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KUCZYNSKI, CAUTIVO DE SU PASADO

Publicado el 09 de febrero de 2018 // 18.15 horas, en Bogotá D.C.

KUCZYNSKI, CAUTIVO DE SU PASADO

La ola de consecuencias debidas a la ofensiva de corrupción ejercida en tiempos recientes en toda la región latinoamericana por la multinacional brasileña Odebrecht, golpea de nuevo y sin descanso al Perú en la cabeza de su presidente Pablo Kuczynski. El mandatario logró en enero salir del cruce que le planteó el legislativo y que le pudo costar el cargo pero no resultó indemne, pues queda marcado de manera severa con la mácula de beneficiario de la corrupción, de la misma manera como ha ocurrido con sus predecesores, Alan García, Ollanta Humala y Alejandro Toledo. El aluvión que produjo en el continente el encendido del ventilador del más alto representante de la multinacional brasileña, Marcelo Odebrecht, destapó la profunda herida a la hacienda pública y credibilidad de una gran parte de la dirigencia en los países vecinos de Brasil, mostrando en carne viva la relación del delito con la mayor degradación de costumbres en altas instancias del Estado, como parte residual de un proyecto estratégico que, sin asco, unifica la corrupción, con ideologías radicales y la pretensión del asalto a perpetuidad del poder.

Escribe: Rubén HIDALGO 

Por ahora, aquello que afecta al Perú y a su más alto exponente en el poder ejecutivo es apenas diferente a lo ocurrido, a modo de ejemplo, con las campañas presidenciales colombianas de Juan Manuel Santos y de su anterior rival Óscar Iván Zuluaga, o lo que provocó la estrepitosa caída del vicepresidente ecuatoriano Jorge Glass, en octubre del año pasado. Pero también es la misma estela con distintos protagonistas que ha golpeado a Inázio Lula da Silva, Cristina Fernández y a otros mandatarios así como altos funcionarios de distintos  gobiernos  regionales. Pocos  títeres de la corrupción serial mantienen la cabeza sobre sus hombros, pero aún no se sabe a  cuántos más marcará con su negra unción y la lista no parece cerrada en el plazo inmediato. Lo cierto es que en la circunstancia puntual el presidente Kuczynscki ha salido tan magullado  que  los discursos  pronunciados después de una tan milagrosa como sospechosa y negociada salida airosa de la “vacancia” que pudo imponerle el legislativo peruano, no parecen suficientes para recuperar su lastimado prestigio.

El apoyo negociado entre bambalinas que provocó un grupo de legisladores vinculados con el bloque fujimorista -apenas 10 de ellos- fue suficiente para asegurar la continuidad de Kuczynski al frente de su gestión que lleva apenas algo más de un año y medio, sobre cinco de mandato  constitucional. El pago del favor llegó apenas 3 días después, con el indulto de la pena impuesta al expresidente Alberto Fujimori y su salida hacia el reposo familiar, como parte además del alivio a sus dolencias de salud, de por sí delicadas no solo por las patologías que sufre sino también por lo avanzado de su edad. La fractura del fujimorismo a su unidad relativa queda compensada  por esa venia presidencial buscada con largueza y postergada por haber sido en sí misma un revulsivo político para cualquier presidente que hubiese dado ese paso. Kuczynski prefirió pagar el alto costo político sumado y asegurar, al menos por ahora, su permanencia en el cargo.  Eso no significa que el presidente peruano no vuelva a recibir los embates de la oposición por aquello que casi lo defenestra, pero ahí se mantiene por ahora y por encima de los pronósticos, aunque su futuro siga en suspenso. .       

La razón para que el presidente peruano siga en la cuerda floja, no obstante su llamado a la confianza asegurando que no defraudará a su pueblo, es el hecho sencillo y contundente de que la posibilidad de creerle es distante, si no imposible. Odebrecht le habría pagado dineros espúreos a una compañía de la cual él es -o fue- propietario mientras ostentaba el cargo de ministro de Economía del expresidente Toledo. Administración en la que fue además primer ministro. Su jefe de aquel entonces se encuentra hoy prófugo de la justicia peruana por causa de la misma línea de corrupción que hoy envuelve a Kuczinsky, o “P.P.K.”, como se hace llamar desde que lo sedujo la magia del marketing político. Él ha negado de manera reiterada las acusaciones y los brasileños también. Pero la ecuación que tiene la semilla y el chamizo de la corrupción es simple: financiación de campañas electorales o enriquecimiento personal, o ambos en asocio, a cambio de favores en la concesión de contratos por megaobras de infraestructura, a cargo de la empresa que compra el beneficio de la contratación arreglada de antemano y con nombre propio.

Una de esas obras es la carretera Interoceánica que hoy une el  Atlántico con el Pacífico, de interés estratégico para la expansión histórica o destino manifiesto de los brasileños y el incremento del comercio hasta hoy exiguo entre ambos países por esa vía. Una evocación rediviva durante los gobiernos militares de la segunda mitad del siglo pasado y que, con mayor delicadeza, el gobierno de Lula había  puesto de  nuevo sobre la mesa. Algo de por sí importante y necesario también para la región, pero que tiene demasiadas sombras en su concepción y en la misma realización, las cuales alcanzan a mantener los recelos sobre ese probable despertar de la intención geopolítica de los brasileños por asomarse al océano que tiene a sus espaldas, pero cuya  territorialidad no mojan sus aguas. La fórmula fue tan sencilla como la anterior y bajo el paraguas del Foro de São Paulo, que la puso en marcha: la corrupcion bordaría el tejido de los planes estratégicos de la izquierda latinoamericana que alcanzara el poder por el cualquier medio, en especial ahora con el voto popular y no la lucha armada.

Luego, los recursos públicos servirían como combustible de mayores aventuras para el relato salvífico a los desfavorecidos que enarbola como bandera la izquierda radical. El esquema se ensayó en Nicaragua, con los sandinistas que derribaron la dictadura de Anastasio Somoza en los años 80, y fue conocido como “la piñata”. Brasil tuvo después el músculo y el peso histórico para ensayarlo a gran escala y Lula, de la mano del Partido de los Trabajadores y de una parte de la burguesía asociada, así lo hizo. Entre esos socios “burgueses” estaba Odebrecht. La promesa de Lula y el acuerdo con empresarios y militares hicieron el resto: él no los molestaría en sus intereses y ellos lo dejarían llevar adelante su programa estratégico, que era encaminar el cierre de la brecha social interna y devolverle a Brasil su importancia y peso específico internacional. Eso es, el Brasil potencia mundial. Una proyección amplia del laboratorio del sandinismo, con un acompañamiento de Venezuela y Cuba, además de la Argentina kirchnerista.

Los demás en el esquema regional fueron marionetas que podían y debían contentarse con las muchas monedas de la corrupción, como el aceite que permitiría que los engranajes del plan macro se movieran. El hecho es que el señor Kuczynski habría quedado cautivo de esos tentáculos de largo alcance que lo habrían integrado como parte de una gran conspiración internacional de dos cabezas en la cual él, de manera consciente o no, hizo el papel de “vagón de cola”, aunque al parecer con los bolsillos plenos. La compleja trama deja mayores dudas en los pronósticos sobre su suerte futura, política y judicial. También para Colombia tiene o tuvo su parte la vocación hegemónica tradicional de Brasilia, en coyunda con el Foro de  São Paulo y la gestion de Lula. Allí aparece un programa parecido a través del proyecto de vía multimodal, entre Tumaco y la desembocadura del Amazonas, con paso por el departamento del Putumayo. Todo se sabe, aun cuando este eslabón colombiano sea conocido por muy poca gente, que por ahora no pasaría de ser una suerte de  poderosa y corrupta logia  (aresprensa).

Actualizado: viernes 09 febrero 2018 18:16
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