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ELIZABETH TAYLOR: MITO Y LEYENDA PERMANENTES

Publicado el 24 de mayo de 2011 / 19.35 hora de Bogotá D.C.

ELIZABETH TAYLOR: MITO Y LEYENDA PERMANENTES

La desaparición de Elizabeth Taylor hace dos meses acabó una época, la de las StarSystem, y también la imagen de un Hollywood clásico que construyó un autorreferido nombre sólido y una hegemonía àra proyectar al mundo el estilo de vida americano y su sueño vinculanteEse fue el mundo se marchó con esta actriz de mito y leyenda. Su desaparición física aumenta el aura y mantiene la dimensión mítica tanto como su leyenda. Eso fue en verdad la vida casi irreal de la Taylor.

Escribe: Maglio GARAY

Fue una vida en la cual la belleza pasó a ser un detalle, relevante sí, pero detalle al fin. El sufrimiento, la vocación solidaria, el esplendor y el dinero enmarcaron su trayectoria en la misma medida que los escándalos, los reales y también los inducidos para alimentar la aureola de diva que ostentó casi por medio siglo.Desde su niñez hasta su muerte, para ser precisos.

Ni los momentos de sombra y decadencia mermaron la grandiosa estela de la estrella de cine, adorada siempre por su público e inteligente en las inversiones con las que aseguró su retiro del cine.

Abanderada inicial de la lucha de los famosos por la prevención del SIDA, nunca retrocedió no obstante las presiones para apoyar a sus amigos y a todas las víctimas de la gran epidemia de finales del siglo. No debe olvidarse que en sus inicios la enfermedad golpeó con especial encono a la comunidad de la meca del cine.

En ese escenario, el apoyo includicable a Rock Hudson movilizó las conciencias del público, del arte y del Estado frente a la fatalidad de una epidemia que hasta que ella alzó la voz nadie le había prestado la atención suficiente. Su prestigio e influencia le abrió campo a una labor de prevención y educación que la Academia reconoció con un nuevo Oscar, denominado “humanitario”, que abrió el camino para honrar a Elizabeth Taylor.

En esa tarea la ONU y la Casa Blanca, entre otras instituciones de esa importancia en el  mundo, le abrieron las puertas para propiciar las campañas contra el SIDA. En plena madurez vital su actividad en favor de los afectados por el síndrome de inmunodeficiencia fue tan importante como su aporte al arte cinematográfico. Fueron casi 70 años, si se tiene en cuenta que su aparición en las pantallas comenzó a los 9 años.

Al decir de Hitchcock, que es válido también para esta estrella, “sólo vale valorar lo esencial”. Películas como “De Repente en el Verano”, “La Gata sobre el Tejado de Zinc Caliente”, “Una Venus en Visón”, “Ambiciones que Matan”, “¿Quién le Teme a Virginia Woolf? o “Reflejos en tus Ojos Dorados”, son su testamento esencial –si debiera mencionarlo Hitchcock- y piezas fundamentales de la historia cinematográfica en general.

En cada una de esas películas interpreta a mujeres de temperamento fuerte, superiores a una imagen que en su tiempo las mantenía sometidas y atadas al destino de un hombre. En este sentido sus papeles fueron anticipatorios de una femineidad en pie de igualdad con el rol social masculino. Fueron mujeres, aquellas las que interpretó Elizabeth Taylor, que desafiaban cualquier obstáculo que pudiese impedir su concepción individual y su apuesta por construir un proyecto de felicidad posible. Incluso cuando ese obstáculo era el hombre que la acompañaba.

Taylor fue también una mujer fuerte y pionera en esa manera de concebir el sitio social de su género. Esa fue la actitud con la que defendió su privacidad. Le mostró a la ciudadana del común cómo debe comportarse cualquier ser humano en la cumbre o en la decadencia: sin renunciar un ápice a su condición y dignidad. La grandeza de Taylor traza diferencias, en ese sentido, con la francesa Brigitte Bardot y la italiana Sofía Loren.

Incluso en el manejo de sus finanzas personales mostró su incomparable garra: fue una de las 11 mujeres de la historia que acumularon por mérito propio una fortuna superior a los mil millones de dólares. Como parte de esa fortuna hay un lote de joyas valuados en 380 millones, propiedades inmuebles y una considerable colección de obras de arte. Además dejó el legado de dos fundaciones para la lucha contra el SIDA, con un aval agregado de unos 400 millones de dólares.

En otro orden del mismo listado están las regalías, que siguen creciendo, por sus perfumes “Pasión” y “Diamante Blanco”, ambas entre las 5 fragancias más vendidas en el mundo. El acumulado anual de esas regalías llega a los 80 millones de dólares. Esa capacidad en el plano económico aumenta la aureola de mito que pervive y que nació en su condición de leyenda cinematográfica. Elizabeth Taylor, sin duda una grande que permanece más allá de su existencia física (aresprensa)  

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