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LA VERGÜENZA DE LAS "BARRAS BRAVAS" ARGENTINAS

Publicado el 06 de agosto de 2010 / 14.10 hora de Bogotá D.C.

LA VERGÜENZA DE LAS "BARRAS BRAVAS" ARGENTINAS  

Tuvo impacto puntual como noticia en el inicio del Mundial de Sudáfrica. Luego, la indignación generalizada se apagó de manera rápida al sumergirse en el alud de noticias que generaba el desarrollo de la cita mundialista. Se trataba de la presencia de las llamadas "barras bravas" argentinas acompañando a una parte de la delegación oficial de ese país. 

Fue una escandalosa noticia que tuvo un fugaz relieve pero sirvió para poner sobre la mesa una evidencia muchas veces denunciada. Esto es: la connivencia de sectores públicos del país del Plata que debieran ser respetables y parecerlo, con grupos de reconocidos "malandros" organizados que, desde las esferas del fútbol, permean otros importantes espacios de la vida ese país sudamericano. Ninguna otra de las 32 delegaciones que asistieron al mundial sudafricano se autoseñalaron con un bochorno semejante.  

La impresentable compañía en el viaje de la delegación oficial a Sudáfrica fue cubierta de manera rápida con evasivas y distractores por las autoridades locales argentinas, pero quedó viva la sombra de la sospecha sobre el nivel de compromiso de esas autoridades de la AFA y del propio estado argentino en la vergonzosa tolerancia con esa asistencia de antisociales del fútbol al encuentro mundialista.  

No es para menos, durante varios años los gobiernos de países como la Gran Bretaña, entre otros, debieron soportar la crítica y la presión universal para impedir la presencia de sus "hooligans" en los grandes eventos deportivos, en particular los futbolísticos, con entorno de delitos que marcaban su presencia en diferentes partes del mundo.  

Los británicos pudieron poner límite a ese factor que empañaba aun más la imagen de los ingleses como nación de salvajes que arrastran desde tiempos de romanos y, en este caso, los argentinos tuvieron la mala fortuna de hacer evidente la perversa connivencia con esos grupos delictivos que surgen al parecer patrocinados en la sombra desde los mismos clubes integrantes de la AFA. Aunque se sospecha que también hay elementos operadores del actual gobierno argentino que participan de las mismas formas de complicidad con esas formaciones que se organizan como violentas patotas, institucionalizadas undergrund y de manera eficiente, para amenazar a distintos sectores sociales, entre éstos a quienes los rechazan y estarían dispuestos a denunciarlos y reclamar su acotamiento por los resortes de la justicia.  

En ese marco, las "barras bravas" argentinas son una evocación y un remanente de tiempos para olvidar de la política argentina enquistados en las costumbres del fútbol institucionalizado del país y, por ese hilo de la historia, disfrutarían de una cierta tolerancia en estamentos oficiales y del Estado. La condición no sólo es inquietante sino también, como ya se señaló vergonzosa y muestra una cierta degradación de la institucionalidad argentina en diversos órdenes: el de la organización deportiva, el de la seguridad del Estado, el del gobierno y el de la misma justicia.  

Mientras la autoridad de otros países, incluidos como se indicó aquellos que vieron el nacimiento de estas organizaciones, poco a poco ha ido disolviendo sus nexos sociales y las redes de integración de esos grupos filocriminales, en la Argentina parecen estar fortalecidas en esa posible torcida connivencia con la formalidad del país. De otra manera no podría explicarse que varios de sus miembros judicializados y en lista de la Interpol hubiesen podido abordar vuelos regulares de línea pasando los controles en el aeropuerto de origen.  

Existe al menos una demanda penal por la supuesta relación sorda y complaciente con las "barras bravas" y la bochornosa permisividad por el viaje a Sudáfrica, contra el presidente de la Asociación del Fútbol Argentina, Julio Grondona. La acción contra el máximo dirigente de la AFA la entabló una organización civil que impugna la violencia en los estadios del país sudamericano.  

Las acciones en tal sentido fueron desmentidas por la AFA pero ya era tarde y la sombra negra se alargó hasta el mismo gobierno que preside Cristina Fernández y sus redes políticas que alentarían la vigencia y presencia de al menos parte de esas patotas violentas en los estadios argentinos, con ramificaciones hacia militantes cercanos al círculo de poder del matrimonio presidencial. La memoria y los hilos históricos ya referidos recuerdan a una famosa patota armada con presunción política que ensangrentó al país argentino en la década de los años setenta: los llamados "montoneros".  

La insistencia del gobierno argentino que alentó la continuidad de Diego Maradona al frente de la selección argentina después de su estruendoso fracaso y eliminación por Alemania, afirman las suspicacias sobre la existencia de esas relaciones protervas y ominosas. Las organizaciones de "barras bravas" y de los llamados "piqueteros" que apoyan al gobierno habrían sido los artífices de la recepción de apoyo al regreso de la selección argentina goleada por los germanos en su último partido del mundial de Sudáfrica (aresprensa.com). 

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Actualizado: sábado 05 agosto 2017 09:29
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