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ELIMINATORIAS: AGUAS QUE RECOBRAN SU CURSO

Publicado el 01 de abril de 2016 / 12.25 horas, en Bogotá D.C.

ELIMINATORIAS: AGUAS QUE RECOBRAN SU CURSO

De a poco, lo que señalan tanto la historia como las estadísticas, comienzan a retomar su curso. La tabla de posiciones marca un reacomodamiento interesante luego de los dos partidos de la primera jornada eliminatoria de 2016 en Sudamérica. Esto, aun cuando no todo esté dicho y el largo camino a Rusia 2018 recién comienza a esbozarse. Lo ocurrido en los primeros partidos de la ronda inicial, a fines del año pasado, dejaron a la Argentina y a Brasil desacomodados, al igual que Colombia, y mostraron en la antítesis a un Ecuador empinado sobre los demás. Eran sorpresas relativas puesto que a nadie podría ya sorprender el ver a los ecuatorianos en los primeros lugares de la clasificación, o imaginar a un Chile hoy campeón de América y, no obstante sus irregularidades o sobresaltos administrativos, tener la jerarquía suficiente para reponerse de los tragos amargos que vienen tarde o temprano para todos, y que en efecto llegaron.

O es que alguien se olvida de que, en el arranque, los chilenos doblegaron a los encopetados brasileños, sin Neymar a bordo, los argentinos cayeron en su propio terreno en el partido inaugural ante Ecuador o los mismos chilenos sorbieron el cáliz amargo ante los rioplatenses de ambas orillas del ancho río. Incluso ahí están los siempre sorprendentes guaraníes, en proceso de regularización, que les empataron a brasileños y argentinos en su patio de Asunción y han seguido mordiendo las fronteras de la clasificación directa, con buenas opciones en la lucha por el cuarto lugar de privilegio con sus rivales directos, que son por ahora cafeteros y chilenos. Esos opcionados naturales llegaron con tropezones a disputar los trámites previstos para este inicio del año y fue aquí, en marzo y en dos partidos, que empezaron a despejarse parte de los nubarrones que hacían sombra sobre los pronósticos.

Al finalizar el 2015, detrás de Ecuador la clasificación se mostraba apretada, tanto que entre el segundo lugar de Uruguay y el quinto de Chile había apenas dos puntos de diferencia. Los apremios y las tensiones atenazaban a directores técnicos que como Pékerman y Martino veían y debían tolerar una lluvia de críticas a sus gestiones por las condiciones que eran el rédito de esos partidos de apertura. Algo similar ocurría con la conducción de Dunga y sus dirigidos brasileños, amén de saberse que la torcida del país luso es el peor y constante escalpelo de su scratch y del orientador de turno, sea quien sea. Nada conforma a los brasileños y el condicionamiento del favor de la hinchada debe renovarse en cada justa. Es por eso que cuando el onceno auriverde no consigue buenos y contundentes resultados, a todos -director técnico y dirigidos- se les viene la noche. Ni siquiera los conflictos internos del país y su crisis institucional, atenúan el otro malhumor brasileño cuando las cosas no van bien con su selección y eso es lo ocurrió en este inicio de la eliminatoria regional.

Aunque Dunga es un experto en capotear tormentas, resulta claro que su grupo sigue muy lejos del mito que existe alrededor de lo que fue la tradición de invencibilidad y buen juego que le permitieron al Brasil las ya glorias alcanzadas y que repercuten en la imagen general del país. Resulta evidente que el estratega del equipo desde hace mucho tiempo intenta cambiar lo que siempre fue el Brasil que todos conocen y él de manera tozuda sigue en su empeño, como presunta garantía futura de reeditar antiguos y reconocidos pergaminos. También resulta evidente que este Brasil todavía está lejos de conseguirlo. Tampoco, a excepción de Neymar, tiene ahora las estrellas que le dieron al país el brillo de otrora. Tiene jugadores de buen oficio, pero carece de más de un virtuoso sobre la cancha y eso pesa ahora en los resultados. Esto no habla mal de Dunga, por el contrario, pero el esfuerzo se hace sobre el filo de la navaja. Logró en esta ronda dos empates angustiosos, uno remontando el score ante un Paraguay impugnador de glorias y el otro dejando escapar una victoria ante los charrúas. Las críticas son razonables y la navaja ya le mostró su filo a este Brasil que confunde.

Ricardo Gareca Dunga
D.T. Perú D.T. Brasil
EN CAPILLA

                                                                                           

Colombia en cambio se recupera de los traumas de arranque. Una derrota ante la Argentina en el patio de Barranquilla, un empate reconfortante ante un Chile siempre aguerrido y con aura de campeón, dejaban un equilibrio vacilante antes de los dos partidos del arranque en 2016. Había dudas represadas y expectativas con pasmo por los cambios que introdujo en la nómina de jugadores: miró a México y a la cantera local para renovar sangre y afrontar coyunturas como la temible de La Paz, ante la selección del Alto Perú. Todo le salió bien a Pékerman, debería decirse incluso que la maniobra estratégica fue impecable. El equipo colombiano fue el que mejor lució en estos compromisos oficiales hacia Rusia, atenuó angustias aunque no ambiciones de los críticos locales, y se acomodó con mejor expectativa en la tabla clasificatoria: quinto detrás de un Chile que le arrebató el cuarto lugar de privilegio por apenas un gol de diferencia. Pero ese no es el detalle de mayor relevancia, lo certero de este equipo colombiano es que reencontró de mejor manera y comparado con los otros, su pulso, nervio y carne. Mostró ante bolivianos y el primero de la tabla que está para grandes cosas, con ritmo, cadencia y calidad en todas sus líneas. Virtud de jugadores y de un cuerpo técnico con credibilidad.

La Argentina en sus dos compromisos de programa hizo la tarea con un Lionel Messi que regresó, después de una sentida ausencia en los partidos previos e iniciales, en los que el conjunto tuvo tropezones que pusieron en riesgo a su conducción técnica. Las primeras salidas, con una derrota de partida ante Ecuador, un empate lánguido ante los guaraníes y una esmirriada victoria ante Colombia para despedir el año 2015, dejaron un vacío con fuertes cuestionamientos y una lánguida esperanza de recuperación en ese último partido de noviembre pasado. En efecto, esta llegó en el reinicio de marzo y las dos victorias consecutivas, una ante un Chile fuerte pero conflictuado y la otra ante la disminuida Bolivia. Aunque la que se vio no fue la mejor Argentina posible, sí puede decirse que el regreso de Messi le permitió al conjunto reacomodar sus líneas, recuperar virtudes de la mano de su capitán indiscutible y acomodarse en el tercer puesto de la tabla, detrás de charrúas y ecuatorianos. Pero el trabajo debe seguir, aunque se alejen los nubarrones sobre la dirección de Gerardo “Tata” Martino no todo está despejado para lo que se le viene en septiembre.  En las próximas dos jornadas se verán las caras con Uruguay en Buenos Aires y después con los debilitados venezolanos en el Caribe. El compromiso con los charrúas no solo es el duelo entre rivales vecinos e históricos sino la prueba de fuego en la que los muchachos de Martino definirán sus posibilidades reales hacia el tramo que resta. Entre otras cosas porque, como se sabe, en Buenos Aires los orientales juegan en casa poruna historia que se siente de dientes para adentro.   

Los actuales campeones de América, que recuperaron terreno ante una Venezuela que los obligó a remontar el marcador inicial, aún siguen en mora de mostrar todo lo que tienen para aspirar a clasificar. El estreno del nuevo director técnico, Juan Antonio Pizzi, quedó equilibrado ante el equipo patriota después de la caída ante Argentina en Santiago. Es por eso que todo está por reescribir para los chilenos, de aquí en más y las dudas al respecto seguirán martillando las justas aspiraciones de los australes que parecen por momentos dejar atrás lo heredado en el paso de Marcelo Bielsa por ese país.  El resto y por ahora, confirma las previsiones y el modelo histórico de América del Sur, sobre todo en los tramos finales de la tabla, donde el Perú de Ricardo Gareca sigue tropezando y donde está una Bolivia que tampoco esta vez pudo arrancar con buen pie. También está allí esa Venezuela que se debate con los otros dos en las posiciones de retaguardia. Para la próxima de septiembre, con o sin Gareca, el Perú se encontrará en Lima con un Ecuador que buscará revancha sobre la piel ajena y después visitará a sus vecinos en La Paz.  Los venezolanos recibirán a los argentinos, es cierto, pero antes esperan desquitarse de los golpes previos ante una Colombia en pleno ascenso. En la parte de arriba, también comienza a perfilarse el modelo: los tres primeros puestos parecen siempre estar reservados y allí, por el momento, ya están dos de la triada histórica (aresprensa).

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