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ÉXITO RELATIVO EN LA FERIA DEL LIBRO DE BOGOTÁ

Publicado el 24 de agosto de 2009 / 22.00 hora de Bogotá D.C. // Archivado el 24 de noviembre de 2009

ÉXITO RELATIVO EN LA FERIA DEL LIBRO DE BOGOTÁ

 No todo ha sido color de rosa para esta edición número 22 de la Feria Internacional del Libro de Bogotá. Las ventas cayeron no obstante el brillo que le daba a una expectativa de rehabilitación el regreso de México como invitado de honor. Es cierto que el invitado cubrió las expectativas creadas, aunque en la apertura fueron notables las ausencias de hombres universales de la intelectualidad mexicana como Carlos Fuentes y Carlos Monsiváis. No obstante, el vigoroso desarrollo de la programación no pudo ocultar que las ventas y otras previsiones no se cumplieron en la medida de lo que se esperaba. Aunque no se haya hecho público en esta ocasión el tema de los precios de los libros sigue impactando en la facturación que genera el Encuentro internacional de Bogotá sobre la industria de la palabra escrita. La Feria se cerró ayer domingo 23 de agosto.  

Escribe: Rubén HIDALGO 

La visita del público a la consolidada XXII Feria del Libro de Bogotá, superó los cuatrocientos mil visitantes y se calcula que alcanzará en su proceso de crecimiento el medio millón de visitantes, antes de cinco años. México aportó en ese enfoque positivo un fuerte contingente de intelectuales, poetas, ensayistas y escritores de gran trayectoria en el mundo de las letras hispanas. 

Más de cuatrocientos expositores nacionales y extranjeros ofrecieron a la venta su producción en obra. Tan sólo México trasladó una carga de 35.000 libros, de los que vendió la mitad. La muestra que trajo el país invitado cubrió un pabellón y cinco auditorios, del recinto de ferias de Bogotá, además de desplegarse en las 19 sedes alternas que se programaron en toda la capital colombiana. 

Esta XXII Feria Internacional del Libro de Bogotá se afirmó como el tercer evento de este nivel en América Latina, junto con México y la Argentina. Su tiempo de vigencia cubre dos semanas y en el año en curso varió su calendario, trasladando su realización desde el primer semestre al segundo. La nueva programación previó la ejecución de la FIL en agosto, durante un lapso de doce días.  

La exhibición cubrió más de 18.000 metros del recinto ferial y se abrió bajo el lema "abre un libro, abre tu corazón" que compitió con otro lema alusivo al país invitado de honor: "más México en Colombia, más Colombia en México", lo cual generó cierta confusión de convocatoria. Pero más allá de los índices de crecimiento y el optimismo general ante esta nueva edición, frente una sensación de los últimos años sobre una caída paulatina del evento cultural más importante del país y con mayor repercusión internacional, también es necesario poner de relieve que hubo puntos de duda mezclados con los indicadores favorables.  

Uno de esos puntos de sombra fue la declinación de la invitación a Bogotá de dos de los más destacados intelectuales mexicanos que, en principio, integraban la delegación del país azteca. Esa ausencia por partida doble dejó una evidente atmósfera de incógnita sobre las verdaderas motivaciones de la falla, enmarcadas en las complejas relaciones y pugnacidades ideológicas y geopolíticas que enfrenta a Bogotá con su vecinos de Sudamérica.  

Incluso la presencia del presidente mexicano en la apertura del Encuentro le daba al mismo un sesgo de coyuntura que hombres como Carlos Fuentes y Carlos Monsiváis es posible que quisieran evitar, pues la interpretación sobre la convergencia de acontecimientos que afectan a Colombia podía impactar negativamente la imagen que ambos proyectan en el plano internacional, como pensadores críticos de las hegemonías de cualquier signo.  

No obstante, el grupo de creadores mexicanos tuvo en presencia a figuras como Sergio Pitol, Jorge Volpi y José Emilio Pacheco, entre otros. Varios de ellos son representativos del género poético que, en el caso de México, tiene menor relevancia en Colombia que sus ensayistas novelistas y especialistas en ámbitos como el educativo y de las ciencias sociales. En total, 40 autores mexicanos y 90 editoriales de ese país, estuvieron en Bogotá para dar realce al compromiso que adquirió un invitado especial cuya tradición cultural goza de sólido prestigio y reconocimiento en Colombia.  

También se programaron para México 81 actividades afines con la Feria, entre conversatorios, lecturas de poesía, conferencias y mesas redondas. Diez exposiciones, veinte conciertos, seis escenificaciones y 83 escenarios de actividad para niños completaron esa presencia de México en la Feria del Libro de Bogotá. Es obvio que también hubo despliegue gastronómico mexicano en el interior del recinto ferial. 

El espesor de esa presencia se complementó con 600 actos culturales realizados no sólo en el principal espacio de exhibición, sino también en diferentes lugares de Bogotá, como el Centro Cultural Gabriel García Márquez del Fondo de Cultura Económica, la Red de Bibliotecas Públicas de Bogotá, la Universidad Central, el Banco de la República, el Museo de Arte Moderno MAMBO, la Casa de Poesía Silva y el Palacio de los Deportes. 

Pero aunque hubo incremento de presencia de público esto no colmó las previsiones, pues se calculaba una mayor asistencia en las estimaciones previas. También las ventas decayeron.  

Fuentes bien informadas señalaron que Planeta una de las editoriales más importantes en el universo de habla hispana había previsto ventas por 600 millones de pesos colombianos y sólo alcanzó a facturar 400 millones. Las ventas en general fueron menores a las alcanzadas en la edición 2008 de la FIL. De manera inmediatista se culpa del golpe multiplicado a factores como el cambio de calendario y la crisis económica de contexto.  

Se pierde de vista lo que hasta hace un tiempo se reclamó con insistencia como condición atípica y negativa de esta feria del libro: los precios. En efecto, toda feria se caracteriza porque los valores de los objetos que se ofrecen son menores que los vigentes en los circuitos normales del mercado.  

Ha sido frecuente encontrar en diferentes ferias del libro de Bogotá precios mayores que los existentes en librerías. Los organizadores siempre han hecho oídos sordos a ese reclamo que pone a Bogotá como un punto negro en los círculos feriales del mundo. Tarde o temprano esa anormalidad protuberante trae consecuencias (aresprensa.com).

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