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G-20: ARGENTINA SALVAJE

ACTUALIDAD // Publicado el 28 de noviembre de 2018 //  19.15 horas, en Bogotá D.C.

 

G-20: ARGENTINA SALVAJE

 

Argentina es por estos días el centro de atracción y convergencia de los principales países del mundo sin que el anfitrión lo sea e, incluso, muy lejos de poder ser un país presentable como una potencia o de mediana importancia, sobre la base de lo que es la reunión del G-20. Incluso lo ocurrido el pasado fin de semana con el frustrado encuentro de la final de la Copa Libertadores, lo convierten en un chasquido de dedos como un país impresentable para una convocatoria de nivel mundial, dado el salvajismo mostrado por la hinchada de uno de los clubes que debía disputar el partido de fútbol programado y suspendido. Argentina hasta ahora ha perdido todas las oportunidades históricas que ha tenido y sigue teniendo para ser respetado como una nación capaz de concitar estima y respeto por la comunidad internacional. Su clase dirigente y la misma sociedad que mantiene a esa clase para que la represente, mantienen al país en un barranco de decadencia, no solo por la corrupción estructural demostrada por el gobierno anterior. 

Escribe: Rubén HIDALGO 

También va en su contra lo que pareciera ser un derrumbe económico que aún no tiene muestras de encontrar fondo, entre otras variables no menos importantes. Tampoco parece encontrar recursos genuinos suficientes para afrontar la salida del abismo, o producirlos para resolver los problemas estratégicos recurrentes. Pero no es sólo un tema de plata que no tiene, también lo es de estatura subjetiva colectiva para poner coto a esa decadencia que se proyecta a futuro desde el presente y el pasado reciente, el cual abarca algo más de media centuria. Si a eso se le suma el otro medio siglo siglo de guerras civiles y disolución geográfica que afrontó durante la primera parte del siglo XIX, una sumatoria elemental dice que la Argentina ha perdido la mitad de su tiempo histórico, desde su nacimiento hasta hoy, desperdiciando oportunidades. En lo inmediato, lo hecho en mala factura y de manera vergonzosa para esa sociedad en su conjunto cuando debía organizar y celebrar con asertividad una final de un certamen internacional de fútbol, pinta de cuerpo entero la inmadurez y la degradación extrema de la señalada dirigencia y parte de sus habitantes. 

Un señalamiento que no es nuevo y que también dice de la debilidad institucional del país. El irreparable y reciente bochorno para la Argentina se produce en la víspera de la llegada de los timoneles mundiales, cuando se supone que el Estado está en condiciones de garantizar la seguridad de los invitados a la conferencia en la que estarán presentes el presidente de los Estados Unidos y las máximos cabezas de Rusia, China, Alemania y Francia, en lista parcial. A partir de este jueves, el último de noviembre y hasta el próximo domingo, la ciudad de Buenos Aires permanecerá paralizada por la llegada de los mayores jefes de gobierno del mundo, los que deciden sobre lo que pasará con la humanidad en los tiempos inmediatos. Ya se sabe que la capital federal argentina será escenario de las disputas peligrosas para la estabilidad económica del planeta, entre Washington y Beijing. También será esa urbe el sitio donde se tratarán temas no menos acuciantes como lo son las migraciones que afectan por ahora a los americanos y los europeos, los mismos flujos que se iniciaron hace más de un década en África y que ahora agravan las implosiones sociales de Venezuela y de una parte de Centroamérica. 

No es solo la tensión comercial entre gigantes y los desplazamientos de miles de personas que pretenden mejores condiciones de vida o huyen de la guerra como ocurre en el caso de Siria. También ocupará la atención de los líderes la amenaza siempre latente del terrorismo, además de los otros factores de inestabilidad que es la del precio del petróleo y el deterioro del ambiente. Son pocos los invitados a esa convergencia y no todos los convocados -como quedó señalado- tienen poder para dar sino más bien están en la orilla de los que piden. Uno de esos es la Argentina y el hecho de que su espacio en uno de esos bordes de la mesa esté acompañado por Brasil o México no le alivia la condición de mendicante entre poderosos. Por el contrario la asimetría entre los anfitriones y los otros dos gigantes de habla ibérica son notables y en detrimento de quienes en la ocasión fungen de dueños de casa. La Argentina, el anfitrión lastimero, tiene algo más de un 30 por ciento de sus habitantes en condición de pobreza, cerca de la mitad de ellos en situación extrema. Ha tenido en las últimas décadas varias debacles financieras y al presente todos sus índices de producción, económicos y de equidad están en declive, incluso algunos en caída libre. 

La contracción de los consumos básicos en los últimos meses ha sido vertical, y eso incluye los alimentos. Eso pasa con los productos de la tierra que son y han sido orgullo permanente de los argentinos, los que hoy en amplios rubros muchos no pueden poner en sus platos, tales como la carne, la leche y el pan de trigo. El país se ha endeudado durante la gestión vigente de Mauricio Macri más allá de lo imaginado y por encima de las exigencias internacionales al respecto, lo que significa que es una nación con demasiado riesgo para la inversión y sin ella no hay horizontes claros para salir del hueco. Eso, que es una situación mala para el futuro inmediato, resulta peor si como señalan algunos de los principales economistas y pronosticadores del país, el riesgo del default asoma de nuevo -como oscura amenaza- para no más de dos años por delante. Un desastre ecológico golpeó hace pocas semanas a su principal fuente y maná petrolero sobre el que se fundan las escasas esperanzas para los grises tiempos que se avecinan: el yacimiento de Vaca Muerta. Para remate las recientes encuestas encuentran fortalecida a la principal rival del presidente Mauricio Macri. 

La ex presidenta Cristina Fernández aparece como una pesadilla agregada para el actual gobierno, pues la perspectiva estadística de la hora señala indica que podría vencer a Macri en las elecciones del próximo año. Es una pesadilla no solo para Macri, también para al menos la mitad de los argentinos, la eventualidad de inversiones futuras e incluso para el panorama internacional de Occidente. El desastre de su administración y las heridas institucionales que dejó no han echado cicatrices. Los múltiples procesos que se adelantan en su contra por la mega corrupción y con una buena parte de su cúpula de gobierno en la cárcel, muchos de ellos ya condenados, como el ex vicepresidente Amado Boudou, no amedrentan a sus salvajes partidarios. Se sostienen conspirando en el plano social, sindical y político buscando desestabilizar a toda costa a la vigente administración. El propio gobierno los ayuda con sus desatinos, rumbo errático y fracasos claros, que nublan el intento de reconstruir el tejido republicano, social y de la justicia. El gobierno de Mauricio Macri parece de aficionados e improvisados y, a menudo, constituido por tontos. En tanto, los partidarios de la Fernández y su banda delictiva, no creen que fueron gobernados durante más de una década por una “asociación ilícita”, a la letra del código penal argentino. 

Eso a pesar de las pruebas y las evidencias que muestra a diario la justicia. Ellos suponen que es un montaje falaz todo lo que está a la vista como latrocinio al erario público, el obsceno muestrario de enriquecimiento personal de los ex funcionarios kirchneristas, además de la restricción del modelo democrático, las garantías constitucionales y el estado de derecho. Ellos prefieren volver al infierno “nacional y popular”, que incluye el mantenimiento de las condiciones de pobreza -subsidiado por un estado quebrado e inviable- bajo el manto, ese sí falaz, de la reivindicación social. Es una salvajada pero está ahí, en el pasado inmediato y a la vuelta del año que se aproxima. Mientras tanto, unas 20 mil personas de todo el mundo, especialistas, científicos sociales y varios cientos de ONG, terminan de elaborar para el G-20 las recomendaciones y líneas de trabajo y acción que los líderes del mundo podrán seguir o no. Pero debe advertirse que los bárbaros locales no estarán solos, ahí están llegando para la reunión ecuménica hombres como el príncipe heredero saudí o el inefable Vladimir Putin, quienes no duda en eliminar de manera salvaje a sus opositores (aresprensa).      

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VÍNCULOS: TRAGEDIA DEL SUBMARINO ARGENTINO II  //  LOS KIRCHNER: EL HAMPA COMO RAZÓN DE ESTADO IV  
Actualizado: miércoles 28 noviembre 2018 18:35
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