a Estados Unidos, y este país impuso impuestos antidumping. Por lo tanto - continúa el Nobel -, en las negociaciones comerciales no solamente se tienen que reducir las barreras arancelarias, sino también las barreras no arancelarias, las cuales deben analizarse con sumo cuidado, antes de proceder a la firma de los acuerdos".

El tema de los flujos de capital especulativo, los capitales golondrinas, también exigirá especial cuidado y firmeza. Si no se pacta su restricción, el perjuicio será evidente para el país receptor de los mismos, que obviamente sería Colombia, como le pasó a Chile en el Acuerdo suscrito. Empero, no por existir las anteriores y con seguridad otros riesgos o peligros se puede concluir que el Acuerdo es per se desfavorable. En absoluto, lo que se ve es la necesidad de terminar muy bien las negociaciones, por un lado y, por el otro, comenzar a tomar las decisiones estratégicas por parte del sector empresarial, con el apoyo del sector público, a fin de aprovechar las oportunidades y minimizar los riesgos también existentes. Si la globalización resulta irreversible, no obstante sus reales problemas y asimetrías, la mejor táctica debe ser procurar una inserción exitosa en el comercio acrecentado. Tarea nada fácil, que demanda de la acción conjunta de todos los sectores involucrados.

El Acuerdo de Libre Comercio con los Estados Unidos debería contribuir a un aumento de las exportaciones del país, mayor que las importaciones. Si así ocurriese, el crecimiento económico retornaría la senda de expansión y dinamismo que se precisa como una condición para mejorar las condiciones de vida de la población, especialmente de los menos favorecidos. La otra pieza de la estrategia debe ser la inclusión social pero éste será tema para una futura ocasión(aresprensa. com).

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Pedro MUÑOZ FERREIRA

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