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G20, LO QUE DEJÓ LA CUMBRE

ACTUALIDAD  //  Publicado el 30 de junio de 2019  //  20.30 horas, en Bogotá D.C.  

 

G20, LO QUE DEJÓ LA CUMBRE

 

El encuentro de Osaka, que continúa la convergencia mundial del año pasado en Buenos Aires, se convirtió en un escenario para un nuevo round de la disputa entre Washington y Beijín. Esa que tiene en vilo a todas las economías del planeta. La tensión propia de una negociación de tanta trascendencia se realiza en momentos en los que el presidente de los Estados Unidos no elude el torbellino de la campaña por su reelección, proceso en el que está comprometido desde el primer día de su controversial mandato. Donald Trump necesita sumar votos que no tiene seguros y los chinos necesitan reducir la tensión que les produce la intranquilidad social de Hong Kong, por lo que esto representa para su imagen mundial en tiempos en que se mantiene su expansión por mayores mercados y recursos naturales imprescindibles. Recursos que demanda su voraz industria, la que no deja de crecer aunque ahora sea a menor ritmo de lo visto en las últimas décadas. De tal forma, seguirían adelante los puntos de la tregua trazada en Buenos Aires en lo que hace a la no imposición de aranceles punzantes a las importaciones chinas, al tiempo que Beijing mantendría el aumento de compras de productos agrícolas, energéticos e industriales para compensar el profundo desbalance comercial que favorece a China. 19 de los asistentes firmaron la declaración de consenso para frenar la depredación planetaria, salvo los Esados Unidos.

 

La reunión del G20 en el Oriente distante tuvo allí a los dos protagonistas de la hora, como no podía ser de otra manera, y dejó como rédito lo que se esperaba con tensa expectativa: el final provisional al menos, de las actitudes extremas entre los dos gigantes, esos que podrían precipitar a lo profundo a los demás, por las consecuencias de una ampliación de la confrontación económica, de mercados y geopolítica. Esto último, el de la hegemonía planetaria, es lo que en el fondo se plantea como impulso de la puja cuyas aristas son los otros puntos enumerados. Estados Unidos se resiste a ceder predominio y los chinos se aprestan a asumir un papel protagónico de mayor envergadura en el mundo y, en el fondo, parecen tener certeza de que lo lograrán no importa lo que planteen sus adversarios de cruce. El escenario de Osaka y la cumbre de los más representativos e influyentes líderes, con algunos convidados de piedra que no nunca faltan, estuvieron allí el tiempo suficiente como para tomarse las fotos infaltables y necesarias, incluidos ellos, los menos importantes.

Por ahora y como parte de la tregua, los dos grandes contendores retornan a la posición previa, que ya había tenido por escenario a Buenos Aires como parte de la tensión y contradicción vigente, a fines del año anterior. Uno de los pasos para reducir la pugna fue el volver a dar curso de legitimidad internacional a la firma de dispositivos electrónicos y de alta tecnología china, Huawei, conocida en el mundo por sus teléfonos entre otros aparatos, pero cuya presencia aborda otros frentes de importancia estratégica, más allá de su importancia económica evidente. Otro de los aspectos que entretuvo a los líderes mundiales convocados a Osaka fue la crisis de Europa, abocado sobre todo a la salida de Gran Bretaña de la comunidad por las exigencias del fenómeno llamado Brexit, que tiene el ingrediente interno de la coyuntura política compleja en el Reino Unido. Esto además de la crisis migratoria que afecta al viejo mundo, con el agregado aún vivo  de las situaciones internas de Libia, Siria e Irán. Este último también enfrentado con los Estados Unidos y con la amenaza latente que suman los incidentes contra buques petroleros en el estrecho de Ormuz.

Un aspecto agregado que no podía pasarse por alto estando en cercanía el presidente Xi Jinping de la China y el mandatario norteamericano, es la atenuada situación planteada por Corea del Norte y las derivaciones de la pugna contra Corea del sur y Japón. El titular de la Casa Blanca sigue enviando mensajes floridos a su adversario hermético de Pyongyang y nada hace pensar que después de formalizarse la invitación de Donald Trump a una reunión en la zona desmilitarizada, pisando además el borde del territorio norcoreano, no siga vigente la posibilidad de reducir en mayor medida la pugnacidad histórica de la zona y avanzar en un acuerdo por el acotamiento de la capacidad nuclear del pequeño país oriental. Algo que es de máxima importancia para Washington como es el mismo tema de las amenazas existentes entre los Estados Unidos e Irán. Trump busca asegurar con todos estos movimientos sus expectativas electorales para la aspiración reeleccionista del año que viene y debe señalarse que lo que pase en la política exterior determinará el destino de esas apetencias reiteradas hacia un nuevo y eventual mandato.

Al cumplirse en julio el medio siglo de la llegada del primer ser humano a la luna, vale recordar aquella frase memorable: “un pequeño paso para un hombre un gran paso para la humanidad”, que expresó Neil Armstrong al pisar el satélite. El paso que dio Trump más allá de los efectismos y de la propaganda -sobre todo de la autopropaganda- es una buena jugada en beneficio del planeta y si al presidente norteamericano se le cumplen los propósitos, asociado con China, de poner freno a la amenaza nuclear norcoreana, el beneficio será indiscutible para la paz mundial. Ese bien podría ser el mejor rédito del contexto amplio derivado de Osaka. Es cierto que la agenda del G20 tuvo temas agregados como el de los desafíos de la inteligencia artificial, los obvios del comercio internacional, el empoderamiento de las minorías que reclaman derechos, y el cambio climático. Todos sujetos a fuerte controversia por los intereses que se mueven alrededor de esos aspectos, en particular lo que hay como vínculo entre medio ambiente y explotación industrial y de recursos. Pero nada tiene tanta importancia como lo ocurrido en Corea después del encuentro.  Las otras figuras presentes en Osaka quedaron en un segundo plano ineludible.

Incluso Vadlimir Putin y Ángela Merkel pasaron inadvertidos, más allá del temblor de la alemana y las bromas que le lanzó Trump al ruso en eso de la intervención del oso en las elecciones que le permitieron a Trump imponerse sobre Hillary Clinton. Aunque debe señalarse que le puso color a la presencia de los “intrusos” entre poderosos, el acuerdo alcanzado por el grupo sudamericano del Mercosur con la Unión europea. Un acuerdo que se tramitaba desde hace dos décadas y sobre el cual, desde hace tiempos, había desesperanzas en el sentido de que se pudiese alcanzar algún día. Ese convenio de intercambio comercial que también compromete otros rubros, pretende incentivar mercados que alcanzan un 20 por ciento de la economía mundial y beneficiaría en especial a brasileños y argentinos. Ambos países urgidos por incentivar su producción golpeada por la recesión. El Brasil de Bolsonaro firmó el conseso final a favor del proteccionismo ambiental. La más beneficiada en el largo plazo por el acuerdo con Europa sería la Argentina. Valdría puntualizar que este abrazo de conveniencias es también una bocanada de oxígeno al asediado gobierno de Mauricio Macri y a sus expectativas de reelección en octubre (aresprensa). 

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Actualizado: domingo 30 junio 2019 21:05
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