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FUERZA MILITAR CONJUNTA ARGENTINO-CHILENA

Publicado el 30 de agosto de 2005 / Archivado el 15 de septiembre de 2005

 

 FUERZA MILITAR CONJUNTA ARGENTINO-CHILENA

 La noticia ha llegado casi inadvertida, pero tiene una importancia aplastante en las relaciones de los países de América del sur y, además, el suceso por gravitación incide en todo el conjunto geopolítico: Los ejércitos de Argentina y Chile harán operaciones militares conjuntas para el “aseguramiento de la paz internacional”, allí donde sea requerido su concurso, bajo mando unificado. 

La decisión política surgida de los gobiernos correspondientes cierra un capítulo centenario y de permanente vigencia  de fricciones, desentendidos y vientos de guerra, como ocurrió a principios del siglo XX y se reiteró entre 1977 – 78. Aun cuando su punta más ríspida tuvo como escenario el enfrentamiento de 1982 entre Buenos Aires y Londres. 

No es la primera vez que se unen dos ejércitos del mundo con un propósito semejante. Pero sí es la primera vez que, con esos antecedentes, esto ocurre en la región con una decisión política que no está determinada, de manera estratégica, por los anhelos de grandes potencias con intereses en la zona. Tal como en efecto sucedió con la desactivación de los programas nucleares de Brasil y la Argentina, al promediar los años 80.  

Lo ocurrido cambia perspectivas geopolíticas en varias direcciones: por un lado comienza a cerrarse para  la Argentina un foco de tensión y desconfianza a sus espaldas, en presentes y futuras reclamaciones ante Gran Bretaña por la posesión de Malvinas. Se cancela también lo que se ha supuesto una permanente alianza tácita entre Chile y Brasil,  frente al otro grande del cono sur.

Podría quedar atrás, al mismo tiempo, una reivindicación territorial peruano-boliviana sobre el norte chileno, con hipotético apoyo argentino.Estas tres condiciones sumadas alteran en forma radical situaciones históricas de balance regional.  

La relación militar conjunta podría ampliarse y ese es el mensaje alentador para un subcontinente que propone,  desde gruesos sectores de sus sociedades, una guerra frontal contra la pobreza y la exclusión, antes que el estímulo a confrontaciones nacionales entre vecinos o de contenido ideológico diverso. En ese sentido, lo ocurrido es visible a modo de ejemplo. 

Todo esto significa, además, un cambio también radical en doctrinas de defensa y una adecuación de tácticas, esquemas pedagógicos, mandos y concepciones que requerirá, para hacer exitoso el giro diametral de perspectiva,  un esfuerzo reconfortante y de largo plazo en las relaciones del área.  

El proceso ha tenido un largo estadio de maduración que, sin duda, tuvo reflexiones previas de las élites de conducción de ambos países y, en ese sentido, las relaciones personales entre sus dirigentes tuvieron mucho que ver, en términos de acercamiento. En tal dimensión cabe poner de relieve lo que se ha llamado “complicidad constructiva” entre la exministra de Defensa chilena Michelle Bachelet y la primera dama argentina, Cristina Kirchner. Bachellet aspira hoy a ser la primera mujer presidente de Chile y eso hace confiar en que el esfuerzo de conjunción, en un tema tan sensible como lo es un intervínculo entre fuerzas armadas históricamente antagónicas,  tiene buenas perspectivas de fortalecimiento. 

Proceso de consolidación que se inició con las democracias restablecidas y, en verdad, a ellas beneficia en mayor medida; como beneficia con idéntica intensidad a los pueblos comprometidos, después de décadas de intranquidad ante la constante posiblidad agazapada de un enfrentamiento bélico. El paso adelante es un reaseguro contra tentaciones mesiánicas hacia el futuro, que aspira al mismo tiempo a disolver similares fantasmas que ensombrecieron el reciente pasado. 

Uno de esos fantasmas fue la alianza activa no declarada  que establecieron el Reino Unido y Chile durante el conflicto de 1982 en el Atlántico sur. Algo que se constituyó en un claro acto de guerra contra la Argentina y por el cual este país no había hecho, hasta ahora, el consecuente ajuste de cuentas. Esos ajustes han sido una constante histórica entre los estados modernos -desde Maquiavelo a Clausewitz se ha teorizado mucho al respecto- y el hecho de que las dos naciones sudamericanas se pongan de frente ante la corriente histórica constituye un giro diametral en las relaciones internacionales.    

Este cuadro de situación abierto en ambos cuerpos armados genera otras repercusiones de imagen, agregadas y no menos importantes que las anteriores: después de décadas de relación conflictiva con las sociedades a las que pertenecen, se abre un amplio horizonte de construcción en las nuevas condiciones que se requieren para la salvaguarda de la seguridad. A posteriori de las  exigencias de transparencia y sinceramiento que se han hecho a las fuerzas armadas, tanto argentinas como chilenas -etapa difícil que está en pleno desarrollo y se extenderá aún por un lapso prolongado- estos desafíos vigentes hablan de una posibilidad mayor de reconstrucción de los nexos con la civilidad.      

Pero la maduración señalada no estuvo limitada a los rituales sociales y diplomáticos –que no pueden excluir el hecho de que la madre del presidente Kirchner es chilena- sino que tenía antecedentes concretos: las fuerzas armadas chilenas y argentinas llevan varios años realizando operaciones combinadas en distintos puntos del planeta, pero que sin que hasta ahora hubiesen tenido un mando unificado. En este momento 32 infantes de marina y soldados chilenos integran el batallón Argentinaque actúa en Chipre y ambos tienen efectivos en Haití, bajo conducción brasileña.  

Las nuevas condiciones de esta etapa de unificación de las fuerzas armadas chileno-argentinas incluirán un mando combinado y se estrenarán, precisamente,  en Haití lo que podría obligar un cambio de mando general en la fuerza sudamericana, pues se ha establecido que esa agrupación bajo juridicidad internacional será conducida por el país que aporte un mayor contingente –Brasil- y eso podría cambiar al reunirse el aporte conjunto del país andino y el del Plata. 

Si pudiesen verlo, San Martín y O´Higgins no podrían sentirse más satisfechos (aresprensa.com).

El Editor 

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un lado comienza a cerrarse para la Argentina

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