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FINAL ESPERADA

Publicado el 20 de agosto de 2016 / 10.30 horas, en Bogotá D.C.

FINAL ESPERADA

Era lo que todos esperaban como final del fútbol masculino en estas olimpiadas de Río de Janeiro, que ya están sobre el cierre. El partido definitivo entre alemanes y brasileños permitirá dejar en blanco y negro algunas expectativas puntuales alrededor de estas dos selecciones mundialistas. Los locales quieren alcanzar su primer y único lauro faltante en un abultado palmarés futbolero: la medalla de oro. Los alemanes quieren a la vez ratificar que son una potencia permanente del fútbol mundial, incluso por encima de Brasil, y ratificar que lo ocurrido en el Mundial pasado no fue una contingencia del fútbol, un deporte en el que la lógica no siempre responde a los pronósticos. ¿Quién podría olvidar el pasado inmediato?, cuando los teutones sacaron de la oreja por 7-1 a una selección brasileña que fue una sombra de antiguas glorias bien aquilatadas. La puja definitiva, en el mítico Maracaná, es una revancha de similar nivel aun cuando una justa olímpica no tenga la misma percepción de un mundial en el imaginario colectivo.

Los germanos vienen de dejar en el peldaño anteúltimo a los nigerianos, quienes ya tienen oro y plata olímpicos en su lista de trofeos, los brasileños por su lado dejaron atrás a los hondureños que fueron unos invitados inaugurales e inesperados, en una semifinal de esta categoría. Centroamericanos y africanos pelarán dientes por el bronce y los pronósticos son reservados para la discreta selección que capitanea el colombiano Jorge Luis Pinto.  Pero ya se ha dicho hasta el cansancio que, en estas lides olímpicas, para el fútbol la realidad supera con mayor frecuencia a las ficciones y a la estadística más refinada. Nadie hubiese podido imaginar que el campeón olímpico anterior, México, se hubiese ido sin pena y lejos de toda gloria en la primera ronda, tal como también lo hizo la Argentina, con sus dos medallas de oro bien guardadas. A esta última selección fue la que Honduras mandó de vuelta a casa.

Los brasileños llegaron a esta competencia con los labios apretados y un comienzo para nada halagador. Brasil se impuso la obligación de ganar esta competencia, es la propia, la primera en América del Sur y nunca ganaron un oro en fútbol, no obstante ser también los únicos que acumulan cinco copas mundiales. Perdieron la posibilidad suprema en la última olimpiada de Londres, ante un México que era un verdadero advenedizo a estas instancias, y en definitiva les arrebató la gloria áurea. La escena de la caída de Brasil fue memorable en el contraste de tristeza de unos y la alegría de los otros, los que ganaban de manera insólita al seguro campeón olímpico que no fue. Estaba todo listo para fuese Brasil el equipo esperado que estrenaría oro: no estaban en el horizonte ni Alemania ni la Argentina y los aztecas no impedirían que el Brasil pudiese alcanzar lo único que faltaba para que su gloria fuese completa. Todo fue al revés en Londres.

Alemania, por su lado, llega a la instancia tan tranquila como siempre lo hace en este tipo de duelos. Es una seguridad en su trabajo que termina desbalanceando los partidos. Así, dejó atrás a esa Nigeria que llegó, como Alemania, con méritos suficientes como para pelear para llegar al último peldaño y allí los germanos impusieron la eficiencia y contundencia reconocida con las que marginaron a los africanos a la pelea por el bronce. Otros germanos, los de Alemania Democrática en 1976 y en plena Guerra Fría, ya alzaron el oro del fútbol en las olimpiadas canadienses de Montreal. Pero fueron otros tiempos, cuando los alemanes divididos por la última guerra que perdieron, representaban un mundo complejo e impuesto por las circunstancias de la hegemonía soviética. Unidos de nuevo desde 1989 llegan también por vez primera a esta cita definitiva. En ese lapso ganaron dos veces la copa del mundo ante el mismo rival: Argentina

Además de eso tienen otra ventaja histórica y simbólica, que es la que manejan siempre en estas competencias. Es aquello que con sorna y algo de rencor siempre evocan los ingleses: “el fútbol es un deporte de 11 contra 11, en el cual siempre ganan los alemanes”. Antes de superar a Nigeria empató en sus primeros dos partidos, ante México y Corea del Sur, pero pudo pasar a cuartos de final y en ese paso dejó por fuera a Portugal. Desde ese partido ante los portugueses todo cambió y apareció la Alemania que todos esperaban. Esto, porque no puede ser tenido en cuenta el partido de primera ronda ante Fiyi, que fue el único en el que allí vencieron. Este equipo también debió superar los cambios de escenario y un clima siempre riguroso: pasaron desde las tórridas temperaturas de Salvador, en el nordeste, a las más benignas pero no tanto, de Belo Horizonte. Después enfrentaron a Portugal en la caliente Brasilia. Fue en Sao Paulo donde estos teutones despacharon a los nigerianos.

El equipo africano antes de su traspié frente a la aplanadora alemana había superado de manera holgada sus compromisos y sólo había tropezado con una eficiente Colombia, en la primera ronda. Atrás quedaron Japón y Suecia y luego se deshicieron de Dinamarca, en cuartos de final. Dos europeos se marcharon del certamen bajo la supremacía de las “Súper Águilas” y no llegan como desconocidos a estas instancias. Ya ganaron un oro y una plata olímpicas ante el mismo rival, los argentinos, quienes se fueron rápido de estos juegos, como no lo hacían desde Tokio 1964. Los nigerianos y los cameruneses son los únicos africanos que ganaron la medalla dorada. Ahora, disputarán con Honduras el consolador mérito del bronce que contentaría a los hondureños, cuyo gran mérito es haber llegado por vez primera a una instancia semejante, pero no a los nigerianos que ya estuvieron en la máxima altura.

Rafinha Serge Gnabry
Karma en el Maracaná

Honduras trae lo suyo, aun cuando son novatos de semifinales y finales en los olímpicos. El controversial técnico Jorge Luis Pinto supo imprimir a los hondureños lo que es clásico en sus grupos: el sentirse capaces de superar grandes desafíos y llegar más lejos de lo pensado. Algo que en sí mismo borra las críticas que se le hacen al trainer colombiano, a quien por lo general no quieren sus jugadores. Nadie olvida que hace dos años hizo llegar a Costa Rica hasta cuartos de final en el mundial brasileño. En esa misma competencia dejó a encopetados del mundo del fútbol, como Uruguay, Italia e Inglaterra, además de Holanda. Tal como ya ocurrió con los ticos en Brasil 2014, Pinto llegó a este punto de las olimpiadas de Río con una selección “cenicienta”, por la que nadie daba mucho en principio. Aquí el técnico cafetero ratificó que manda de vuelta a domicilio a quienes aparecen con laureles y mejores opciones, tal como ya sucedió con Argentina.              

En síntesis, los alemanes en dos partidos mostraron sus verdaderas cartas y ahora vuelven al mítico Maracaná donde hace dos años relegaron a la Argentina de Lionel Messi al subcampeonato mundial, de la misma manera como lo hicieron en Italia 90 con aquel cuadro de Diego Maradona. También hace dos años aplastaron al Brasil en los tramos finales del mundial brasileño por un revelador marcador de 7-1, en Belo Horizonte, que no solo fue una humillación para el dueño de caso sino, sobre todo, que significó la eliminación vergonzosa. Si bien esta es otra historia nadie duda que los hechos recientes marcan una asimetría que en nada favorece a los dueños de casa, salvo la importante pero mínima de la localía, si se piensa en el rival que, como una suerte de karma, Brasil tiene ahora por delante. Es indudable que el estadio Maracaná pesa como una suerte de maldición para las aspiraciones de Brasil (aresprensa). 

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