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EROS Y ALMA EN CINE

PATRIMONIOS CULTURALES  //  CINE //  ARTES VISUALES  //  Publicado el 09 se noviembre de 2018  //  13.45 horas, en Bogotá D.C.

EROS Y ALMA EN CINE 

En una breve presentación por las principales salas del país, el segmento Cineco alternativo de Cine Colombia, presenta en relato fílmico la agitada vida de dos artistas austriacos determinantes en el amanecer del siglo XX: Egon Schiele y Gustav Klimt. Ambos estuvieron marcados por un tiempo de angustias que incluían la supervivencia o la muerte inmediata y también la eclosión de pulsiones que desde las generaciones previas, ya en tiempos modernos, se mantenían guardadas en lo profundo de la subjetividad. Fueron tiempos de guerra, vanguardias y psicoanálisis, también de epidemias, como la de la llamada “gripe española” que, al final de la Primera Guerra Mundial, se llevó a los dos grandes pintores. Pero allí quedó su obra y de eso se trata el documental fílmico que, se supuso, se mostró en Colombia por única vez. La erótica desparpajada y al tiempo sublime fue el determinismo de la obra de estos dos artistas o, para decirlo en lenguaje de época, el aflorar del ello profundo por encima del yo y de las normas impuestas de manera “estructural” por el superyó que pergueñó Freud, compatriota de ambos, en esa misma época y que con su reflexión sobre la psique marcó los enfoques sobre los comportamientos durante todo el siglo que pasó, tal como lo hicieron las guerras o la modernización a ultranza y sin retorno. Aunque hubo funciones “únicas”para exhibir la película en los primeros 4 días del mes que corre, lo cierto es que la empresa colombiana de proyecciones decidió ampliar el calendario y presentará de nuevo el documental en el próximo fin de semana, 10 11 de noviembre, en salas diferentes a las de las exhibiciones previas. 

El trabajo cinematográfico describe en paralelo la vida de estos dos artistas menos conocidos que los de la vanguardia francesa, que los precedieron, pero tan importantes como aquellos en eso de fracturar paradigmas ya establecidos y en apariencia sólidos. Klimt y Schiele fueron contemporáneos aunque de diferentes generaciones, no obstante que se conocieron y se fecundaron en conocimiento con dinámica mutua y también en eso de escandalizar a una sociedad pacata como fue la que vieron y vivieron. Una sociedad que tuvo ese sacudón estético que propusieron estos artistas y el de las heridas que dejó la primera conflagración mundial, de la que por estos días también cumple su centenario de finalización. Ambos perturbaron en la propuesta al imperio que modelaron los Habsburgo durante varios siglos y pudieron contemplar su crepúsculo aunque quizá no fueron conscientes de ese final porque no alcanzaron a experimentarlo en la dimensión de su tragedia. Eso fue la caída de las águilas rusa, alemana y austriaca -es decir, las monarquías- que se derrumbaron con la catástrofe bélica. 

La trama fílmica está construida en un recorrido por las salas de exhibición de los museos Albertina del Belvedere, el Kunsthistorisches, el Leopold y el Sigmund Freud, entre otros. Todos ellos en esa capital imperial que fue Viena y que, aunque ya no es cabeza de imperio con monarquía, mantiene el esplendor de sus tiempos de gloria, sobre todo en lo que hace a belleza espacial y oferta cultural siempre vigente. Si bien la cámara y el parlamento cinematográfico de las entrevistas y descripción de las obras es lo que le da espesor a la argumentación del documental, en verdad el eje del relato freudiano atraviesa toda la pieza de la propuesta en pantalla. Es por eso que la obra que se presenta bajo el nombre de “eros y alma”, en tanto la propuesta pictórica de los artistas a quienes se les rinde homenaje sacaron a flote, como una suerte de psicoanalítica catarsis colectiva, todo aquello que estaba por debajo de la conciencia y de las tendencias colectivas. Nadie podría ignorar a esta altura de la historia del mundo que el “eros” freudiano no solo estuvo referido a lo que expresa el género y la genitalidad. 

Esa fuerza subjetiva del eros colectivo humano en Modernidad también estaba referida a la creatividad y a los requerimientos del trabajo disciplinado, tanto como la locura de la guerra tecnologizada, tal como lo hubiese concebido el vecino alemán Friedrich Nietzche desde el enfoque filosófico. Lo que vivieron e interpretaron Klimt y Schiele fueron tiempos del despertar del autorreconocimiento de la complejidad subjetiva, en sus miserias, grandezas y también en lo sublime, como puede ser el arte en su expresión, desde la perspectiva de Emanuel Kant. Porque eso fue lo que plantearon ambos creadores como enfoque de lo sublime: el cuerpo humano en su manifestación más exquisita y en disposición para el placer. También, claro está, en disposición para el escándalo de quienes velaban, mediante las restricciones sociales, la naturaleza propia de los deseos. El recorrido por las piezas expuestas muestra a un Klimt volcado a la exquisitez de la técnica y el uso exaltado del recurso material que tuvo a su disposición para expresar aquello que lo inspiraba. 

En el mismo giro aparece un Schiele desabrochado y desafiante -más que su colega y compañero de aventura pictórica- de las convenciones de la moral social en la época. En todo caso, ambos interpelaban el academicismo que campeaba en las artes plásticas austriacas para ese tiempo y que los franceses ya habían roto desde al menos tres décadas antes. Se cerraba el siglo XIX cuando Klimt lanzaba en Viena el movimiento modernista de la Secesión, al que se sumó Schiele. Desde allí impulsaron la propuesta panfletaria, aunque delicada en la forma y texto de sus pinturas. En los cuadros, vistos desde una centenaria perspectiva histórica, hay un respeto implícito al cuerpo del hombre y de la mujer aunque desmesurado en el desborde creativo y el mensaje indirecto. Eso fue en momentos en que, a despecho de las convenciones, la mujer ya caminaba de manera resuelta a la búsqueda de su independencia frente al tutelaje de las tradiciones paternalistas. Una mujer también libre para manifestar su libido sin inhibiciones y sin admitir censuras al respecto, ni a los señalamientos excluyentes como manifestación de esa censura ancestral. 

Pero la explosión vitalista de Klimt y Schile tendría su otra cara de tragedia -tal como lo muestran el tanatos freudiano o la tragedia nietzcheana- no solo por el marco del conflicto bélico en el cual Austria pagaría una parte de los platos rotos, sino además porque la llamada “gripe española” que se llevó a una porción grande de los que no cayeron en las trincheras, también cobraría casi en simultánea la vida de ambos pintores. El legado conjunto de estos creadores, que coincidieron en la vida y en las causas de la muerte, se ofrece como otra coincidencia -ahora provocada- al cumplirse el siglo de la muerte de ambos y del final de lo que ahora todos reconocen, con algo de desfase, como el primer conflicto universal. La descripción en imagen incluye el paneo por los espacios de Viena , incluidos los cafés como punto de reunión de los artistas, donde la reflexión articulada con la distensión de la bohemia ineludible, abría el camino que luego serían visto en obra. Además de Viena, también aparece el retiro de Schiele en Neulengbach, donde fue encarcelado por su vida disipada, y Ravena destino italiano personal de Klimt (aresprensa). 

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VÍNCULO DIRECTOEL REY NORUEGO DECIDIÓ BIEN //  ARTBO VUELVE A GOLPEAR 
Actualizado: viernes 09 noviembre 2018 13:36
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