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LA RADICALIZACIÓN ESTRATÉGICA PONE EN RIESGO EL FUTURO DE LA HUMANIDAD

Publicado el 26  de noviembre de 2004 / Archivado el l9 de enero de 2005

La decisión del pueblo norteamericano en continuar apoyando las políticas del presidente Bus deja fuertes lecciones e inquietantes anuncios. La primera lección es que en el mundo, en particular allí donde hay gentes cuya vinculación con la superpotencia en guerra es más fuerte, deben en ocasiones como ésta dejar de pensar con el deseo y atenerse a una realidad de hierro: Estados Unidos está radicalizado y la vocación unilateral de atender su seguridad e intereses estratégicos está por encima de otras consideraciones y valores.

Esa misma radicalización es la que permite pensar que la elección fue un acto de contrición de quienes en ese país se recogen en los paradigmas conservadores de las tradiciones norteamericanas.

Otra enseñanza sólida a tener en cuenta  -como derivación del juego de valores- es que el fundamentalismo político, con trazas de sacralidad o sin ellas, está acompañando decisiones que tocan desde el presente el destino futuro de la especie humana. La paradoja de Occidente parece consistir en que, a contrapelo de más de 300 años de tratar de construir un conjunto cultural que pretendió instaurar una visión y una racionalidad despojada de fanatismo, ambas han comenzado a impregnarse con ese veneno contrario a la mentalidad que se gestó desde el Renacimiento.

La opción de vida democrática y abierta que tuvo en la Segunda guerra mundial lo que se creyó fue el último desafío de concepción religiosa y fanática, expresada en el Nacional socialismo y el imperio japonés, se encuentra hoy interpelada por los viejos fantasmas que, se supuso, estaban bien sepultados. Esa confrontación universal bien puede entenderse como una rebelión contra la Razón.

Pero ese fantasma ha generado sus opuestos y el discurso contra quienes pretenden desafiar lo que Occidente  ha construido desde sus pilares históricos, está cada vez más atravesado por la noción de nueva Cruzada y, en efecto, así lo entienden los protagonistas de los grupos marginales islámicos que asumen el terror como estrategia de confrontación

Para la América Latina, que llega a la coyuntura en un cruce histórico de definiciones en blanco y negro, lo que ocurrió en los Estados Unidos el 2 de noviembre también le impacta en el panorama general de unilateralismo que prioriza la seguridad propia. Esto ratifica que Colombia es la muestra notable de un ejercicio antiterrorista que tiene como blanco el accionar de los grupos armados irregulares y  su músculo económico: el narcotráfico.

Debe entonces preverse que allí la política unívoca se profundizará y que los ilegales armados seguirán autoilegitimándose acudiendo al terror por haber abandonado, bajo presión militar, a apostar a la guerra de posiciones. También cabe esperar quelos golpes imprevistos volverán a amenazar a las grandes ciudades colombianas, entre ellas Bogotá. 

Este punto clave en América del sur podría aumentar la desconfianza de Venezuela  y Brasil, aunque no sólo aumentaría la suspicacia de estos dos países limítrofes ya afectados por el conflicto de Colombia. El resto también participaría de esa aprensión  hacia la evolución de la confrontación interna del país cafetero y del apoyo especial que le prestan los Estados Unidos.  

A partir de ese eslabón también puede entenderse que se consolidarán y abrirán nuevos tratados de libre comercio, los cuales desde el frente económico cristalizarán garantías de alinderamientos posibles en la univocidad  geopolítica.

En sentido contrario, la inquietud regional se hace evidente en la posibilidad de conformación de bloques desafiantes al resurgir gobiernos de nostalgia izquierdista, resistentes al alineamiento y generadores de inestabilidad política al alentar disputas fronterizas o desconfianzas y protestas que alimentan de diferencias étnicas y fracturas sociales, tales como las que se han presentado en épocas recientes en los algunos países andinos.

El desafío podría expresarse en acciones de Estado que, de manera implícita, justifiquen o sean lábiles con el terror, como manifestación de la inconformidad política o social. La mentalidad de Occidente es refractaria al terror como salida de la rivalidad de creencias  o ideologías y eso incluye al terror de Estado (aresprensa.com).           

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