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LA DANZA DEL FUEGO SOBRE EL ESTRECHO DE ORMUZ

Publicado el 22 de junio de 2007/ 15.00 horas de Colombia

LA DANZA DEL FUEGO SOBRE EL ESTRECHO DE ORMUZ

El estrecho de Ormuz fue una guarida de piratas mucho tiempo antes de que el Rey Darío diese noticias de la existencia de un imperio persa. Ya en ese entonces los hombres de ese imperio, que fascinó a Alejandro Magno, aunque no lo supieran pisaban una quinta parte de las reservas de petróleo para una historia futura sobre la cual vuelven a centrarse las angustias del mundo. Esa zona, entonces,  tuvo y sigue teniendo una importancia estratégica, política y económica que es de incalculable valor para todos, en especial para los occidentales. 

Fue allá donde, se supone,  surgió el eje místico del Islam, el sufi, como forma de entrega a la Divinidad a través de la danza y el ritmo, pero sin concesiones a deformaciones hechiceras. Se ha dicho que esa vocación hacia el misticismo encierra una semilla incrustada en la visión de los musulmanes que arranca en los ritos a Zoroastro de la Persia anterior al Islam y que era ya conocida por los griegos de Alejandro. Tampoco puede echarse al olvido que fue allí donde también surgió la palabra escrita y la idea de un orden del Estado sujeto a la ley. 

 Pero es más allá del peso de su innegable tradición, como determinante de la historia,  que Irán ha  ido creciendo en importancia en el inestable y complejo panorama del Medio Oriente y su región próxima. Un  escenario, que reducido a escala y sin olvidar la aureola del sufi,  bien podría servir para poner en escena la obra de Manuel de Falla y su Danza del Fuego. Una saga con memoria de gitanos, de música heredada de los moros y de su profunda mística que está por fuera de fundamentalismos oprobiosos. Una parábola que encierra tanto a simbolismos como a contradicciones y hace más irreal la visión  del despliegue de la V Flota de los Estados Unidos en unas aguas que vieron pasar a las naves del rey persa, cuando pretendió aplastar a la Grecia clásica, la de los pensadores que dieron el tejido de conceptos sobre los  que se construyó el Occidente que conocemos.

Es sobre ese escenario de controversias de fondo, que siguen hoy con otras banderas, en el cual se agita la amenaza de conflictos más amplios y traumáticos que el que ahora se desarrolla en Irak. Por eso y en atención a una historia de choques y encuentros de civilizaciones es que puede afirmarse lo siguiente: pretender re-escribir la Historia no es tarea fácil para los déspotas de la Antigüedad o los de hoy. 

Los persas fueron derrotados en dos ocasiones por un puñado de griegos y un pequeño Estado, como lo era Atenas. Una fuerza militar desproporcionada cayó frente a los helenos en Maratón y, años más tarde en las Termópilas, destruyendo  el sueño de un tirano que se  sintió con suficiente poderío como para aspirar romper por el tallo a lo que se consideró más tarde como una avanzada y rica cuna de la Civilización Occidental. 

Irán es hoy un país subdesarrollado y el espesor de sus tradiciones y pasado imperial no es suficiente para competir por hegemonías  con sus vecinos árabes y, mucho menos, con el Occidente al que considera su enemigo natural y extremo. Los Ayatollah que lo controlan aún no han salido del agujero negro del fundamentalismo. El desafío presente de Irán, tal como lo fue en su momento el de Darío, está de espaldas a la historia. 

Está por fuera de toda racionalidad militar y tecnológica el suponer que es posible  enfrentar a la primera potencia mundial y, en eso, el mesianismo islámico es al tiempo trágico y cómico, sin dejar de ser grotesco. Si ayer Grecia opuso 300 hombres extraordinarios para derrotar a una fuerza de 250 mil persas,  hoy, el despliegue de la V Flota puede, en el plano militar, destruir en un corto plazo las instalaciones nucleares con las que Irán pretende amenazar a Occidente. Amenaza abierta o embozada para cualquier rincón del mundo, pues no debe olvidarse tampoco que Irán ha aparecido  comprometido con ataques terroristas en otros sitios del mundo. Vale recordar, por ejemplo, el perpetrado en julio de 1994 contra la sede la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), en Buenos Aires.  Una acción terrorista con implicaciones de crimen de lesa humanidad que mató a 85 personas, muchos de ellos niños. 

La retórica de los tiranuelos tercermundistas, como la de Chávez o la que utilizó Fidel Castro durante la Guerra Fría, solo sirven para poner al desnudo, el precario esquema del mundo que los fundamentalistas de toda laya  simbolizan. Los misiles soviéticos en Cuba, en la década de los años 60, permitieron poner a prueba la capacidad militar soviética, sus limitaciones y, además, las enormes fracturas que existían en el interior del poder del Soviet y de su nomenclatura. La caída de Nikita Khruschev de la cúspide  fue la derivación lógica de una crisis que debía presumirse sin retorno. El camino hacia la fragmentación definitiva de esa hegemonía  y de  su área de influencia terminó de precipitarse  con la primera piedra que cayó del muro de Berlín. 

De manera tozuda, con Irán, la historia vuelve y se repite. Esta vez el escenario no es el mare nostrum primero griego y después romano,  sino el estrecho de Ormuz que navegaron en tiempos perdidos los cultores de Zoroastro y luego atravesaron los jinetes de Alá con su pretensión también universalista que llegó hasta Indonesia y Filipinas. Las civilizaciones vuelven a encontrarse en pugnacidad y el futuro de la humanidad se dirige, tal como van las cosas, hacia a una nueva batalla de Maratón (aresprensa.com).  

ENRIQUE MILLÁN

Editor Adjunto ARES

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incalculable valor para todos en especial para los occidentales.

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