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GUAM: LA NUEVA ENCRUCIJADA

Publicado el 21 septiembre de 2017 // 17.00 horas, en Bogotá D.C.

GUAM: LA NUEVA ENCRUCIJADA 

Esa isla, Guam, que conforma el archipiélago de Las Marianas -casi en el medio del Pacífico que es  poco menos que decir “en el medio de la nada”- ha vuelto a estar en  las primeras planas del mundo por el enfrentamiento verbal entre Corea del Norte y los Estados Unidos.  Algo que tiene el peligroso condimento agregado de las sucesivas pruebas nucleares y los lanzamientos de misiles de los primeros, así como la respuesta hirsuta y también apocalíptica del presidente Donald Trump. La pequeña isla estuvo bajo dominio de España durante  casi 3 siglos cuando supo llamarse Guaján, como punto intermedio  del largo cruce que hacía el Galeón de Manila entre las islas filipinas y el puerto mexicano de Acapulco. Eran unos 13 mil kilómetros de la primera línea de intercambio  permanente entre  el Asia y Occidente, bajo control de México, pero en nombre del monarca  español. Allí estaba Guaján como escala para el descanso relativo de quienes iban en los veleros y la carga de agua y alimentos necesarios para continuar el extenso viaje que demandaba no menos de 3 meses, incluso hasta seis, entre ambos puntos  terminales. La independencia de los mexicanos le quitó al archipiélago micronesio la mayor parte de la importancia estratégica que tenían esas islas en el medio de la nada y Madrid pasó a controlar de manera directa el destino desde la capital filipina sobre ese apostadero, como un rincón colonial aislado del gran océano en lo que quedaba del imperio español. Eso fue  así hasta 1898 cuando llegaron los  norteamericanos y se apoderaron de las islas, así como lo hicieron con Filipinas.

Escribe: Rubén HIDALGO   

Ese control inesperado de los Estados Unidos cambió de manera radical el destino tranquilo de  Guam, pues pasó de ser un rincón olvidado y abandonado del moribundo imperio español, al que quedó relegado entre 1821 y el final del siglo 19, a constituirse en un pivote del dominio de los sajones norteamericanos en el lejano Pacífico y de proyección estratégica  hacia el Asia, junto con Filipinas. La encrucijada no anunciada fue además una expectativa de modernización en la  que los nativos guameños no necesariamente coincidían ni apoyaban, al tiempo que los puso de cara  a los  traumáticos cambios que trajo el siglo XX. La coyuntura agregada luego del paso de los españoles, fue la Primera Guerra Mundial cuando Japón se hizo cargo  de la parte norte del archipiélago de las Marianas que luego de la partida de los ibéricos quedó en manos de los alemanes, a cambio de un puñado de pesetas como migajas por casi 3 centurias de historia hispana en esa región del mundo.

Los españoles dejaron las islas al norte de Guam  en manos de los alemanes por apenas 15 años. Después los japoneses ocuparon lo que España y Alemania desocuparon por las contingencias de esas guerras de transición entre siglos. Las islas de Saipán, Rota y Tinián cambiaron tres veces de manos, en menos de tres décadas. Así, el imperio nipón quedó a la espalda de Guam y la precipitación del segundo gran conflicto mundial, después de  Pearl Harbour, hizo que los japoneses le quitaran el control de Guam, la mayor de las Marianas, a sus  enemigos. Allí comenzó la tercera gran encrucijada histórica de la isla, la más grande del archipiélago mariano. No obstante ser la principal del grupo insular su superficie es reducida, apenas unos 50 kilómetros de largo por 20 de ancho. Allí viven hoy casi 200 mil personas, núcleo en buena medida compuesto por personal militar norteamericano de todas las armas y el resto quedó compuesto por inmigrantes, entre ellos filipinos y de otras latitudes, tanto asiáticos como occidentales, y unos pocos chamorros originales.

Todos dedicados a las pocas actividades que se generan alrededor del archipiélago, entre otras el turismo, que ha crecido en las últimas décadas. En particular, llegan allí turistas de Corea, europeos y también descendientes de los antiguos enemigos japoneses. Todo el grupo de islas fue escenario de las feroces batallas de la última gran guerra pues unas islas y otras, sobre todo Guam, resultaron básicas para definir el dominio sobre el Pacífico que le disputaba Japón a los Estados Unidos, después de que estos le quitaron toda presencia a España, cuya hegemonía fue indiscutible durante tanto tiempo. Desde allí partieron las tropas que hacia el final de la última gran contienda universal iniciaron el asalto final a la superficie del imperio y también salieron de esa zona los aviones que lanzaron las bombas atómicas sobre el imperio de Hirohito.

Las guerras cambiaron la demografía de las islas y el temperamento de la población nativa, salvo las primeras décadas de la presencia española hace casi quinientos años,los nativos micronesios  se integraron a la hegemonía de los europeos y de los mexicanos que administraban la lejana dependencia marítima. En las contiendas del siglo XX la población nativa, los “chamorros” según el gentilicio que legó España, pusieron abundante sangre propia por las disputas de los extraños y también por la intención de vaciamiento cultural que incluyó el marginalidad de la lengua española y también la persecución del habla local chamorra, derivada del sincretismo entre la original inflexión verbal micronesia y el acento de Cervantes. En las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, los norteamericanos vencedores propiciaron la migración de los nativos a los Estados Unidos en una suerte de vaciamiento demográfico que favoreció la presencia de las bases militares ahora amenazadas por Norcorea.          

Así entonces, el comercio intercontinental que controló España hasta inicios del siglo XIX y, después, las necesidades estratégicas de la nueva potencia mundial le dieron un vuelco radical a todo el archipiélago micronesio, aunque en especial a Guam. En particular por esas encrucijadas históricas repetidas en las que nada tuvieron que ver los habitantes originarios de las islas. Los primeros que encontraron los españoles fueron evangelizados a la fuerza y aportaron como servicio de paso para los galeones que iban de Acapulco a Manila. Más adelante debieron servir a los intereses de los otros dominadores, para quedar envueltos en nuevas encrucijadas de disputas hegemónicas por las que pagaron aquel alto precio, en vidas e identidad cultural. Ahora la nueva encrucijada los vuelve a posicionar en situación de riesgo máximo como línea externa de ataque, como los que ya sufrieron antaño. Aunque ahora el desafío  es aún peor.  En  la actualidad las amenazas de pulso bélico ya no son cuerpo a cuerpo sino con la espada del horno nuclear, que es lo que muestra Corea del Norte en la nueva disputa de marca mayor (aresprensa).   

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Actualizado: miércoles 06 diciembre 2017 13:46
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