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INDIEBO 2019: GENTE DE LO UNIVERSAL

PATRIMONIOS CULTURALES  //  CINE  //  Publicado el 10 de julio de 2019 //  22.00 horas, en Bogotá D.C.

 

INDIEBO 2019: GENTE DE LO UNIVERSAL

 

La aventura de  organizar un festival  de cine internacional pero “independiente” toma  mayores alientos en Bogotá y así lanza su quinta edición Indiebo, en búsqueda además de que la capital colombiana pueda mostrar como metrópoli latinoamericana, emergente aún, una adición de su oferta cultural. Oferta que ya es amplia como para ser  considerada así dado que, como señalaba  aquel pensador francés, a las ciudades no las articulan los edificios sino la visión  de mundo de sus habitantes.  No es solo eso lo que pretende esta osada empresa todavía no consolidada pero en ese camino. También se supone que tiene la rebeldía de lo independiente, así sea en el discurso, aunque no en la impugnación resuelta de lo comercial -no podría- eso sí, al menos para la galería. Estiman algunos de sus voceros que ese es uno de los estímulos. Lo cierto es que el cine latinoamericano y la producción local que crece para bien -ya los filmes colombianos  suelen irse con algo en la mano, en los grandes festivales- tienen amplia pantalla  en este festival que se lanzó el 9 de julio pero que en verdad comenzará proyección firme a partir del 11 y hasta el 21 del mes que corre.

 

Los organizadores han sido reiterativos en señalar que se aspira a vincular lo universal con la parroquia, pero olvidaron señalar que ese concepto es bastante añejo: lo lanzó León Tolstoi hace más de un siglo y lo reiteró con lenguaje académico hace unas décadas el brasileño Renato Ortiz. El vecino de habla lusitana le imprimió un nombre curioso a ese propósito: “glocalización”. Los orondos descubridores del agua tibia en la fría Bogotá no tuvieron empacho en ignorar a los autores del dialéctico criterio, pero igual se les vale. En todo caso, es bueno que ese sea el horizonte y se aspire a desparroquializar mentes con  la magia del cine, entre otros aportes que ya se hacen desde la capital andina. Una vieja canción de protesta austral llamaba alguna vez a “desalambrar” campos y es bueno que ahora la impugnación sea simbólica, a través del arte cinematográfico, y no  con formas violentas o revulsivas de las que el país anfitrión ya está harto, no obstante  de que algunos bárbaros del patio sigan haciendo de las suyas.  

Las películas que se exhibirán en este Indiebo llegan de Argentina, Perú, Chile, y también de  los Estados Unidos pues, como se sabe, en la primera potencia del mundo también existen los protestones independientes, incluidos aquellos que suponen con fina estrategia comercial que pueden desafiar los criterios comerciales de Hollywood, y los de otros festivales. Eso incluye a algunos europeos, que también dicen apartarse de las líneas que establece la industria cultural norteamericana, pero que a la larga no pueden eludir -en general tampoco quieren- las condiciones de los circuitos de salas de exhibición y los derechos que genera la producción intelectual, ademas de los nuevos escenarios que generan las fronteras tecnológicas, en este caso dentro de la estética de las artes audiovisuales. Vaya como ejemplo, el desafío que han propuesto las empresas con dispositivos de Netflix que anidan en la televisión y en el espacio virtual. Así lo dice el fenómeno  “Roma”, de Alfonso Cuarón, entre otros de igual factura.  

La independencia es relativa porque también los independientes necesitan de los otros y es natural que los emancipados de aquí reciban alegres el apoyo del Estado, y estando en esas llegó a tiempo el respaldo distrital. Eso no es pecado, incluso si el ideal negociado implica renegar en algo de la presunta autoliberación inicial, y obligue a mantener la austeridad simbólica de tal independencia. Eso de ahorrar al extremo como mandato libertario pareció que incluso abarca el hacer desaparecer el  necesario  café en la conferencia de prensa de lanzamiento. Esa que la gente de los medios debió soportar con franciscana  paciencia y a garganta seca durante casi una hora, mientras discurría la inagotable verborrea de la afable directora del festival, Paola Turbay. Pero es claro que todo eso, para nada agradable, podría pasarse por alto -podría, y por ahora- si el festival resulta de tanta calidad como promete. Por lo pronto es bueno decir que llega a la muestra una película argentina que se las trae: “El Ángel”.  

Es la historia de un joven, criminal serial, de buena familia y solvente posición económica, cuyo oficio fue el disfrute hedonista en lugares de élite con lo obtenido en continuados asesinatos y robos. El hombre hoy aún está vivo y lleva medio siglo preso. Ahora, ya anciano, pretende una libertad condicional que no le ha sido concedida. Su apostura personal, su ascendencia nórdica y sus modales refinados le facilitaban la tarea criminal. La película sobre la vida de Carlos Robledo Puch, quien fue conocido en los años 70 como “el ángel de la muerte”, fue nominada a los premios Goya de este año como Mejor película iberoamericana y participó en el pasado festival de Cannes dentro de la sección “Una Cierta mirada”.  Otra película laureada del mismo origen que llega al festival de Bogotá es “Rojo”, que ganó premio en San Sebastián con un galardón de plata a mejor director, además de alzarse con el de mejor actor, mejor dirección de fotografía y nominación a mejor película.   

No es lo único entre los platos fuertes de la filmografía regional, que se exhibirá en la urbe del altiplano. Desde Chile mojará pantalla “Los  Reyes”, un filme sobre avatares caninos, dirigido por Bettina Perut, ganador de un premio National Geographic de fotografía. El Perú envió “Mataindios”, que versa sobre creencias y ritos ancestrales de la sierra, dirigida por Óscar Sánchez Saldaña, con  sonido en lenguas española y quechua. Aunque es probable que sean los Estados Unidos los del aporte más variado en la producción fílmica a disfrutar. Llegan a Bogotá los gringos con cuatro películas de su factura y, estas sí, con aspiración de ser consideradas independientes o, en otras palabras, fuera del circuito de la gran industria. Los locales abrieron la noche de inauguración con “Monos”, la obra de Alejandro Landes que antes de su estreno oficial viene ya con premios internacionales. A esta se suman otras tres, aún no presentadas en los circuitos de salas. Los organizadores  demuestran así que son fieles exponentes de la gente de lo universal (aresprensa).

Actualizado: miércoles 10 julio 2019 22:28
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