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ETERNO RAFAEL

Publicado el 14 de junio de 2017 / 12.50 horas, en Bogotá D.C.

ETERNO RAFAEL 

Ya había presenciado en preestreno los semidocumentales de cine alternativo que la empresa de  proyección nacional, Cinecolombia *, trae en programación afirmada y con éxito para un segmento especial de su público especial.  Vi en secuencia la producción fantástica sobre las vidas  de Leonardo y de Botticcelli. En esa línea, Rafael Sanzio -nacido en Urbino- no podía quedar por fuera. Ahora se presenta por toda Colombia y en síntesis de casi dos  horas de exhibición fílmica la  rampante vida de este genio de las artes visuales que nació y murió en un mismo día de su corta existencia. Apenas 37 años que se iniciaron y apagaron un 6 de abril, en el año 1483 para nacer y en 1520 para morir. Pero este joven Rafael, que se fue  en plenitud, es eterno ahora por su obra que se  construyó, en un rash vital casi alucinante y como contemporáneo de Leonardo y Miguel Ángel. Este último junto con Rafael se ganaron a golpe de pincel el privilegio de  vestir con obras la Capilla Sixtina. Buonarroti se encargó de los frescos  del techo, en tanto que el joven Rafael vistió de arte los muros.

Escribe: Santiago Nemirovsky

Tal como todos los grandes maestros del Renacimiento, el artista de Urbino  manejaba con suficiencia las técnicas del fresco y del óleo. Este último, como recurso  que recién aparecía a la mano de los pintores y comenzaba a reinar como materia prima para la creación artística. Aunque pueda sobrar, debe señalarse que la maestría de estos grandes entre los que se debe incluir a  Rafael, fueron diestros en el manejo de la perspectiva, el color y la luz, con lo cual se hizo un corte con lo esencial del arte previo en Occidente, en particular con lo que dejó el tiempo gótico y con el plano sin perspectiva e icónico del arte de Europa Oriental de ese mismo tiempo. Rafael comenzó su saga de la mano de su padre, Giovanni Santi, quien también pintaba  y escribía pero que dejó la vida cuando el muchacho aún no maduraba como el genio que fue. No obstante, le dejó las inquietudes suficientes y los pasos iniciales para el tránsito por ese mundo y tiempo complejo, el talento hizo el resto.  

Pero la historia fílmica señala en su trama aquello que ya se sabe: Rafael no siguió solo el camino de aprendizaje iniciado con su progenitor. Allí apareció su mentor, Perugino, para seguir estimulando las capacidades naturales del muchacho que aún no podía suponer que superaría a ese nuevo maestro que lo acompañaba en aquellas horas difíciles para su vida aún frágil en sentimientos y capacidad para reproducir en obra sus virtudes estéticas. El cuadro “Los Desposorios de la virgen” fue una punta de comparación entre maestro y discípulo, al tiempo que muestra la evolución de ese que era en ese momento, apenas un aprendiz de artista plástico. Después llegaron otras relaciones de preparación, antes de llegar al horizonte grande de Roma. En Florencia el novel creador coincidió por primera vez tanto con Leonardo como con Miguel Ángel, algo que se repetiría luego en la que por entonces era la capital del mundo, privilegio en el cual Roma compitió con Bizancio hasta 1453, cuando los turcos doblegaron a la urbe cristiana cabeza del Oriente.    

Por ese tiempo tanto el genio de Vinci como Buonarroti eran más prominentes y con una generación por encima de Rafael, quien si se hacen cuentas murió siendo un muchacho frente a los otros dos que llegaron más lejos en parábola vital, pero aquel artista jamás estuvo para nada por debajo de los otros dos colegas, en lo que hace a capacidad para hacer cosas trascendentes en la pintura. La prueba de ello fue el encargo del Papa a Rafael para completar lo hacía Miguel Ángel en las cúpulas, y además afrontar las furias de Buonarroti quien llegó a vetar el trabajo del virtuoso joven. No superaba los 25 años cuando su fama, que ya trascendía el espacio de Florencia, provocó el llamado  del Papa Juli II, quien le puso la prueba de decorar las habitaciones privadas del Pontífice. Ya había dejado bien atrás la condición de simple aprendiz, sin dejar de ser un muchacho. El resto es historia conocida porque el buen trabajo disipó las talanqueras sobre sus condiciones para asumir otras responsabilidades.  

RAFAEL LA FORNARINA

                                                                                      

Los frescos de los pasos iniciales en el espacio puntual de control de la Iglesia son conocidas como las Estancias vaticanas y también Estancias de Rafael. El trabajo cinematográfico sobre el pintor en ese espacio puntal, tuvo la venia de la autoridad eclesiástica y la línea documental se detuvo en la visita del artista, apenas mas allá de la adolescencia, al taller de un Leonardo veterano ante “La Transfiguración de jesús”, una pintura de dimensiones mayores elaborada por Rafael, que hoy guarda la pinacoteca vaticana y en la que el pintor de Urbino estaba trabajando cuando de manera sorpresiva se enfermó,  sin alcanzar a recuperarse. Las imágenes en película se desplazan en secuencia, con ordenado desorden, por los distintos sitios y senderos urbanos y de extramuros que transitó Rafael como artista y como hombre del común que alternaba con todos, los de arriba y los de abajo. También aparecen los distintos ámbitos que decoró por encargo de la Iglesia, incluidos los ambientes internos que hoy no están abiertos al púbico.

Entre ellos la Loggetta y la Stufetta del Palacio Apostólico, ambos ordenados por el poderoso cardenal Bernardo Dovizi da Bibbiena, conocido como “el otro Papa”. También aparece en el filme un retrato de La Fornarina, amante de Rafael, y quien fue conocida como “la hornerita” por ser hija de un panadero, aunque su nombre de pila fue Margherita Luti. En el quinquenio que va desde 1504 a 1508 el artista presenta tres de sus obras más imporantes: “Las Tres gracias”, “El Sueño del caballero” y las variaciones sobre “La Virgen y la sagrada familia con sanjuanito” -conocida también como “La Perla”. Esta con el famoso ambiente de atemporalidad y paisaje cotidiano que la ambienta y que, además, juega con los rostros y la picardía que emana el conjunto estético. La experticia del maestro pretendía con ese giro mostrar una posibilidad de cercanía del arte con quienes no eran parte de ese mundo. Una cierta actitud “democrática” y lenguaje tan simple como directo en la representación, en lo que se anticipó por varios siglos a la comprensión teórica de Walter Benjamin sobre el lenguaje estético en modernidad.

El estilo se consolidó en su proceso final romano, y así lo muestra la pieza fílmica, con “La Madona del gran duque” y “La Bella jardinera”, obras en las que la serenidad del rostro de los personajes representados es de lo más representativo del arte renacentista. La muerte temprana e imprevista hizo que varias piezas surgidas de su genio, quedaran inconclusas. Aun así su impronta quedó grabada para siempre entre los grandes de su tiempo y de los que siguieron. Su vida está hilvanada para el cine en 20 espacios de los que recorrió para dejar huella y en 70 de las trabajos que nacieron de su mano prolífica. La reconstrucción en libro fílmico de la Capilla Sixtina recrea la noche del 26 de diciembre de 1519, cuando aparecieron los primeros 7 tapices de Rafael bajo el techo en los que se veían los frescos de Miguel Ángel, ese otro genio irascible con todos y también con el joven, malogrado en la mitad de una vida que prometía mucho más pero que dejó lo suficiente como para poder decir que permanece entre nosotros más de medio milenio después de su muerte (aresprensa).

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* La presentación de la vida y obra de Rafael se proyectará en los cines colombianos entre los días 15 y 17 de junio de 2017, con boletería ya previamente agotada para este tipo de exhibiciones. 

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Actualizado: domingo 23 julio 2017 16:05
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