logo_aresprensa_notas
LAS FARC INSISTEN EN MASACRAR CIVILES

Publicado el 8 de marzo de 2006 / Archivado el 27 de mayo de 2006

El Grupo armado ilegal colombiano, ilegitimado por sus propias acciones vesánicas, parece impermeable a toda racionalidad 

LAS FARC INSISTEN EN MASACRAR CIVILES 

Las FARC han incrementado su accionar violento contra la población civil en los últimos días, para  expresar su rechazo al proceso electoral de Colombia. Mediante ese procedimiento sus ideólogos  pretenden  señalarle al país donde actúan, y también al mundo, que conservan poder en sus territorios de histórica influencia y están en condiciones de ejercer sabotaje sobre las dinámicas  políticas que se anticipan a las elecciones de este mes de marzo. 

Ello a despecho del alto precio de imagen y consideración que deben pagar al seguir alejándose de las orillas de un escenario de negociación y de un sentido común mínimo entre hombres capaces de entender que existen límites en todo accionar bélico, lo cual es propio del razonar humano. Esa racionalidad incluye el respeto a las leyes elementales de la guerra y, una de ellas, es la de evitar la alevosía del ataque mortal e indiscriminado contra la población civil.  

El golpe de muerte, el asesinato llano del ciudadano indefenso, desarmado e incapaz de de escapar a la línea de fuego que contra ellos trazan sus verdugos, es en estos días una evidencia más de la capacidad de las FARC para hacer demostración de  su valor y honor de combatientes, capaces de sostener las banderas de los intereses populares que siempre dicen defender en sus comunicados  a la comunidad internacional. En una cruel ironía que sigue manchando y desmintiendo la presunción revolucionaria de sus banderas históricas,  esas bandas armadas de bárbaros sociópatas se llaman a sí mismos E.P. (ejército del pueblo). 

Los últimos hechos planeados y ejecutados por la formación ilegal  contranatura  (enfrentada incluso a su propia suposición de que defiende a los más débiles) ha sido la emboscada  a un vehículo de transporte público que transitaba en una zona rural del sur del país y el asesinato consecuente de una parte de sus pasajeros, incluidos los niños a bordo. Pocas horas después, en una zona urbana también del sur colombiano, otra operación aleve contra concejales municipales, quienes iniciaban una sesión de trabajo comunal, elevó la macabra cifra de muertes civiles a casi dos decenas en menos de una semana. 

A la carnicería señalada debe sumarse el estallido de una residencia bomba que incrementó el número de inocentes inmolados y más niños entre ellos, en San Vicente del Caguán, villa principal de la antigua zona desmilitarizada que los armados ilegítimos ocuparon durante las negociaciones de paz con el expresidente Andrés Pastrana. Un castigo irracional al poblado al que han castigado con las armas una docena de veces en los últimos cuatro años y que les sirvió de escenario para sus devaneos de más tres años con la ilusión de paz de los colombianos. 

Si de esa manera le pagan a quienes los acogieron y soportaron con la esperanza de un silencio en las armas, no es posible esperar  que le devuelvan algo diferente a los villorrios que los armados por fuera de la ley  han requerido despejados de fuerza militar para efectuar un presunto “intercambio humanitario”. 

Así, las FARC renuevan su manifestación empírica -no verbal- de no estar interesadas en gestos de paz por fuera del mercadeo de seres humanos que proponen con sus rehenes, y a cualquier expectativa de negociación que las obligue a renunciar a sus propósitos de copar en forma completa a la institucionalidad del país, vía desestabilización e intimidación. En efecto, para la organización criminal la negociación debe servir para acumular fuerzas, distraer al Estado que los confronta y a la sociedad que los rechaza, y volver luego a la carga. En ese margen debe colocarse, incluso,  la oferta sin contraprestación de entrega de dos policías secuestrados.  

Es por eso que su resistencia a una racionalidad de paz, que incluye la salvaguarda al derecho internacional humanitario, no deja otra alternativa que una profundización y extensión de la acción coercitiva de la fuerza armada colombiana para doblegarlos con el peso de la ley. Vale decir: hacerles entender que se debe negociar para la paz y no para prolongar la guerra. 

No debe olvidarse que las condiciones en las que se encuentran  los secuestrados – ya son varios miles- que están en poder de las FARC en sus selváticos campos de concentración no solo recuerdan a la barbarie del nacionalsocialismo alemán sino que, además, rememoran el Nacht und Nebel  (noche y niebla) que los alemanes le aplicaban por decreto a sus rehenes, entre 1941 y 1945.  

Esa política que aplicó la Wehrmacht desconocía toda forma de derecho humano a sus cautivos y velaba todo conocimiento externo sobre su sitio de cautiverio, su estado de salud y toda forma de comunicación familiar o con el mundo exterior. Los convertidos en objetos humanos por sus victimarios simplemente desaparecían en la penumbra del olvido provocado y la crueldad de sus captores. Nada más adecuado para perfilar la mentalidad de estos señores de la guerra colombiana, que la  cercanía con sus raíces totalitarias y nazifascistas.  

Fue precisamente la práctica de éstas, entre otras atrocidades,  la que promovió, después de la contienda mundial, la  creación de la actual estructura internacional de los derechos humanos, el derecho internacional humanitario y, vale precisarlo, las condiciones generales para la condena a los criminales de guerra, las cuales, tarde o temprano caerán sobre la cabeza de los dirigentes de las FARC.  

Tal cuadro de situación, que pone a la organización criminal en el inventario de lo que Borges llamó la  historia universal de la infamia,  produce asco y exige una movilización generalizada y permanente de repulsa contra estos sujetos armados y sus círculos de apoyo en el mundo, cómplices y partícipes también de su miseria moral. Nada diferencia a las FARC, en su vesania, de su colegas bárbaros de las denominadas “autodefensas” colombianas –hoy en proceso de desmovilización- en su vocación torva por el faenamiento humano, dirigido contra la civilidad indefensa. 

Movilización que debe disolver la presunción de un cierto síndrome de Estocolmo que parecen estar sufriendo algunos influyentes  sectores sociales colombianos, pues hacen público énfasis sobre el poco éxito para el rescate de los cautivos por parte del Estado colombiano, mientras hacen menos evidente que el verdadero responsable de la barbarie  es el tenebroso grupo FARC. 

EL EDITOR 

0.0
Actualizado: -/-
Articulos relacionados: DESPUÉS DE LAS FARC MALQUERIDOS POR LAS FARC EL PAPA Y LAS FARC UN NEGOCIO DORADO PARA LAS FARC INSISTEN EN "FILIPINIZAR" A PUERTO RICO LAS FISURAS EN EL MANDO DE LAS FARC EN GESTACIÓN EL NUEVO STALINGRADO DE LAS FARC ASCO Y DESPRECIO HACIA LAS FARC

Visitas acumuladas para esta nota: 1916

¡SÍGANOS Y COMENTE!