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¿GUARDIANES DE LA REVOLUCIÓN IRANÍ EN COLOMBIA?

Publicado el 04 de mayo de 2016 / 16.20 horas, en Bogotá D.C.

¿GUARDIANES DE LA REVOLUCIÓN IRANÍ EN COLOMBIA?

Fuentes cercanas a referentes de inteligencia extranjera establecidos en Bogotá, señalaron a ARES que es inminente el desembarco de una célula de la militante Guardia Revolucionaria Iraní, con cobertura oficial y con el fin de establecerse allí de manera permanente, bajo el argumento de mejorar las relaciones de intercambio comercial entre el país islámico y Colombia. El grupo de vanguardia también extendería su acción a otros estados andinos. Esto podría significar que el núcleo operaría más allá de las fronteras colombianas y con real intención política y geoestratégica, además de religiosa, que los meros fines económicos de superficie. El anuncio que todavía no es de manejo público, ha puesto en alerta máxima a protagonistas musulmanes locales que en repetidas ocasiones han evitado que esas facciones internas y extremas de la política iraní puedan hacer pie en el área pues eso daría lugar, en términos potenciales, a ampliar la lucha sangrienta que existe en otras regiones del mundo y de la que América del Sur no está ausente. Esto y en especial, después de la sombría experiencia argentina en cuyo territorio esa pugna armada ya existe con resultados funestos, tal como lo fueron los atentados a la embajada de Israel (1992) a la AMIA (1994) y el probable asesinato del fiscal Alberto Nisman, el año pasado. Tres golpes acaecidos en Buenos Aires.

El grupo de avanzada que llegaría a Bogotá en este mayo de 2016, estaría constituido por Abolfazl Mirzajani, Imán Ziaie Ghahnavieh, Mohammadreza Besharat, Bhenaz Sadeghian, Sevda Nabati, Mojgan Shamsakhtari y Maryam Bandari. En esa lista cuatro son mujeres y dos de los nombrados residirían en Alemania. La cobertura diplomática señala que todos harán vigilancia de las dinámicas industriales de productos que se exportan desde Colombia a Irán. Una tarea que hasta el momento ha sido realizada por inspectores colombianos de confesión musulmana, debidamente acreditados ante las autoridades de los países importadores.

Irán, en un giro sugestivo y sospechoso, decidió en fecha reciente que esa revisión sea realizada en Colombia por sus propios inspectores, y tal presencia no sería pasajera sino que los operadores nombrados, o al menos algunos de ellos, fijarían residencia en el país exportador. El problema mayúsculo radica en que detrás de toda la telaraña estaría la mano Mohsen Rabbani, alto dirigente y diplomático iraní comprometido con al menos dos de los ya mencionados ataques terroristas en Argentina. Rabbani tiene vigente una circular roja de Interpol, a pedido de la justicia austral, y no obstante mantiene en su país una marcada influencia en los más altos círculos de poder, sobre todo en la cancillería y sobre la Guardia Revolucionaria.

Desde hace dos décadas largas los musulmanes de Colombia dejaron de ser ciudadanos aislados y con convicciones personales íntimas, para convertirse en comunidades organizadas, visibles y dinámicas. En ese trance se identificaron y definieron dos grandes segmentos: uno moderado constituido por colombianos y otro con mezcla entre extranjeros y nacionales, estos últimos a veces con coincidencias de pensamiento y simpatías hacia grupos radicales del exterior. También con exponentes de clara visión fundamentalista y ligazón con facciones comprometidas en la “guerra santa” y el terrorismo que se extiende y afecta a vastas regiones del mundo. Esa fractura también puso en evidencia las irreconciliables diferencias históricas entre suníes y chiítas.

En ese largo periodo, las tensiones y disputas entre ambos núcleos abarcaron espacios como el académico y los medios de comunicación, entre otros, aunque no pasaban de la retórica que en general no trascendían tales espacios, puesto que la opinión general del país aún se mantiene distante de esa racionalidad religiosa y cultural, en general poco comprendida. Al tiempo, un vértice de los codazos entre musulmanes se trasladó hacia los intereses económicos y financieros, en particular en aquello que tiene que ver con las expectativas exportadoras de Colombia, sobre las que coinciden tanto el gobierno colombiano como las empresas productoras.

Esto último por el engorroso proceso de los permisos requeridos por las autoridades religiosas de los diferentes estados islámicos a sus importaciones, en particular por las exigencias “Halal* en lo que hace a productos de origen animal.  Esas restricciones abarcan el procesamiento de materias primas, desde el sacrificio de los animales hasta su faenamiento industrial, en renglones que ni siquiera eximen a las gelatinas cárnicas. Una labor que requiere certificaciones integrales y que para el caso de Colombia se ha hecho con expertos nacionales, muy escasos, aunque conocedores de los delicados protocolos que surgen de la aplicación de la Sharia **. Una empresa exportadora de Manizales, aunque no la única, es en este caso uno de los ejes de interés.    

La operación en terrenos del país cafetero estaría ahora siendo pulida por quien sería yerno de Rabbani, Mohsen Mojtaeh Zadehdel -sheikh Qomi- quien viaja con periodicidad a Colombia desde el año 2012, apoyado en la organización “Confesión Islámica Ahlul Bayt”, la cual cuenta con personería jurídica desde hace 4 años. En estos días el emisario iraní se encuentra en el país andino y su presencia no es caprichosa: afinaría detalles de la llegada del núcleo adelantado. Bajo ese signo y con el fin de que se acepte la imposición iraní sobre los colombianos, se ha prometido a los exportadores el hacer crecer de manera geométrica las exportaciones hacia la nación islámica. Ese es un sello indeleble y marca notable de las maniobras de Rabbani.

Mohsen Rabbani - El suegro Mohsen M. Zadehdel - El yerno

                                                                                                        
Poderosa Guardia Revolucionaria Iraní

 

Eso mismo hizo en Argentina mientras fue residente y diplomático, entre 1983 e inicios de los 90, precisamente, hasta la sucesión de atentados que, incluso hoy, fueron considerados como “actos de guerra” contra la Argentina. Rabbani habría distribuido gabelas y sobornos a operadores locales que colaboraron en las acciones letales, con cifras que llegaron a los 10 millones de dólares. Eso se estableció en informes reservados que figurarían incluso en las presentaciones que planeaba realizar el fiscal Alberto Nisman y que, todo apunta a señalar, fueron la causa de la muerte del funcionario de la justicia austral, en enero de 2015. Siempre se ha sabido que Rabbani tiene largo brazo y abultada chequera.

La descripción anterior se apoya en datos de contexto que afirman la hipótesis inicial sobre la naturaleza del grupo que busca anidar en Bogotá con propósitos quizá muy diferentes y más allá de la simpleza comercial de superficie. Los cambios que produjo el actual gobierno iraní, moderado y encabezado por Hasan Rouhani, obligaron a un reacomodamiento de las fuerzas que pugnan en el interior del Estado, sin provocar un desplazamiento irritante y total de los sectores radicales que alentaba la anterior administración de Mahmud Ahmadineyad. En la nueva confluencia, las relaciones exteriores de la república islámica quedaron a cargo de la Guardia Revolucionaria ***  y de su visión tan excluyente como afín a las alianzas con grupos radicales, como el Hezbolá.

Esa milicia paraestatal libanesa opera, junto con efectivos de la Guardia en el Medio Oriente y en ultramar. Siria, El Líbano, Palestina, Yemen e Irak, entre otros territorios, son campo de actividades que mezclan el terrorismo con la actividad económica que permita la financiación de sus planes estratégicos. Ese es el ámbito abonado para la acción de Rabbani, aunque su espacio natural de actividad -hoy restringida a causa de la tragedia argentina- es América Latina, debido a su experiencia en la región y al dominio del idioma español. Tal conocimiento le permite saber lo vulnerables que son los funcionarios latinoamericanos a la tentación de la corrupción y en eso, el estímulo a la corrupción, el dirigente iraní sería un avezado organizador de maniobras.

Si él ya no lo puede hacer de manera directa, sí puede hacerlo a distancia y mejor aun si es con un familiar directo y cercano, en el eventual nuevo teatro de operaciones. En eso también podrían ser útiles empresas locales que no despierten sospechas para acciones financieras de triangulación, falsa, doble y sobre facturación, falsas exportaciones, lavado de dinero y conformación de cadenas de empresas ficticias a partir de las legales, que permitan la circulación de dineros por circuitos internacionales, diluyendo las identidades de los verdaderos detentadores de cifras y desviando recursos hacia las necesidades de lubricación de grupos extremistas internacionales. Eso ya se hizo en Argentina, sin olvidar que quien fue Agregado Cultural en la embajada de Buenos Aires, no alcanzó a ocupar su designación con idéntico cargo en Bogotá, previsto en los inicios de la década de los 90 y frustrado por lo ocurrido en la capital del Plata.

En la Argentina cubrió su labor bajo superficie con personajes extremistas como Luis D´Elía y Yussuf Khalil, además de la cobertura comercial y diplomática que cumplió con solvencia mientras desarrollaba su labor clandestina como alto estratega de la guerra religiosa y de facción, extendida hacia la América Latina. En ese mismo contexto no debe olvidarse que el máximo líder de los iraníes, quien está por encima de los gobernantes de circunstancia, el ayatolá Alí Jamenei, definió en una arenga de marzo pasado que el “chiísmo es el Islam verdadero” y en abril convocó a la “resistencia económica” para hacer frente a las diferentes formas de bloqueo que Occidente le impuso al islámico país paria, las cuales están más allá de los recientes acuerdos alcanzados con la comunidad internacional sobre desarrollo nuclear.   

El cuadro de situación es el apropiado para la potencial conformación de una tormenta perfecta, frente a la cual los colombianos no parecen darse por enterados y eso incluye a su gobierno. Un protagonista del legislativo del país andino y al respecto le comentó a esta agencia de prensa lo siguiente: “…el gobierno del presidente Juan Manuel Santos ha hecho demasiadas concesiones al terrorismo en su afanosa búsqueda de la paz. Esto otro es una de esas gotas que rebosaría cualquier vaso, incluso si estuviese medio vacío…”.  La referencia es hacia el permiso que se habría otorgado, o estaría en trámite, para la llegada a Bogotá de lo que en verdad sería un transnacional pelotón puntero de Rabbani (aresprensa).                                          

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* El significado del término Halal, en forma y contenido, es amplio en lo que hace a las prácticas permitidas por la fe musulmana, aunque en este caso restringido al consumo de la carne y la materia de origen animal que ha sido sometida a los rituales establecidos por la ley islámica.

** Ley islámica.

*** Véase al respecto el informe: “La Poderosa guardia islámica que define la política exterior de Irán” (Servicio Persa de la BBC – marzo 03 / 2015). 

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