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FRACASO ARGENTINO: MARADONA APUÑALADO CON JUSTICIA EN BOLIVIA

Publicado el 02 de abril de 2009 / 23.00, hora de Bogotá D.C. / Archivado el 13 de abril de 2009

En perspectiva, están comprometidas no sólo la clasificación sino también las aspiraciones en el Mundial de Sudáfrica

 

FRACASO ARGENTINO: MARADONA APUÑALADO CON JUSTICIA EN BOLIVIA

 

A partir de lo ocurrido en La Paz, todo será más difícil para los argentinos en sus posibilidades de clasificar e incluso aspirar a un buen papel en el Mundial de Sudáfrica. La catastrófica derrota ante Bolivia lo dejará sensible frente a rivales sudamericanos de mucho peso, entre ellos Brasil y Uruguay. Pero lo sucedido era previsible pues Maradona no tenía pergaminos construidos para asumir una responsabilidad con la dirección estratégica del equipo rioplatense. La decisión de ponerlo en ese sitial fue una medida arriesgada y de visión minusválida de la AFA. Hay cosas con las que no se puede jugar, excepto que la decisión esté afirmada en un punto de partida cuya base sea la mediocridad generalizada. Lo sucedido no es otra cosa que una muestra de la forma como decide una buena parte, o quizás la integralidad, de la dirigencia argentina. 

 

No por esperada, deja de ser espectacular la paliza en La Paz propinada a la seleción albiceleste por el humilde y siempre golpeado, a menudo menospreciado, onceno altoperuano. Es una gran mentira, cuando se trata de los grandes sudamericanos, poner la máscara de la altura para justificar una derrota, como lo hizo el astro Lionel Messi, en particular si las razones evidentes pasan por la simple inferioridad futbolística y una desastrosa conducción estratégica. Deberíamos decir mejor, una subalterna y minusválida orientación de Diego Armando Maradona. 

Por fortuna, en nuestra línea editorial jamás coincidimos con la presencia de Diego Maradona en la conducción técnica del conjunto del Río de la Plata. Su histórica personalidad inestable e imprevisible, la cual encaja en lo que los argentinos llaman ¨petardo¨ ya era un antecedente de mucho peso para dudar de su competencia como director técnico de cualquier club serio y con mayor razón si se trata del conjunto representativo del país.

No llevó demasiado tiempo ver lo acertado de nuestra presunción inicial, con más dudas que esperanzas en las condiciones de quien fue estrella universal entre los jugadores, pero sin créditos para fungir como supremo conductor de los que ahora pretenden ser como él, cuando fue sin dudas el mejor. En efecto, Maradona fue el sobresaliente de su tiempo en el extremo de base de la estructura futbolística competitiva a nivel mundial. Pero eso no garantizaba nada para asegurar que sería la pieza óptima en el otro extremo del organigrama. Eso quedó demostrado en el partido ante Bolivia.

UNA DUDOSA PERICIA TÉCNICA

Los preliminares amistosos no fueron la verdad ¨de la milanesa¨, tal como se dice en la cotidianidad argentina. Tampoco lo era la victoria frente a Venezuela en Buenos Aires. La verdad era ésta, la de que la Argentina pierde de manera catastrófica ante su equivalente penúltimo en la tabla. Un equipo como el boliviano, que llegaba a su compromiso con una derrota previa ante esa Colombia que a su vez había sido vencida por Venezuela en la víspera de la catástrofe argentina.

Eso hace más claridad sobre el verdadero cuadro de situación de esa selección campeona con integrantes también campeones, orientados por un vértice de mediocridad en el que Maradona no es el único paradigmático de la pobreza interior, esa que carece de conceptos y prioriza la emocionalidad ramplona sobre la racionalidad constructiva. Él es apenas el más visible.

El orientador argentino llegó al cargo que hoy ocupa por exclusión y por la decisión del ápice de la mediocridad: la cúpula de la AFA, en particular su cabeza, el burorático Julio Grondona, ¨muñequeador¨ y siempre sospechado de manejo poco transparente de la agremiación futbolística argentina. Un dirigente atornillado en su cargo a quien, con la cohorte de directivos que lo acompañan, son señalados de manera repetida de pensar en los negocios por encima de todo y, en especial, con poco prurito si se trata de los requerimientos de sus selecciones nacionales. 

Algo de eso se vio hace pocas semanas en Venezuela, cuando la selección albiceleste sub20 también fue humillada y eliminada de la posibilidad de clasificar al mundial juvenil de Egipto, donde debía defender su actual condición de campeón mundial. El conductor de ese núcleo de muchachos, el campeón olímpico Sergio ¨Checho¨ Batista fue abandonado a su suerte con un subrayado de mezquindad, dejando que los equipos del Río de la Plata le negasen los jugadores requeridos por el orientador, priorizando torneos nacionales como superiores a los intereses del país. En esas circunstancias, mientras la Argentina era marginada, el director técnico de mayores, Diego Maradona, viajaba y disfrutaba en Venezuela como áulico apoyo de imagen y comparsa del presidente Hugo Chávez.

NUBES NEGRAS

Era magro lo que podía esperarse de un Maradona que como antecedente en la dirección técnica acreditaba dos fugaces pasos por el desaparecido Deportivo Mandiyú de la provincia de corrientes y un Racing Club con perfil bajo. Ambas experiencias fueron mínimas y con magros resultados. Entonces, podía esperarse lo peor y lo peor llegó más rápido que lo anunciado, con un futuro inmediato de nubes negras para la Argentina, que se hacen más opacas con este precedente. 

El guardavallas Pablo Carrizo fue el más destacado ante Bolivia y nadie puede asegurar que no quede ¨tocado¨en su subjetividad por el peso de la media docena de goles. Por una caída menor a ésta fue desafectado de la selección argentina el guardameta Sergio Goycochea en el otro histórico cinco a cero de Colombia, en septiembre de 1993. En el futuro inmediato ni Colombia, ni Brasil, Paraguay o Uruguay tendrán compasión con la alicaída selección de Maradona. Tienen esos rivales directos un apetitoso plato al frente y a una Argentina en el límite del cuarto lugar. Ellos también saben de un Maradona débil y poca pericia para concebir estrategias y tácticas exitosas. 

Esa debilidad se vio en La Paz. Tanto Bolivia en esta ocasión, como antes lo hicieron Colombia, Chile y Brasil cambiaron casi toda su nómina para el compromiso en altura y todos pasaron esa prueba en esta eliminatoria con aceptables resultados. Maradona en cambio no atinó a advertir la alteración de realidades y supuso que podía ganar con una camiseta que llevaban puesta unos jugadores agotados, sin resistencia física ni mental.

Tampoco pudo plantear una variante acertada de banco y en coyuntura. Esa sola variable como pincelazo dibuja las concepciones de Maradona como estatega. Los de la AFA saben eso, por eso le pusieron al lado a Carlos Salvador Bilardo. Es Bilardo el de las neuronas en orden adecuado, pues nadie sabe cuál será la irresponsable actitud de Maradona, en el momento menos previsto. 

Pero también debe decirse que un equipo, desde su cabeza, que aspire a alcanzar la copa del mundo, debe estar por encima de los obstáculos. Estén éstos en la altura, el arbitraje o cualquier otra circunstancia en contra. El orientador argentino tuvo, como raro hecho, la lucidez de no echarle la culpa del desastre a la altura de La Paz. Sus jugadores, en general no. Eso también compromete las aspiraciones de los argentinos, si llegan a la cita de Sudáfrica. La Argentina, también en esto, sigue demostrando no tiene ese ¨plus¨ que pone a los hombres por encima del resto. Acude a la mediocridad de echarle la culpa de sus desgracias a los otros o al contexto.

Pero esa subalternidad de la visión no es otra cosa que el reflejo en el fútbol de la medianía de la sociedad argentina en su conjunto y, en especial, de su clase dirigente que no alcanza a concebir proyectos que vuelvan a poner al país en el punto alto del que bajó hace más de 50 años. Hace mucho que la Argentina dejó de ser un grande y al menos dos de sus vecinos ya lo dejaron atrás. El país del Plata parece seguir sin enterarse de lo que ha pasado.

El mismo Diego Maradona afirmó en La Paz que cada gol boliviano fue una puñalada. Fueron seis propinadas con un ajustado de buen fútbol, el necesario y sin floreos, en manos de una patota compuesta por once jugadores y un técnico. Fue un castigo justo y merecido, pero Maradona no se irá aunque un resultado como el de La Paz sea definitivo para la permanencia de un director técnico. La mediocridad siempre es porfiada(aresprensa.com).

Edición Órbita Fútbol

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